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Entrevista:MESSI | Delantero del Barça | Fútbol | El gran clásico

"No imagino los partidos ni pienso las jugadas, sale lo que sale"

El pelo mojado y largo cae por encima de su rostro, que le delata: es un chaval. Y como tal viste: una camiseta verde, unos tejanos y unas zapatillas deportivas. Camina por el palco del Camp Nou sonriente y tan tímido que sólo mira al suelo. Pasa Motta y le grita: "¡Pibe! ¡Esperáme, no te vayás sin mí!". Y Lionel Messi (Santa Fe, Argentina; 1987), le dice que sí, que vale, y le sonríe pícaramente. Lejos del campo, Messi no se parece en nada al diavolo, como le bautizó Fabio Capello hace dos años, cuando le descubrió desde el banquillo del Juventus durante el Trofeo Gamper, en el Camp Nou. Pero es Messi, el mismo que ya jugó con Argentina un Mundial, el de Alemania, marcando un gol; ése que juega de titular en el Barça, al que llegó con 12 años; el que vuelve hoy al Bernabéu, donde recibió su bautismo entre los grandes la pasada temporada. Si hoy juega, si lo quiere, Frank Rijkaard hará feliz a la pulga. Está por ver porque ya lleva dos partidos consecutivos como titular y al técnico le gusta rotar.

"Quien da patadas... que las dé. Siempre lo entendí así: cogía la pelota y jugaba, ésa era mi defensa. Además, en una pelada no te puedes quejar"

"Ante el Madrid, pienso en que será un lindo partido, en que ya le ganamos el curso pasado, en que Capello le ha dado su estilo, en que me den la pelota"

Pregunta. ¿No le da vértigo ir tan deprisa?

Respuesta. Estoy contento por todo lo que voy viviendo. Mi vida es linda y muy cómoda aquí, en Barcelona. Estoy viviendo lo que soñé. Quiero decir que mi sueño era estar donde estoy. No esperaba que fuera tan rápido.

P. ¿Repetiría el camino iniciado cuando se fue de Argentina a los 12 años?

R. Sí, seguro; yo, sí. Los comienzos fueron muy duros. Dejé mucho y empecé una vida nueva. Era un niño, pero era mi oportunidad. A mi familia se lo debo. Fui yo quien les pidió que me dejaran venir. No sé si yo le dejaría hacer lo mismo a mi hijo. Es complicado. Me apoyaron y estoy agradecido a los viejos, a mis hermanos... Sin ellos, no estaría aquí.

P. Dice su padre que sólo le veía feliz con el balón.

R. Sí; de bien chiquito, sólo quería la pelota. No me gustaban nada los dibujitos por la tele ni los juguetes. Sólo el balón y salir a jugar. Siempre quise esto. Cuando juego, soy feliz, disfruto. Siempre fue así. No sé si sabría hacer otra cosa. Tenía tres años y ya jugaba con una pelota casi más alta que yo y con pibes mayores. Mis hermanos me llamaban pulguita. Luego, lo sacó un periodista y... se quedó.

P. ¿Ya le daban patadas?

R. Sí. ¡Y qué patadas! No me acordaba, pero estuve viendo vídeos de chico y... ¡qué patadas! Los campos eran feos, de tierra, con piedras. Ahí aprendí a competir, a disfrutar, a amar el fútbol...

P. ¿Nunca ha pasado miedo por el marcaje de un defensa?

R. Nunca. El campo es para disfrutar y jugar. Quien da patadas... que las dé. Yo siempre lo entendí así: cogía la pelota y jugaba, ésa era mi defensa. Además, en una pelada [una pachanga] no te puedes quejar de las patadas; en Argentina, nunca. He jugado en algunos campos que era mejor no quejarse, ¡qué tipos!

P. ¿Es consciente de que es muy bueno, de su gran talento?

R. Tengo la sensación de que hago lo que me gusta y estoy agradecido a Dios por darme este don. Él me lo dio y yo trato de disfrutar con él. Y, cuando juegas con Ronaldinho, Deco, Xavi..., es muy fácil. Pero no sé si soy bueno o malo o muy bueno.

P. Pero, en su caso, siempre estuvo claro que llegaría, ¿no?

R. No sé... Fue cuando tuve a Guillermo Hoyos como técnico cuando lo vi cerca. Estábamos en Japón, en la pretemporada, y empujó para que me saltara una categoría. Ese año jugué en tres: Juvenil A y Barça C y B. Terminé en el primer equipo, en Oporto.

P. Poco después apareció en un trofeo Gamper y la lio. ¿Recuerda lo que dijo de usted Fabio Capello?

R. Sí, fue lindo escuchar sus palabras. Me llamó diavolo. Tengo poco de diablo. Recuerdo con cariño aquella noche porque había un lío con los papeles, no podía empezar la Liga y todo me salió bien. La afición me recibió con cariño... Después de tantos años jugando con esa camiseta, ver que la gente te quiere tanto como yo al club te deja bien.

P. ¿Quién es el defensa que mejor le ha marcado? ¿Qué tal le fue con Roberto Carlos?

R. No sé... Supongo que lo hizo bien. Recuerdo al último, a Cole, el miércoles, en Londres. Roberto Carlos es un grandioso jugador, muy ofensivo. Trata de que estés pendiente de él. Es su manera de defender. Larga mucho arriba, al ataque. Si juego, trataré de que esté más pendiente él de mí que al revés. Cole también es muy rápido, pero subió poco y me tapó bien. Esperaba siempre el regate para taparme la salida.

P. A usted no le paró ni una máscara protectora en la cara...

R. Sí, fue en la final de la Copa juvenil. Tenía algo roto y me dieron una máscara que había usado Puyol. A él no debió de molestarle, pero yo toqué la primera pelota, miré al suelo y no vi nada. Fui al banquillo y la tiré.

P. Usted siempre sale del regate por su izquierda, por dentro.

R. Sí, es que soy zurdo. He mejorado con la derecha porque practico en los entrenamientos, pero soy zurdo y los regates te salen, no los piensas. Me salen más por dentro que por fuera.

P. ¿Estudia a sus rivales?

R. No. A unos les conoces y a otros no. No estudio a nadie.

P. ¿Y trabaja los regates durante la semana?

R. Nunca. Agarro la pelota y salen. Así, en un momento. No imagino los partidos ni pienso las jugadas. Sale lo que sale en el momento, cuando tengo la pelota. Tampoco soy de los que sueñan en cómo marcar un gol. Nunca. Ahora juego más en las bandas y tengo menos ocasiones. Pero nunca metí muchos goles.

P. De cabeza, poquitos...

R.¡Tan pocos! No recuerdo el último, la verdad. Alguno hubo.

P. ¿Le costó adaptarse a la banda derecha?

R. Al principio, no me gustaba nada. Hasta que entendí por qué Rijkaard me quería allí me daba bronca. Pero lo pasaba peor cuando me dejaba fuera, claro. Ahora sé que el míster lo hacía por mi bien. Todo.

P. ¿Incluido no jugar la final de París?

R. Sí. Ahora entiendo que era lo mejor, que lo que me decía Rijkaard era lo acertado. El míster siempre me pide paciencia en el campo y fuera. Sabe lo que dice. Antes de París hablé con Ronie [Ronaldinho], Deco, Silvio [Sylvinho], los compañeros también me dijeron que pensara en el Mundial... Ahora lo entiendo, claro. Jugaremos otra final y ahí estaré.

P. ¿Es lo peor que le ha pasado en su carrera o perder en Berlín contra Alemania?

R. El Mundial me dejó alegría y tristeza. Jugué y marqué, pero en Berlín tanto yo como los compañeros que estábamos en el banco queríamos salir y ayudar. Fue una frustración, pero lo más duro fue ver tantas lágrimas en el vestuario después. Lo peor que me ha pasado fue la lesión, de largo.

P. Vuelve al Bernabéu. ¿En qué piensa?

R. En que será un lindo partido, en que ya ganamos el curso pasado, en que Capello ha dado su estilo a un nuevo equipo que sigue teniendo muy buenos jugadores, en que me den la pelota.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de octubre de 2006