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Reportaje:

El mecánico de los 'txistus'

José Gancedo aplica sus conocimientos de maestría industrial para conseguir las mejores flautas de pico vascas

Vitoria
JOSÉ GANCEDO fabrica en un discreto taller de la localidad alavesa de Amurrio los mejores txistus que se pueden encontrar hoy en día en las tiendas de música. Su dedicación comenzó casi por una apuesta y continuó empujada por la tenacidad de este maestro industrial nacido hace 82 años en el barrio bilbaíno de Zorrotza y que mantiene con un empeño sorprendente gracias a una serie de máquinas que él mismo ha creado. En la tarea se afana también su hijo José María, músico, cuya colaboración ha resultado imprescindible a la hora de abordar las innovaciones técnicas que han llevado a Gancedo a fabricar por primera vez unos txistus que no desafinen.

Efectivamente, los txistus de José Gancedo no desafinan. Ha sido una larga travesía de 39 años que vivió sus primeros momentos desasosegantes cuando los txistus que empezaba a fabricar no sonaban. "Yo no sé tocar. Se los entregaba a mi hijo, que entonces tenía 14 años, y él me decía que no sonaban, y yo empecinado: 'cómo va a ser, si son exactamente iguales al que te trajo Arcadio de la Torre'. Que no, aita, que no tocan". Tres meses tardó Gancedo en descubrir qué es lo que pasaba: un pequeño error a la altura de la lengüeta que no permitía pasar el aire correctamente.

El tal Arcardio de la Torre era en aquel 1967 el director de la Banda de Música de Amurrio, la localidad en la que José (Pepe para todo el que le conoce) Gancedo reside desde que tenía dos años. De la Torre es el culpable de que un mecánico, profesor de maestría industrial, dedicara su tiempo libre a fabricar txistus. "Le compré un txistu a mi hijo José Mari cuando tenía 14 años y tardaron en hacerlo ocho meses", recuerda. Se lo había encargado al mismo De la Torre y, cuando se lo entregó, Gancedo le dijo: "Si para hacer un txistu se tiran un año, va a haber que empezar a fabricar txistus". "Entonces", continúa su relato el actual fabricante, "De la Torre me dijo: 'sólo faltaría que fueras capaz de hacer txistus'. Me picó el amor propio y ahí empecé".

Por supuesto, Gancedo no le iba a hacer una de estas flautas de pico a su hijo, que ya tenía uno. "Yo le iba a demostrar al director de la Banda de Amurrio que era capaz de hacer un txistu. Y sin saber tocarlo, para mayor dificultad", enfatiza. Y se puso manos a la obra, controlando todo el proceso de fabricación. "Para eso soy mecánico", aclara orgulloso. Lo cierto es que hasta entonces los fabricantes de este popular instrumento mandaban tornear la madera de boj o ébano. Eran más músicos que artesanos.

En una ocasión, en aquellos primeros años, pasó por casa de Isidro Antsorena, en San Sebastián, para que le probase unos txistus que le habían encargado allí. "Antsorena los fabricaba a mano, pero enviaba la madera a tornear porque no tenía maquinaria. Y los torneros se quedaban con el corazón del ébano, la parte más dura, y a él le daban las cañas, más débiles, que se abrían a la primera de cambio", rememora. "Era consciente de que le estaban engañando, pero no podía hacer otra cosa".

Gancedo tuvo claro desde el principio que iba a controlar todo el proceso, algo inédito hasta entonces en el mundo de un instrumento que empezaba a salir de un letargo en el que había estado más vinculado al folklore que a la música culta. Así, empezó a diseñar sus propias maquinas al mismo tiempo que investigaba sobre materiales. "Yo he hecho cigüeñales de motor de coche, he sido mecánico durante años y luego profesor de maestría industrial en el Instituto de Amurrio. La dificultad no era el proceso de fabricación, sino conseguir la calidad en el instrumento".

Para empezar, el material. "Se empleaba el boj, en madera, o la ebonita, una goma sintética, pero nosotros los hemos desechado. Preferimos el granadillo como soporte natural y el ABS, dentro de los plásticos". Gancedo recuerda cómo él y su hijo José María, quien participa también en la fabricación de los instrumentos, abandonaron la ebonita, material que se utilizaba para las flautas más modestas. "Es una pasta de goma virgen que tiene un alto contenido en minerales, lo que obligaba a afilar las cuchillas del torno cada poco tiempo; era como querer cortar una piedra con un cuchillo".

También dejaron el ébano. "Los mejores fabricantes de clarinetes utilizan el granadillo", comenta mientras sujeta un taco de esta madera que procede de las costas orientales de África. Pesa más que el plomo y es de un color oscuro, casi negro. Una vez torneada y tallada la pieza, aunque todavía queden muchos pasos para concluir el instrumento, la apariencia es otra.

"La madera es lo más importante, sin duda, pero con el ABS también tuvimos que trabajar en la selección. Hay que tener en cuenta que hay infinidad de plásticos: sólo de ABS el mercado ofrece 20 variedades", y la diferencia entre uno y otro es notable.

También quitaron el corcho que se utilizaba en las uniones, eliminaron al mínimo el número de anillas metálicas que rodean el tubo,... Las innovaciones en Pepe Gancedo se presentan como la marca de la casa. Ha fabricado txistus en todas las maderas y hasta tiene uno en metacrilato. "Queríamos ver cómo pasaba el humo de un txistulari fumando, un divertimento", comenta. "Pero sonar no suena", precisa su hijo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 3 de septiembre de 2006