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Muere Glenn Ford, símbolo de la edad de oro de Hollywood

El actor fallece a los 90 años después de una prolífica carrera que arrancó en los años cuarenta

Algunos recordarán a Glenn Ford por la bofetada que le asestó a Rita Hayworth en Gilda. Para otros quedará inmortalizado como el recio y lacónico hombre a caballo de westerns inolvidables como Cimarrón o Day of the evil gun. Para sus compañeros de profesión "era uno de los grandes", como se subrayó en el homenaje que recibió el pasado 1 de mayo con motivo de su noventa cumpleaños. El actor estadounidense falleció el miércoles en su casa de Beverly Hills, la misma en la que había residido desde 1965, cuando en la cumbre de su éxito pudo gastarse medio millón de dólares en una de las mansiones más ostentosas de la época.

Su verdadero nombre era Gwullyn Samuel Newton Ford y había nacido en Quebec (Canadá), en una familia de patricios. Era sobrino de Sir John MacDonald, ex presidente de Canadá, y entre sus antecesores figuraba Martin Van Buren, octavo presidente de EE UU. Con siete años se mudó junto a su familia a California. Pronto empezó a interesarse por el teatro, algo que a su padre, ejecutivo de una empresa ferroviaria, no le importó, aunque le dio un consejo: "No me importa que te hagas actor pero aprende alguna otra cosa, arreglar coches, construir casas. Así siempre tendrás algo más".

Ford, que ya se había cambiado el nombre a Glenn, se tomó en serio el consejo y durante sus inicios alternó su trabajo de intérprete con el de instalación de aires acondicionados o fontanería. En 1937 protagonizó un corto musical, Night in Manhattan. Un año después debutó sin apenas éxito en Broadway y en 1939 conseguía su primer papel en el cine en la película Heaven with a barber wired fence. El director de aquel filme, Ricardo Cortez, le dijo que nunca llegaría a nada.

Tras conseguir un contrato con Columbia Pictures, hizo varias películas de serie B y después de servir en la II Guerra Mundial, comenzó su carrera ascendente. Humphrey Bogart le dio sin saberlo su primera gran oportunidad. El papel de Johnny Farrell en Gilda se lo ofrecieron originalmente a él pero lo rechazó alegando que con Rita Hayworth al lado el protagonista masculino quedaría anulado. Sin embargo, aquella película catapultó a Ford, del que la revista Variety llegó a decir: "Es mucho mejor actor de lo que permitiría la trama". En los cuarenta también fue el antagonista de Bette Davis en A stolen life y dio vida al pionero de la aviación John Montgomery en Gallant Journey.

Las décadas de los cincuenta y sesenta fueron sus más productivas y exitosas y en ellas dejó sentir su predilección por el western, un género de pocas palabras que le sentaba bien. "No tienes que saber inglés para entenderlos. Además, en las películas en general se habla demasiado", dijo en una entrevista. En los setenta se dedicó a las series de televisión. Uno de sus últimos papeles en el cine fue el de padre de Superman en el primer filme de la saga en 1978.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de septiembre de 2006