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Crítica:CINE

Magnífico debut

Una chispa aparentemente banal es capaz de incendiar una vida. Y esa vida en llamas se extenderá hasta otra serie de existencias que, de este modo, por culpa de una fatalidad, de una sacudida del destino, de una impertinencia de la voluntad apenas reflexionada, quedarán unidas de forma inclemente. Con la base puesta en esta idea, el debutante Jorge Sánchez-Cabezudo ha compuesto en La noche de los girasoles uno de los mejores guiones del cine español de los últimos años. Y lo ha dirigido con una mezcla de rabia y pulcritud poco común. Cabezudo nos habla de la insolencia del destino, pero no sólo de ello. En un trabajadísimo libreto, reflexiona sobre el choque entre campo y ciudad; sobre la corrupción moral y económica más básica; sobre el amor alimentado únicamente por el miedo a la soledad; sobre el tedio que gangrena los pueblos; sobre el odio ancestral entre vecinos nacido tras uno de esos chispazos.

LA NOCHE DE LOS GIRASOLES

Dirección: Jorge Sánchez-Cabezudo. Intérpretes: Carmelo Gómez, Vicente Romero, Celso Bugallo, Manuel Morón. Género: thriller social. España, 2006. Duración: 123 minutos.

En la línea de algunos de los grandes filmes de los setenta, aguerridos, apasionados y apasionantes, La noche de los girasoles explota como el Dustin Hoffman de Perros de paja (Sam Peckinpah, 1971), atrapado entre su porte confiado y el salvajismo que le rodea. Un choque, el del aparente civilizado que traspasa la línea ante la fiereza de sus competidores, en el que también coincide en variados puntos con Deliverance (John Boorman, 1972), entre ellos la violación y la venganza. En tono de thriller de corte social, La noche de los girasoles es un magnífico aguijonazo, de una violencia tan seca como inesperada, interpretado con la convicción de las grandes obras.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de agosto de 2006