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Entrevista:MANUEL OÑORBE | Director general de Salud Pública

"Los inmigrantes no las traen; se contagian aquí"

Sarampión, paperas, varicela... enfermedades que se creían extinguidas reaparecen con fuerza en España. Las causas son, por un lado, que una parte de la población española ha dejado de vacunarse de forma voluntaria de las enfermedades "de toda la vida" y, por otro, la creciente llegada de la población emigrante que tampoco se ha inmunizado. Los expertos insisten en que los inmigrantes no son en absoluto la fuente. Son las víctimas del virus que está aquí, insisten. Los virus se aprovechan de que llegan nuevos huéspedes que no han sido inmunizados, locales o extranjeros. Además, las malas condiciones de vida (hacinamiento, pobreza) ayudan a que prosperen las infecciones.

"Se me ha cansado la boca de decir que los inmigrantes no nos traen enfermedades; se contagian aquí". El director general de Salud Pública, Manuel Oñorbe, quiere dejar claro desde el principio que, si algunas enfermedades rebrotan, no es culpa de los extranjeros que llegan a España.

Pregunta. ¿Cómo explica entonces el rebrote de algunas enfermedades que creíamos erradicadas?

Respuesta. Hay varios factores. El primero, que la triple vacuna, la que actúa contra las paperas, la rubeola y el sarampión, no se generalizó hasta 1986. Hay una generación, que va desde los que tienen entre 22 y 23 años ahora y los que tienen 35 años, que no se vacunó y que tampoco estuvo en contacto con el virus. Muchos de ellos son ahora personal sanitario, y hay que intensificar las campañas de vacunación entre ellos. Lo que pasa es que no es lo mismo vacunar a un niño que a un adulto.

P. ¿Y qué papel juegan los extranjeros?

R. Lo que puede pasar es que sean susceptibles, sobre todo si vienen de países en los que no hay una política de vacunaciones tan completa como en España. Entonces, si uno se infecta, puede transmitir la información a otros. En general, podemos decir que cogen la enfermedad aquí, no la traen. Pero hay que tener mucho cuidado con esto. Por ejemplo, los últimos brotes de sarampión comenzaron en personas del este de Europa y del Reino Unido. En este país y Alemania la vacunación no es obligatoria, y el trasiego de gente hace que los virus viajen más.

P. En otros países hay grupos que se niegan a que sus hijos sean vacunados. ¿Han jugado algún papel en la extensión de enfermedades en España?

R. Toda la vida ha habido grupos antivacunas. No lo hacen por razones ecologistas y naturistas, pero en España no son importantes. Su idea es no introducir antígenos artificialmente en el cuerpo de sus hijos, y dejar que éstos lleguen de una manera natural. Claro que se benefician de lo que llamamos la inmunidad del rebaño: los niños que están a su alrededor vacunados impiden que llegue el virus a sus hijos. Esto funciona en casi todos los casos, menos el tétanos, por ejemplo. De hecho, ninguna vacuna es efectiva al 100%, pero basta que lo sea al 90% para lograr que el agente infeccioso no circule.

P. ¿Qué se puede hacer para frenar el repunte?

R. Con los extranjeros, lo que hay que hacer es, en cuanto llegan a España, poner al día su cartilla de vacunas, sobre todo de los niños y de los mayores que no hayan sido inmunizados. También hay que hacer barridos entre la población que no se ha vacunado (los de esa franja de edad entre los 20 y los 35 años). Y hay que vigilar cualquier brote para impedir que se extienda. Luego hay enfermedades, como la varicela, que también aumenta, pero que no es vacunable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de junio de 2006