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El riesgo prima

En el último mes hemos asistido a fuertes caídas de las principales bolsas internacionales. Destacan por su virulencia los descensos en los mercados emergentes, como es el caso de Turquía y de India, con caídas del 22% y del 25%, respectivamente, desde los máximos recientes. Pero también otros mercados desarrollados, como es el caso del japonés, han sufrido recortes muy significativos: un 8% en tan sólo un mes. En España, el índice Ibex ha registrado un descenso del 9% desde su máximo del mes anterior.

Nadie habla por el momento de un crash bursátil internacional, probablemente porque las recientes caídas habían venido precedidas por subidas similares en un periodo de tiempo relativamente corto. Las denominaciones de "ajuste" o "corrección" parecen más adecuadas. Pero, asumiendo que las bolsas descuentas expectativas, ¿qué es lo que realmente se ha "ajustado"? Las previsiones macroeconómicas no han sufrido grandes variaciones en los últimos meses. Tampoco lo han hecho las previsiones de beneficios empresariales de las principales economías. Ni siquiera los tipos de interés son ahora sustancialmente más altos de lo que lo eran hace uno o dos meses, aunque es verdad que en estos momentos los principales bancos centrales del mundo están en fase de subida de tipos de referencia. Donde se ha notado un aumento espectacular ha sido en los índices de volatilidad.

Las previsiones macroeconómicas no han sufrido grandes variaciones en los últimos meses. Ni los de beneficios empresariales

Hace unos tres meses, el Banco de Japón anunció una modificación sustancial en su política monetaria, que hasta ese momento venía caracterizándose por proporcionar grandes cantidades de liquidez al sistema. Se sumaba así a la Fed estadounidense y al BCE en sus políticas monetarias más restrictivas. Diversos analistas anticiparon que la coincidencia en el sesgo de las políticas monetarias de los principales bloques económicos del mundo probablemente no tendrían impactos macroeconómicos en el corto plazo, pero sí en los mercados de activos financieros, favoreciendo un aumento en la prima de riesgo que incorporaban y que, aproximada por los índices de volatilidad implícita, estaban en mínimos históricos.

Parece que eso es lo que ha ocurrido. Si este análisis es cierto, la buena noticia sería que un ajuste de la prima por riesgo, y no de expectativas de crecimiento de beneficios o de tipos de interés, tendría un alcance en tiempo y magnitud más moderado.

Enrique Sánchez del Villar y Daniel Suárez son profesores de la Escuela de Finanzas Aplicadas (Grupo Analistas).

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 17 de junio de 2006.

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