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El Ártico pierde 300.000 kilómetros cuadrados de hielo en sólo un año

Un estudio por satélite calcula que en 2070 no habrá cubierta sólida flotante en verano

Los científicos dicen que el océano Ártico es al clima lo que el canario a la mina: conviene ver cómo le va, porque es extremadamente sensible a los cambios de temperatura. Y le va mal. En marzo de 2006 los satélites de la NASA han medido 300.000 kilómetros menos de hielo que en 2005 (el 60% de España). La pérdida de hielo, sostenida desde que en 1979 comenzaron las mediciones, no hace más que acelerarse, y la previsión moderada dice que en 2070 no habrá hielo flotante en verano. La pesimista habla de 2030, algo que permitiría abrir nuevas rutas comerciales por el mar.

En marzo de 1979, los satélites constataron una superficie helada de 16,5 millones de kilómetros cuadrados de hielo (32 veces España) en el Ártico. En 2005 había 14,8 millones y este marzo, 14,5 millones. El mínimo de este año supone un 12% menos que en 1979 y un 2% menos que en 2005. Los satélites miden el hielo flotante, no el que hay sobre Groenlandia o en los países que tocan el Círculo Polar Ártico.

"Tenemos los ojos como platos. En marzo de 2006 hemos visto 300.000 kilómetros menos de hielo flotante que en marzo de 2005. Es el peor dato desde que en 1979 comenzamos las mediciones con satélite, pero es que se está acelerando cada año", explica a EL PAÍS Mark Serreze, del centro nacional para el estudio del hielo de EE UU, situado en la Universidad de Colorado.

El hielo en el Ártico varía con la temporada. En verano se funde parte, en septiembre se alcanza el mínimo, con el invierno comienza a crecer hasta que en marzo llega al máximo y a partir de ahí comienza a descender en un nuevo ciclo.

Círculo vicioso

"Hasta ahora veíamos descensos acusados en septiembre pero luego parecía recuperarse", añade Serreze. Ya no. Los científicos creen que el Ártico ha entrado en un círculo vicioso e imparable y de una lógica aplastante: al fundirse el hielo en verano aumenta la superficie de agua; esta agua es oscura y absorbe más radiación solar que el hielo, que refleja gran parte; al absorber más radiación se calienta más el Ártico y se funde más hielo, con lo que aumenta la superficie de agua capaz de absorber la radiación y así hasta el infinito.

Por eso las previsiones se quedan antiguas cada año. "En septiembre dimos un ritmo de deshielo del 8% cada década, pero es posible que tengamos que revisarla al alza", explica Serreze.

Serreze explica que las previsiones actuales calculaban que el Ártico podía quedar libre de hielo en verano a partir de 2070, pero matiza: "Hay nuevos estudios que señalan que puede producirse antes, incluso en 2030. La diferencia está en que unos cálculos utilizan el calentamiento de la atmósfera y otros también el impacto del calentamiento de los océanos, y parece que eso puede aumentar la velocidad de deshielo".

Este deshielo casi completo abre enormes posibilidades, como nuevas rutas marítimas o explotar nuevas bolsas de petróleo y gas hasta ahora inalcanzables.

Efecto invernadero

Todas las zonas del planeta sufren variaciones del clima de forma natural pero, según Serreze, el caso del Ártico apunta al calentamiento global inducido por la emisión de gases de efecto invernadero. Estos gases, principalmente el dióxido de carbono que se produce al quemar combustibles fósiles como el petróleo, se acumulan en la atmósfera y dificultan la salida del calor que emite la Tierra en forma de radiación.

"El Ecuador y los Trópicos son los emisores de calor de la Tierra. El Ártico es el sumidero. Al alterarlos, alteramos todo el clima", añade el investigador. El Ártico es la zona en la que más aumentos de temperatura se están registrando, con temperaturas en 2005 más de 2,5 grados superiores a la media. Este deshielo no afecta al nivel del mar. Al igual que al fundirse un cubito, el agua no rebosa el vaso.

El aumento del nivel del mar se produce si sube la temperatura del agua, que se expande, o si se funde hielo de los glaciares porque no está en contacto con el mar. En ese caso, la preocupación es Groenlandia, con una superficie helada como México. Allí, la pérdida de hielo ha pasado de 50 kilómetros cúbicos por año en 1996 a 150 kilómetros cúbicos anuales en 2005, 150 veces el derogado trasvase del Ebro. Casi nada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de mayo de 2006