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Un hombre confiesa que asesinó y descuartizó a su ex esposa

Las extremidades de la víctima aparecieron en el río Duero

Eugenio Rodríguez, de 53 años, se presentó ayer por la mañana en una comisaría de Valladolid y confesó haber matado a su ex esposa, descuartizarla después y tirar sus restos, metidos en bolsas, al río Duero. Los miembros habían sido hallados la semana pasada. La mujer se llamaba Benita del Valle, tenía 49 años y vivía aún en la misma casa que su ex marido, en el barrio de los Pajarillos de Valladolid.

El 1 de marzo, Del Valle desapareció tras decirles a sus cuatro hijos que iba al juzgado y a una entrevista de trabajo. Hace menos de una semana, el jueves 4 de mayo, un campesino de Villanueva de Duero, una localidad cercana a Tordesillas, en la provincia de Valladolid, hallaba un brazo de una mujer envuelto en plástico en la ribera del río. Un hallazgo inquietante, después de que en abril, otro vecino encontrase a escasos kilómetros del mismo lugar una cabeza en avanzado estado de descomposición.

Dos días después, el sábado 6, el río Duero, a su paso por Tordesillas, devolvía una cabeza y dos piernas, rescatadas por la Guardia Civil. Los miembros tenían, como el brazo, un corte limpio, realizado, según presumen los investigadores, con una radial. Las piernas se hallaban dentro de una bolsa de deportes. La cabeza estaba metida en un saco de tela de una marca de cerámica local. Tenía cabellos rubios y un piercing en la nariz. Dos detalles que concordaban con la melena de Benita, profesora de baile de salón y voluntaria en un centro cívico de Valladolid, y también con el piercing que se había practicado el último año.

Ayer, después de que la prensa señalase las coincidencias y publicara la foto de Benita, su ex marido se entregó. Según fuentes cercanas al caso, relató a la policía que había discutido con su esposa, que le dio un arrebato y que le había agarrado del cuello. Dijo que su siguiente recuerdo fue ver a su mujer muerta. Después, la descuartizó y tiró sus restos al río. Pasados los primeros días desde la desaparición de su madre, los hijos, que llamaban insistentemente a los dos teléfonos móviles de la mujer, decidieron buscarla a través de la Red, ya que ella usaba el ordenador para chatear, según una fuente próxima a la familia. Ellos y sus amigos pusieron un anuncio en un portal local, y también montaron una cadena de correos electrónicos con el anuncio. Hasta se organizaron para empapelar la ciudad y los pueblos cercanos con el retrato de Benita.

En lo que va de año al menos 28 mujeres han muerto a manos de su pareja o ex pareja.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de mayo de 2006