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Entrevista:JUANA T. BETANCOR | Experta en Bioética | El debate de la eutanasia

"La clandestinidad sólo aumenta el sufrimiento"

LAS PREGUNTASDos expertos opinan sobre la legalización de la eutanasia: Juana Teresa Betancor, experta en Bioética y ex vicepresidenta de la Federación Mundial de Asociaciones pro Derecho a Morir, y Antonio Pardo, profesor de Humanidades Biomédicas en la Universidad de Navarra. Éstas son las preguntas: 1. ¿Cuántos casos como el de Jorge León hay en España, sin que el Estado ofrezca soluciones? 2. ¿Razones para legalizar o mantener la prohibición? 3. ¿Qué motivos principales frenan la legalización? 4. ¿Por qué sólo se discute sobre este asunto cuando aparecen casos como el actual?

1. Obviamente, no existen cifras oficiales de un hecho clandestino. Se considera eutanasia la ayuda a morir a un tercero a petición de éste y a causa de sus sufrimientos. Las encuestas se centran más en la actitud de los médicos y de la población. Por ejemplo, la realizada por la OCU en el año 2000 señala que un 65% de los médicos y un 85% de las enfermeras reconocen haber recibido alguna petición de eutanasia. La del CIS de 2002 indica que un 7,8% de médicos han recibido la petición de un fármaco letal de algún paciente para acabar él mismo con su vida.

2. Primera razón: acabar de una vez con la clandestinidad de un hecho del que no se conoce más que cuando algún caso sale en los medios de comunicación. La clandestinidad sólo lleva a aumentar el sufrimiento. En contra de lo que dicen los que se oponen a la legalización, el peligro de abusos es mucho mayor en la clandestinidad. Si se establecen controles legales rigurosos, como se ha hecho en Holanda y Bélgica, ese peligro se minimiza. España es actualmente un país europeo avanzado en derechos individuales: tenemos leyes para que los homosexuales puedan regularizar su situación civil, que permiten la investigación controlada con células madre, para proteger a la mujer maltratada..., ¿por qué se deja de lado al enfermo que ya no puede aguantar sus sufrimientos y que no tiene voz social ni puede tenerla debido a su estado? La lucha de Ramón Sampedro debe ser una excepción. Nadie tiene por qué realizar semejante esfuerzo, además de aguantar sus padecimientos.

3. Resulta un tema incómodo. El Gobierno ha de enfrentarse a la Iglesia católica, que ni debiera meterse porque su campo de trabajo en una sociedad laica debiera ser exclusivamente la conciencia de sus feligreses. Se deja pasar la marea: cuando los medios de comunicación se callan, se acaba la historia, y hasta la próxima. Los moribundos no votan. Y el colectivo médico, especialmente quienes tratan a enfermos irreversibles y terminales, debiera manifestarse libremente. Cuando comparecí ante la Comisión de la Eutanasia en el Senado en 1999 pregunté qué ocurriría si un médico manifestase haber llevado a cabo una eutanasia. Se me contestó que el caso pasaría a un juez. En esas condiciones, ¿qué médico se atreve a decirlo?

4. Desgraciadamente, no sólo en España: ha ocurrido también en el Reino Unido y en otros países. Hay un goteo de casos y luego el silencio. El Gobierno de Rodríguez Zapatero no ha querido dar prioridad a esta cuestión. Ha acudido a muchos frentes difíciles de derechos individuales y ha salido airoso. Debería volver a formar una comisión, seria y sin trabas. Cuenta con una herramienta de trabajo nueva e inédita en España: el Informe sobre la eutanasia y el auxilio al suicidio realizado por el Comité Consultivo de Bioética de Catalunya en diciembre de 2005. Un grupo de expertos cualificados, codirigidos por la catedrática Victoria Camps y el doctor Rogeli Armengol, ha hecho un trabajo magnífico y plantea una interesante propuesta de legalización. Que piensen que más del 70% de los españoles apoya la legalización. Quizá hasta el PP se lo piense.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 10 de mayo de 2006