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APUNTES

Magisterio, la carrera más deseada

La titulación encabeza año tras año las demandas de los preuniversitarios

Si el dato de las carreras que los jóvenes quieren estudiar sirve para tomarle el pulso a una sociedad, el de la valenciana indica lo siguiente: Los chavales se inclinan por ser maestros, médicos y empresarios. Por ese orden, en este curso y en varios de los anteriores.

El reinado de Magisterio se sostiene sólidamente sobre Infantil, una especialidad que abarca la educación de 0 a 6 años. El verano pasado la eligieron como primera opción 1.611 de los estudiantes que realizaron las pruebas de acceso a la universidad.

¿De dónde proviene el éxito de Magisterio Infantil? El director de la Escuela Universitaria Ausiàs March (Universitat de València), Valentín Gavidia, enumera: Se trata de una carrera corta (3 años) que proporciona una capacitación profesional directa; permite seguir los estudios en otras titulaciones -Pedagogía y Psicopedagogía en primer lugar, y muchas más a través de cursos puente-; y abre la puerta a unas oposiciones específicas. O lo que es lo mismo: ofrece la promesa de "un trabajo fijo y estable, algo muy apreciado en una época de precariedad laboral".

Solo el 53% de los titulados trabaja en su campo laboral a los 18 meses de acabar

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Las alumnas -las mujeres suponen nada menos que el 95% del alumnado de Infantil en Valencia- responden en los mismos términos: "Lo que nos preocupa es acabar y tener un trabajo estable, como a todo el mundo", dice Paqui Fenoll, de 23 años, "y no se puede negar que la carrera atrae también por la cantidad de vacaciones".

Hay todavía un rasgo que mencionan el director de la Escuela y las estudiantes. Gavidia lo explica así: "El maestro trabaja con personas. No con plantas, ni con números, ni con ladrillos. Y el contacto con las personas suele ser más atractivo que el que se ocupa de entes más abstractos". Las alumnas hablan de vocación. Después de años de estudio, a diferencia de otros colegas, las universitarias de Magisterio saben perfectamente y de primera mano a qué se van a dedicar. Pilar Cuadra, de 22 años, sitúa el origen de su vocación en una profesora de Filosofía, en Bachiller, empeñada en hacerles "pensar, entender las cosas".

No es raro oír al colectivo del profesorado lamentarse por el bajo reconocimiento social que tiene su profesión. Y a pesar de ello, un informe dado a conocer la semana pasada por el BBVA revelaba que los maestros son el tercer grupo profesional en el que más confían los españoles, al que valoran con 6,9 puntos sobre 10. Ello los sitúa cerca del colectivo que más confianza despierta (el de los científicos, con un 7,3) y a más de un punto de ventaja sobre el cuarto grupo, el de los comerciantes, que obtiene un 5,7.

Tampoco es extraño ver estadísticas que advierten del alto índice de depresión que acecha a los docentes. Pero aquí parece existir una frontera que separa a los maestros de Infantil y Primaria de los profesores de Secundaria. La segunda trinchera, admite Gavidia, es mucho más cruenta. La causa, opina el director, de que por ejemplo el 72% de los profesores de instituto de la Comunidad de Madrid corran el riesgo de caer en una depresión, está relacionada con la insuficiente dotación económica que ha acompañado a reformas educativas ambiciosas, como la de la LOGSE, que amplió por arriba la educación obligatoria (de 14 a 16 años).

La edad de los futuros alumnos es clave a la hora de elegir la carrera. María Ángeles García, de 31 años, por poner un caso, estudiante de Magisterio Infantil y trabajadora en comedores escolares reconoce que ni se plantea dar clases a mayores de 12 años.

Cada año más de 1.600 preuniversitarios marcan la casilla de Infantil, y más de 3.700 alguna de las siete especialidades de Magisterio para estudiar en la Universitat de València -incluye la extensión de Ontinyent-, en la de Alicante o en la Jaume I de Castellón. Cada año casi dos terceras partes de ellos se quedan fuera (ingresa un máximo de 1.350).

La pregunta es: ¿Hay trabajo para todos? Los datos de inserción laboral no son espectaculares. Los de la Escuela de Magisterio Ausiàs March -que pueden extrapolarse a los de las otras dos universidades públicas valencianas- revelan que el 53% de los titulados trabaja en algo relacionado con sus estudios un año y medio después de haber acabado la carrera. El porcentaje no comprende sólo el oficio de maestro, sino también empleos en bibliotecas y en centros de la tercera edad. Las convocatorias de oposiciones escasean y lo normal es que los titulados preparen simultáneamente las de otras comunidades autónomas, especialmente Baleares.

Ser un buen docente no es fácil. Cuadra, Fenoll y García lo saben por experiencia: "Hay que saber de todo, ser paciente, flexible, hacerles pensar por ellos mismos... Lo más complicado es que te respeten pero que a la vez confíen en ti".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 2 de mayo de 2006