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Reportaje:

El declive del 'oro del Atlántico'

Una muestra revisa en el Aquarium donostiarra la historia de la pesca industrial del bacalao hasta el colapso de Terranova

La pesca industrial del bacalao vivió su época de esplendor en los años sesenta. Dice la antropóloga Rosa García-Orellán que entonces 70 barcos viajaban cada campaña desde el Cantábrico al caladero de Terranova. Hoy, sólo cuatro naves de la zona se dedican a esta pesquería y además en aguas noruegas, tras la clausura del banco canadiense en 1992 por el colapso de la especie. "Fue la crónica de una muerte anunciada", afirma. Una historia que ahora revisa el Aquarium donostiarra con Rumbo al gran banco de Terranova, una exposición de mapas, fotografías y textos explicativos en castellano, inglés y francés.

La muestra es una prolongación de Hombres de Terranova. La pesca del bacalao 1924-2004, un libro etno-antropológico escrito por García- Orellán y Joseba Beobide. Arranca en 1927 en el puerto de Pasaia y se hace eco de algunos hitos históricos del siglo XX, como la Guerra Civil Española o la Segunda Guerra Mundial, que tuvieron evidentes repercusiones en el sector. Porque los países salidos de esta última contienda decidieron invertir en pesca industrial. "Los barcos daban trabajo a la gente de tierra y proporcionaban alimento en una época de hambre y escasez", dice García-Orellán.

"La concurrencia de flotas tras la II Guerra Mundial fue el principio del fin de la pesquería"

Terranova se convirtió así en objetivo de los pescadores a partir de los cincuenta. "Pero la gran concurrencia de flotas en estos grandes bancos supuso el principio del fin de esta actividad", afirma García-Orellán. El oro del Atlántico -así se conocía en la época al bacalao- comenzó a resentirse entonces, aunque la industria vivió sus años de esplendor una década después, cuando se creó en Vigo -sucesor de Pasaia- la infraestructura necesaria para el congelado del bacalao y se abrieron pesquerías en Suráfrica y América.

De nada sirvió que en 1977 se declararan las 200 millas territoriales. En 1992 tuvo que decretarse el cierre de la pesquería por el colapso de la especie. "Hoy por hoy el bacalao no tiene visos de recuperarse en estos bancos, según los biólogos", dice García-Orellán, también comisaria de la muestra.

Los políticos tuvieron, a su juicio, una responsabilidad primordial en este colapso que dejó sin trabajo a 35.000 personas. Sobre todo, los canadienses. "Se sabía cuál era la situación y no se hizo nada. Se siguió pescando fuera de las 200 millas. Entre unos y otros acabaron con el bacalao".

La muestra, que viajará a Portugal, Francia y Canadá, ilustra toda esta historia a partir de la información que obtuvo hace unos años García-Orellán por boca de 300 marineros, capitanes, armadores y políticos en un exhaustivo trabajo de campo transnacional. Y lo hace fundamentalmente con fotografías y textos explicativos. Pero también pueden verse en el Aquarium viejos anuncios que animaban al consumo del bacalao, libros sobre esta especie o un decómetro para captar señales de localización desde tierra. La exposición se completará con dos conferencias: La pesca industrial en Terranova, miras del pasado y desafíos de futuro, que pronunciará la propia comisaria el 27 de abril, y Un viaje histórico por la pesca del bacalao, a cargo de Lorenzo Motos, biólogo del Instituto Azti el 25.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de abril de 2006