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Cartas al director

Análisis sí, pero rigor también

En una sociedad saturada de información, los medios de comunicación afrontan el reto de trascender la función tradicional de informar y, en consecuencia, deben incorporar nuevos elementos a su producto final. El periódico EL PAÍS ha hecho una clara apuesta para adaptarse a los tiempos que corren tratando temas en profundidad (como hace con la educación cada lunes) e incorporando secciones que cuentan con un carácter más analítico. La reciente apertura de la sección "Investigación y Análisis" es un buen indicio de este giro.

No obstante, los lectores habituales de EL PAÍS agradeceríamos que el contenido de esta nueva sección contara con el rigor esperado. ¿Por qué digo esto? En el último monográfico de la sección "Investigación y Análisis", dedicado al "nuevo régimen de Venezuela", su autor, Norman Gall, realizó un trabajo en el que más que analizar opinó, y en el que más que investigar arrojó un conjunto de datos descontextualizados de los que no acostumbraba a citar la fuente. Su objetivo no era otro que el de criticar visceralmente las políticas del actual Gobierno venezolano y, sobre todo, sus políticas energéticas.

Pero nada de esto es casual. Aquellos que conocemos la trayectoria académica y profesional de Norman Gall sabemos que no es la persona más adecuada para analizar con rigor científico el proceso que se vive actualmente en Venezuela. No sólo porque Gall es un "latinoamericanista" nacido en Nueva York que interpreta determinados fenómenos acaecidos en el continente desde una perspectiva académica calificable de neocolonial. Sino porque Gall ha trabajado durante años como consultor de Exxon, petrolera norteamericana que a raíz de sus discrepancias con la política fiscal y de nacionalización de los recursos naturales de Venezuela ha ido perdiendo contratos en este país (véase "Venezuela retira a la petrolera Exxon un proyecto de 2.500 millones" EL PAÍS, 8 de febrero de 2006).

Seguramente, Exxon, otras transnacionales petroleras y el mismo Gall preferirían una coyuntura en Latinoamérica como la de los noventa, cuando podían extraer recursos energéticos con mayor impunidad fiscal y medioambiental. Pero estas preferencias, aunque sólo sea por respeto a los lectores, no deberían enmascararse ni de investigación ni de análisis. Es más, "Investigación y Análisis" haría bien en no caer en el error de convertirse en un espacio para vendettas personales ni corporativas.

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