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Crítica:

Tan joven, tan maduro

Escucha uno al pianista noruego Leif-Ove Andsnes la Sonata número 19 en do menor, de Schubert, y, como poco, se queda ensimismado. Qué madurez de concepto, qué limpieza del fraseo, qué nitidez del sonido y, sobre todo, qué vitalidad tan natural. El pianista nació en 1970. El grado de equilibrio que poseen sus versiones es pasmoso. Ya lo demostró en sus visitas anteriores de 2001 y 2003 a estos ciclos y anteayer lo volvió a confirmar. Un fresco Schumann, un milagroso Schubert, un transparente Sorensen (autor danés cuya obra Sombras del silencio se estrenó en el Carnegie Hall de Nueva York en 2005 y supuso anteayer una delicia en sus manos) y un poderoso Beethoven, nada menos que de la Sonata número 31, opus 110.

11º Ciclo de Grandes Intérpretes

Leif-Ove Andsnes. Obras de Schumann, Schubert, Sorensen y Beethoven. Organizado por la Fundación Scherzo y patrocinado por EL PAÍS. Auditorio Nacional. Madrid, 21 de marzo.

Leif-Ove Andsnes es uno de los pianistas más completos de la generación que aún no ha cumplido los 40. Elabora los programas con mucho detalle y se desenvuelve en ellos con la misma precisión y alegría tanto si toca una obra de nuestro tiempo como si aborda los clásicos más erizados de dificultades. Ni siquiera los fantasmas de las toses le desconcentraron. Porque, especialmente en la sonata de Beethoven, estallaron en la sala airadas toses emitidas sin ninguna contención o caramelitos de sonidos interminables.

Es un tema que se repite y que este comentarista no acaba de comprender. Con un pianista semejante, con una interpretación como la que se estaba viviendo, toser de la manera que algún espectador lo hizo es sencillamente de juzgado de guardia por falta absoluta de respeto a los compañeros de butaca. No hay derecho, de verdad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 23 de marzo de 2006