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Crítica:

Un bello retorno

Destrozada por una ruptura matrimonial que pone su vida patas arriba, la novelista Leo Macías (Marisa Paredes) regresa, en La flor de mi secreto, al pueblo manchego de su infancia. Lo hace en busca de la paz, de las certezas del pasado, de los rituales simples de la vida cotidiana. Y encuentra algo parecido a la tranquilidad: el pasado sigue allí, el orden secular de un universo en el que las mujeres dictan ley y son el temple y la fortaleza que explica la continuidad de la vida. Varios filmes y muchos reconocimientos internacionales después, Pedro Almodóvar vuelve a colocar a sus personajes (no sólo a uno, sino a dos, y hermanas, para más datos) en una tesitura análoga: el regreso al pueblo, a los sabores primordiales, a la vida ordenada. Pero ya no existe la posibilidad de la paz, entre otras razones, porque el pasado viaja, y cómo, en el corazón de esos mismos personajes, en sus secretos, en sus silencios: en las razones que explican lo que son.

VOLVER

Dirección: Pedro Almodóvar. Intérpretes: Penélope Cruz, Carmen Maura, Blanca Portillo, Lola Dueñas, Yohana Cobo, Chus Lampreave. Género: drama. España, 2006. Duración: 122 minutos.

Regreso, pues, a ese peculiar universo femenino, a ese aire de women's picture (aquí aderezado con algún recordatorio al gran cine italiano y a las divas de los cincuenta: la referencia a Anna Magnani y a Bellísima, la inmortal película de Luchino Visconti, es algo más que un guiño; es todo un puente que conecta dos sensibilidades de madre, dos mujeres luchando contra todo por sacar adelante a sus hijas), que es una de sus marcas del autor Almodóvar, Volver supone para el espectador también otras cosas. Por ejemplo, el retorno a un universo ficcional construido prioritariamente desde el sentimiento y desde una sensibilidad rotunda y fortísima, tanto como para pasar limpiamente por encima de alguna debilidad menor de la función (como la naturaleza del conflicto principal, que se adivina pronto), hasta terminar convirtiendo el filme en un bello canto a las raíces, sí, pero también en un emocionante homenaje a la fuerza y al valor de las mujeres, de unas mujeres que pelean a brazo partido contra las inclemencias de la vida... que es como decir, también, del patriarcado y de ciertas siniestras pervivencias de traumas ancestrales que se arrastran toda la vida.

Pero también el puntual retorno a una ficción construida desde la inteligencia y desde el más libérrimo trabajo con las referencias genéricas que, como en ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, otra película con la que comparte más de un aspecto, pasan del film noir a la comedia, para desembocar en el melodrama y hasta, y es uno de los momentos más impactantes de una película que tiene muchos otros, ese remanso musical en el que Penélope Cruz se enseñorea del registro sonoro de Estrella Morente para cantar una de las más bellas versiones que este cronista recuerda del tango que da título y sentido al filme.

Trabajo primoroso de repliegue hacia el Almodóvar más recóndito y personal, Volver no sería lo que es sin el trabajo brillante de todas las actrices, y especialmente de Cruz y Maura, inmensas en sus golosos, extraordinarios personajes. Y no sería de recibo concluir estas líneas sin recordar que Blanca Portillo, una intérprete que está viviendo el mejor momento de su interesante carrera, compone magistralmente un personaje de mujer de pueblo de esas que no se engañan para poder seguir viviendo; una mujer de carne, dolor y huesos; un ser solidario, inmenso, imprescindible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 17 de marzo de 2006