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Reportaje:FIN DE SEMANA

Una villa medieval junto al Tormes

El turismo redescubre el pasado de Bonilla de la Sierra (Ávila)

Su castillo-palacio fue residencia de monarcas y obispos durante la Edad Media. La historia y el arte de aquella época se respiran aún en un pueblo que hoy no llega a los 200 habitantes.

La villa episcopal más importante de la provincia abulense durante la alta Edad Media, por la que pasearon los séquitos de reyes y obispos, se desvanece entre la desmemoria de sus piedras centenarias. Con un censo de unos 190 habitantes, de los que más de un tercio disfruta ya de su jubilación, el pueblo de Bonilla de la Sierra se ha quedado como uno de los de menor tamaño y población de las tierras de Ávila de los Caballeros.

El paso del tiempo ha roído la grandeza de la que disfrutó esta pequeña urbe medieval, mientras los abuelos, sentados en la solana de la iglesia, observan atentos las idas y venidas de los turistas y curiosos que patean el empedrado de sus calles. Un naciente turismo rural está devolviendo la vida a este pequeño pueblo, que ya cuenta con algunas casas rurales rehabilitadas para el hospedaje, como la Casa del Sacristán, el Lavadero y la Casa de María.

La Bona Villa que nombraron en los inicios sus fundadores está cuajada de referencias históricas a la presencia de muchos representantes del clero durante varios siglos. La torre del castillo-palacio, que aún es posible admirar, fue residencia habitual de sucesivos obispos de Ávila, además de aposentos reales en las ocasiones en las que los monarcas aparecían por estos lares.

Al mismo tiempo que el clero católico cobijaba sus mitras bajo estos palios, el Señorío de Bonilla, formado por doce villas y aldeas, se convertía en una de las comarcas más prósperas de la ribera del Tormes. El rey Juan II de Castilla autorizó a los judíos dispensas para realizar importantes negocios comerciales, que, unido a la convivencia pacífica entre las tres culturas asentadas, dio alas a la buena marcha de la región. El arte y la historia alumbran cada rincón de la villa, y la prosperidad se denota en sus casas, calles y plazas.

Judíos expulsados

Entre 1478 y 1483 se establece el tribunal de la Inquisición, cuya actuación se centró principalmente en la represión del judaísmo; los sefardíes son expulsados de sus pueblos y aldeas natales, lo que afectó a la sociedad civil representada por comerciantes, mercaderes y artesanos. De aquellos años sólo quedan los restos de las murallas medievales que rodeaban la urbe, la ostentosa iglesia parroquial del siglo XV y buena parte de lo que fuera residencia obispal, el castillo-palacio del siglo XIII. Las calles y casas de piedra que albergaron el bullicio de tanta gente venida de todas partes se encuentran ahora sumidas en el silencio que produce el olvido. Los pináculos adornados de bolas abulenses que coronan la iglesia, el escudo del obispado, la capilla de los Chaves o el crucero gótico en la parte baja de la plaza porticada quedan como testigos mudos de la historia de un pueblo. Ni el bello puente románico de Chuy se ha librado de la indiferencia; las zarzas y las salgueras crecidas en la ribera del arroyo se han comido hoy las piedras que antaño daban la entrada a la villa señorial desde el Norte.

Los alrededores del pueblo permiten paseos por las antiguas posesiones del valle del Corneja, en busca de sus manantiales medicinales, como el de Villafranca, el pilón de Piedrahíta o las fuentes de la Mirona y la Morita.

GUÍA PRÁCTICA

Dormir- Casa del Sacristán y Casa de María (www.bonillarural.com; 920 36 27 35). Casas rurales para seis y diez personas. Fin de semana, 220 y 395 euros.- El Lavadero (920 36 25 19). Casas rurales para dos, seis y diez personas, entre 56 y 215 la noche, según temporada y casa.- La Trocha de Hoyorredondo (920 20 93 26). La Carrera, 88. Hoyorredondo. Habitación doble, entre 60 y 80 euros.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 11 de febrero de 2006

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