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Reportaje:

Nueva Orleans, promesas incumplidas

El retraso en la reconstrucción deja ante una situación desesperada a miles de personas evacuadas por el Katrina

Primero disparó a su novia, luego a su hijo de cuatro años y finalmente se voló la cabeza de un tiro. Jerome Slim Rome Spears vio cómo su vida se deshacía en el agua tras el huracán Katrina. Con una hija recién nacida, un pequeño de cuatro años autista, su prometida -Rachel Harris- sin trabajo y su carrera musical varada sin esperanza, Spears decidió poner punto final a su vida y a la de su familia.

Desplazado en Atlanta tras perder su casa de Nueva Orleans, Spears llamó la semana pasada a una tía para comunicarle que había matado a su novia. Cuando la policía irrumpió en el apartamento alquilado de Spears, de 28 años, ex veterano de las fuerzas aéreas, ahora dedicado a la música hip-hop, encontró a Harris sin vida en el suelo con un disparo en la cabeza. A su lado, el pequeño de cuatro años estaba herido en la cabeza, atado a su silla, pero con vida. La niña de cinco meses dormía intacta plácidamente en su cuna. Spears yacía muerto en su cama, con una pistola del calibre 25 en la mano. No había nota alguna, según informó la policía y recogen los periódicos locales.

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Los expertos aseguran que es difícil trazar la línea que une el suicidio con la desesperación provocada en mucha gente tras la tragedia del Katrina. Pero para el forense jefe de Nueva Orleans, Frank Minyard, está más que claro que la angustia causada por los devastadores efectos del huracán es "una receta para el suicidio". Son personas que han perdido sus hogares, sus trabajos y en algunos casos a sus seres queridos. En el último mes han sido varios los suicidios reportados a la policía entre los evacuados de Nueva Orleans por el Katrina.

Poco más de cinco meses después de que el 29 de agosto el Katrina borrase del mapa la costa del golfo, muchas de las promesas hechas por el Gobierno de Estados Unidos permanecen incumplidas. La burocracia y las disputas por las competencias de poder son la causa principal. Cuando el presidente, George W. Bush, se dirija hoy al país en el discurso sobre el estado de la Unión tendrá que dar algunas explicaciones. Nueva Orleans sigue esperando respuestas. Los esfuerzos en la reconstrucción son casi imperceptibles en las calles de la ciudad, aún con toneladas de basura por recoger. Desplazadas en otros Estados, cientos de miles de personas tienen sus vidas pendientes de un hilo. Esperan una decisión del Gobierno. Un plan que les devuelva a sus hogares. Pero ese plan no se acaba de dibujar, y la nueva temporada de huracanes está a cuatro meses vista.

En Washington no se llega a un acuerdo con el Estado de Luisiana sobre cómo reconstruir la ciudad, cómo pagar esa reconstrucción e incluso quién la dirigirá. Mientras se reconstruyen los diques que se reventaron tras un mal diseño, son muchos los residentes que no se atreven a volver porque temen que se repita la catástrofe. "Volverá a pasar", asegura Tanna Williamson sobre las ruinas de su casa en el Bajo Barrio Nueve, el sector mayoritariamente de residentes negros, más depauperado y abandonado de la ciudad ya antes del Katrina. "No volveré", confirmaba Williamson mientras tomaba fotos de los restos de su hogar. Cerca de 200.000 hogares están destruidos. Del medio millón que habitaba el área metropolitana de Nueva Orleans, apenas 60.000 personas han retornado. Los desaparecidos siguen contándose por miles. Y los muertos se acercan ya a los 1.400. Entre esos muertos no se cuenta a Ryan Peter Ruiz. Ruiz se quitó la vida cinco días después de Navidad en un barrio de Dallas, donde llegó evacuado. Antes disparó a su esposa y a su hijo de 14 años.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de enero de 2006