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Reportaje:

Cómo resucitar el milagro alemán

Merkel presenta un paquete de medidas para que la economía del país vuelva a crecer

La nueva canciller alemana, Angela Merkel, quiere volver a colocar a su país -cuyo Producto Interior Bruto (PIB) constituye el 29% de la zona euro- entre los tres primeros de Europa en términos de crecimiento económico. Para ello, tiene una larga lista de problemas que resolver, de los que los más acuciantes son el déficit, el paro y la sostenibilidad del Estado del Bienestar. Cuando se cumplen dos meses de su toma de posesión al frente del Gobierno de gran coalición entre democristianos y socialdemócratas, Merkel ya ha cogido el toro por los cuernos y ha puesto en camino una serie de reformas destinadas a darle la vuelta a la moneda.

El Gobierno ha diseñado dos paquetes de medidas, destinados a reformar el sistema fiscal y a aumentar la inversión en I+D

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De los 82 millones de habitantes que tiene Alemania, 20 millones están jubilados y casi ocho millones y medio reciben subsidio de desempleo o ayuda social. Si restamos a los niños y los enfermos, ¿cuántos ciudadanos quedan para mantener el Estado de Bienestar alemán? La Agencia Federal de Empleo da una respuesta desesperanzadora en su estadística mensual de diciembre: sólo 26,6 millones de alemanes tienen un empleo que cotiza a la Seguridad Social. Pocos hombros para tan pesada carga.

La promesa central de Angela Merkel para esta legislatura es reducir el paro, hoy situado en el 11,1%. Sólo en 2005, y según estimaciones del diario Frankfurter Allgemeine Zeitung, las principales empresas alemanas anunciaron el recorte de 105.000 empleos. Mientras, se crean pocos puestos de trabajo nuevos, la mayoría en precario, que no ayudan a mantener el dilatado aparato estatal. El problema no está en vías de solución, sino que se agravará cada vez más, pues no nacen suficientes niños para mantener las pensiones en el futuro, sobre todo si los alemanes siguen como hasta ahora, jubilándose antes de los 60.

Esta situación se traduce en un déficit presupuestario que, año tras año y desde 2002, incumple la norma de Maastricht de no superar el 3%, y en una deuda pública que se acerca al billón y medio de euros y crece a razón de 1.714 euros por segundo. El bajo crecimiento, que apenas ha superado el 1% en los últimos cinco años, impide que se frene esta carrera. Alemania, como el resto de Europa, se enfrenta al reto de la globalización: países con menor nivel de vida producen mucho más barato, lo que lleva a gran parte de las empresas a deslocalizar su producción para recortar sus costes. La respuesta de Angela Merkel a este fenómeno es clara: si no podemos evitar que se lleven el empleo no cualificado, mantengamos el cualificado, así que concentrémonos en la investigación; invirtamos en cerebros.

Dos paquetes de medidas ha forjado el Gobierno de Merkel en estos dos meses. El primero, que entró en vigor el 1 de enero, estaba destinado a reformar el sistema fiscal, eliminando exenciones fiscales para ayudar a sanear el presupuesto. El contribuyente alemán ya no podrá desgravar lo que gasta en asesoramiento fiscal, un servicio del que se sirven muchos ciudadanos ante la jungla de regulaciones que constituye el sistema fiscal alemán. Tampoco recibirán los que compren o construyan su vivienda habitual una ayuda del Estado que, repartida en ocho años, aliviaba hasta ahora la carga con hasta 22.800 euros.

Despidos y bajas

Tampoco están ya libres de impuestos las indemnizaciones por despido o por baja voluntaria, las primas por boda o paternidad, y se limita la posibilidad de compensar con otras ganancias las pérdidas de ciertos fondos de inversión que apoyaban la industria cinematográfica o la naviera. Sólo esta última limitación reportará al presupuesto 550 millones de euros ya este año y hasta 2.140 millones en 2008. El paquete se completa con ajustes en la política laboral del anterior Gobierno, destinados a combatir mejor el desempleo y el fomento de las infraestructuras en el Este del país. El ministro de Finanzas, Peer Steinbrück espera ingresar, gracias a este paquete, sumas que ascenderán cada año hasta 17.000 millones de euros en 2009, en concepto de impuestos.

El segundo empujón legislativo lo dio el gabinete en una clausura intensiva de dos días en el palacio de Genshagen, cerca de Berlín, a comienzos de la semana pasada. Allí se acordó que el Estado central dedicará 25.000 millones -la inversión de otras administraciones aumentará esta suma hasta 37.000 millones- a sentar las bases para el futuro y reactivar la economía para amortiguar los temidos efectos de la subida del IVA del 16% al 19% el próximo enero.

En cuanto al futuro, el Gobierno prevé que aumente la inversión en Investigación y Desarrollo (I+D) en 18.000 millones de euros a lo largo de los próximos cuatro años y se compromete a contribuir con un tercio, mientras que los otros 12.000 millones procederán de la industria. El objetivo es que la inversión en I+D alcance un 3% del PIB en 2010.

Inversión de futuro es también la mejora de la oferta de guarderías y el sueldo sustitutivo que se pagará durante un año a las madres o padres de niños que nazcan a partir de 2007 que renuncien temporalmente a su empleo para cuidar a los hijos. Estos padres recibirán el 67% de su último salario neto hasta un máximo de 1.800 euros mensuales. La idea es tratar de evitar que las mujeres altamente cualificadas tengan que renunciar al mercado laboral por cuidar a los hijos.

Para reactivar la economía, Merkel propone también inyectar 4.300 millones de euros adicionales en infraestructuras de tráfico, dedicar 9.400 millones a ayudas a las pyme para la inversión y el saneamiento energético de edificios y a exenciones fiscales para aumentar su liquidez. Para impulsar el concepto del hogar como empresa, se podrán desgravar los servicios que estos contraten, ya sea de cuidado de niños o ancianos como las reformas de la vivienda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de enero de 2006