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Confianza moderada

El vicecanciller y ministro de Trabajo socialdemócrata, Franz Müntefering, lo dejó bien claro la semana pasada: "Hemos decidido por unanimidad que Alemania llegará a la final del Mundial, por lo menos", declaró cuando se disponía a anunciar las conclusiones de la clausura que reunió al gabinete en Genshagen. Aunque Müntefering sólo quiso hacer un chiste, algunos economistas ya hablan del efecto positivo que puede tener sobre el estado de ánimo alemán una buena actuación de su selección nacional de fútbol.

Y es que parte del problema de la economía alemana radica en el pesimismo de sus consumidores. Los alemanes no gastan por miedo al desempleo y a la incertidumbre sobre su jubilación. Mientras que en los últimos cuatro años la facturación del comercio minorista no dejó de reducirse -por debajo de los niveles que registraba a comienzos de los noventa-, el índice de ahorro aumenta sin cesar. Sin embargo, la confianza de los alemanes en sí mismos parece que empieza a revivir, alentada por el nuevo Gobierno, que de momento se muestra más entregado a la acción que el anterior. A este mayor optimismo contribuyen las revisiones al alza de las previsiones de crecimiento económico que han llevado a cabo casi todos los institutos de investigación económica y bancos para augurar entre un 1,7% y un 1,8% para este año. El Gobierno, más cauto, basa su planificación en un 1,4%.

Parece ser que la confianza de los consumidores también aumenta, aunque ésta no se traduce aún en cifras: el comercio minorista cerró la temporada navideña con un +/-0%, o sea, con la misma facturación que el año pasado. Que la evolución no haya sido negativa es motivo de satisfacción. Muchos esperan que el Mundial levante un poco el comercio pero, según cálculos de la asociación de comerciantes, esto sólo supondrá un 0,6% de la facturación anual del sector. Quienes esperan que la subida del IVA del 16% al 19% a comienzos de 2007 anime a los consumidores a realizar compras importantes en el segundo semestre de este año olvidan que la depresión del consumo no se debe a la carestía de los productos sino a una falta de confianza en el futuro que el IVA no va a devolver sino a socavar aún más.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 22 de enero de 2006