EL DEFENSOR DEL LECTORColumna
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Porcentajes de doble filo

Los periódicos echan mano de los porcentajes en sus titulares cada vez con más frecuencia. Es una manera gráfica de mostrar la voluntad de ser precisos, de buscar el aval de los números para expresar el deseo de objetividad. Ahora veremos que también los porcentajes dejan bastante margen a la subjetividad.

El miércoles pasado se publicó en este diario el siguiente titular: 'Los hombres declaran a Hacienda un salario medio un 30% superior al de las mujeres'. Dicho porcentaje se elaboró a partir del salario medio de los hombres en 2004, que fue de 17.964 euros, y del de las mujeres, de 12.464. La diferencia fue, por tanto, de 5.500 euros.

Ignacio Fernández remitió al día siguiente un mensaje electrónico en el que expone los cálculos que demuestran que, tal y como está redactado el titular, el porcentaje que se debería haber publicado es el 44%. La base de partida es el salario medio de las mujeres (12.464 euros) y la diferencia (5.500) es el 44% de esa base. Para obtener como resultado el 30%, la base de partida debe ser el salario medio de los hombres (17.964 euros). "El titular sería matemáticamente impecable", agrega el lector, "si dijera que 'las mujeres declaran un 30% menos que los varones' o que 'los varones declaran un 44% más que las mujeres".

Un simple cambio de sujeto, por tanto, lleva aparejado un cambio de número, lo que da al periodista un margen subjetivo de maniobra sobre la base de cifras incuestionablemente objetivas. Para profundizar en el tema, el lector recomienda el libro Un matemático lee el periódico, del estadounidense John Allen Paulos, publicado hace 10 años en España por Tusquets.

Este divulgador de las matemáticas no recoge en esa obra un caso idéntico, pero sí guarda gran similitud la referencia que hace a las dos maneras que hay de abordar la incidencia de una enfermedad. Veámoslas: "Si se quiere realzar la seriedad de un problema, lo normal es que se hable de la cantidad de afectados a escala nacional. Si se quiere mitigar su importancia, lo más probable es que se hable de su índice de incidencia. Así, si una persona de cada 100.000 tiene determinada enfermedad, a nivel nacional habrá 2.500 casos ".

Allen Paulos añade: "La segunda cantidad parece más alarmante y en ella harán hincapié los maximizadores. Cargar las tintas en la situación de algunas de estas 2.500 personas publicando o televisando entrevistas con los familiares y amigos hará aún más dramático el problema. Los minimizadores, por su lado, podrían comparar la situación con un atestado campo de béisbol durante una eliminatoria de copa y señalar a continuación que solamente una persona de cada dos campos deportivos así de llenos padece la enfermedad en cuestión".

Más sobre números, Hace un par de meses, Jorge Durán, profesor de la Universidad Católica de Lovaina, envió un mensaje electrónico en el que aludía a informaciones en las que no se había tenido en cuenta el cálculo de probabilidades. Su escrito empieza así: "EL PAÍS publica con frecuencia titulares como 'El 35% de los muertos en accidente no llevaba el cinturón de seguridad' y a continuación se deduce o se afirma que el cinturón protege en caso de accidente".

El lector prosigue: "Es muy posible que el cinturón proteja, pero esto no se deduce del dato pelado del titular. Efectivamente, existirá una relación estadística entre la muerte en accidente y el cinturón si el porcentaje de muertos que no lo llevaba es significativamente diferente del porcentaje de conductores que no lo lleva habitualmente. Sólo al final del artículo se menciona, de pasada y sin relacionar el dato con el titular, que el 85% de los conductores lleva habitualmente el cinturón. Entonces sí podemos echar cuentas: si el 15% de los conductores no lleva el cinturón habitualmente y el 35% de los fallecidos no lo llevaba, se puede afirmar que no llevar el cinturón aumenta la probabilidad de morir en caso de accidente".

Pero el profesor de Lovaina precisa: "Incluso así hay que interpretar el dato con cuidado. Podría ocurrir que los que no llevan cinturón habitualmente tienden a conducir peor y a verse involucrados en más accidentes, en cuyo caso estos datos no reflejan protección alguna del cinturón, sino la tendencia de los malos conductores a no llevar el cinturón y a conducir peor en general".

Jorge Durán concluye: "Insisto en que éste es un error habitual. Alguna vez he leído titulares del tipo 'El 80% de los jóvenes que hacen botellón tiene problemas en casa', de lo que no se deduce en modo alguno que tener problemas en casa induzca a los jóvenes al botellón. Podría ocurrir, por ejemplo, que el 90% de los jóvenes tuviese problemas en casa, en cuyo caso hacer el botellón sería un indicio de que las cosas van en casa mejor que la media".

Ante el creciente protagonismo de las cifras en las informaciones no se entiende bien que en la enseñanza del periodismo se siga dando mucha importancia a las letras (merecidamente, por supuesto) y muy poca a los números.

Hasta qué punto eso es una muestra de miopía se aprecia en este párrafo del citado libro de Allen Paulos: "Jerry Adler, columnista de Newsweek, decía en un inteligente trabajo que los periodistas 'creen que su trabajo está hecho cuando encuentran una fuente creíble de información'. Por desgracia no es así. Las cifras de referencia, las definiciones operacionales y la aritmética sencilla deberían formar parte de todo artículo de importancia o cuando menos deberían aparecer con frecuencia en la cobertura de las noticias. Sin ellas todos acabamos arrastrados por lo dramático, lo gráfico, lo visual".

Los lectores pueden escribir al Defensor del Lector por carta o correo electrónico (defensor@elpais.es), o telefonearle al número 91 337 78 36.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 14 de enero de 2006.

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