Reportaje:GRANDES REPORTAJES

Con L de libertad

Y con L de lesbianas. Es la primera serie de televisión protagonizada por este colectivo de mujeres, que retrata sus amores, preocupaciones, el sexo, la familia… En EE UU arranca ya la tercera temporada. Canal + la estrena ahora en España.

Y con L de lesbianas. Es la primera serie de televisión protagonizada por este colectivo de mujeres, que retrata sus amores, preocupaciones, el sexo, la familia… En EE UU arranca ya la tercera temporada. Canal + la estrena ahora en España.

"Chicas con vestidos ajustados, travestidas con bigote, tías que conducen deprisa, ingenuas con látigo, mujeres que adoran la lujuria, mujeres que dan. Así vivimos, hablando, riendo, amando, respirando, luchando, follando, llorando, bebiendo, escribiendo, ganando, perdiendo, engañando, besando, pensando, soñando. Así vivimos, y amamos". Así reza el tema central de la serie The L word.

La historia reciente demuestra que la televisión en Estados Unidos asume con ritmo lento la evolución de su propia sociedad. Al contrario de lo que pueda parecer con la escasa perspectiva del tiempo, sólo han pasado unos cuantos años desde la introducción de personajes auténticamente homosexuales en las series convencionales de televisión. Hasta bien entrada la década pasada, la homosexualidad se representaba sólo a través de personajes amanerados y afeminados, como el que interpretaba Billy Crystal en Enredo.

Entonces apareció Ellen.

El 30 de abril de 1997, Ellen DeGeneres salió del armario en un episodio de su telecomedia, Ellen. "DeGeneres lanzó el mensaje más importante de todos: 'No importa ser gay'. Un acto de valentía por el que las personas gays deben estarle sinceramente agradecidos", escribe el historiador Stephen Tropiano en su libro The prime-time closet (El armario del prime-time).

Después llegó la normalización; la incorporación paulatina y representativa de personajes homosexuales (Urgencias, El mundo de Dawson, A dos metros bajo tierra, Policías de Nueva York, Ley y orden…; cualquier serie de los últimos años incluye al menos uno), su desembarco en papeles protagonistas (Will y Grace), en conductores de reality-shows (Queer eye for the straight gay) o en dueños de cadenas de televisión y de radio dedicadas únicamente a este colectivo.

El penúltimo tabú se había roto en la serie Queer as folk, un drama sobre la vida -más nocturna que diurna- de un grupo de homosexuales excesivamente promiscuos, según algunos, pero suficientemente realistas. El último se rompe con la serie que ahora, en enero, estrena Canal + en España, The L word, la primera que refleja el estilo de vida, los problemas y las pasiones de un grupo de lesbianas.

"En The L word, las lesbianas por fin ven sus vidas y sus relaciones en un papel de protagonistas. Este salto no es una evolución, es una revolución", dice Sarah Warn, editora de una organización en Internet dedicada a estudiar la presencia de personajes homosexuales en las series de televisión producidas en Estados Unidos. La página web AfterEllen.com recibe medio millón de visitas mensuales.

The L word, producida y emitida en Estados Unidos por la cadena de pago Showtime, derrumba múltiples mitos sobre la homosexualidad femenina -entre ellos, su supuesta masculinidad-, aunque sucumbe al patrón del glamour: a juzgar por esta serie, todas las lesbianas tienen un cuerpo perfecto, una tendencia irrefrenable a desnudarse en público y en privado, una edad nunca superior a los 40 y una manera muy cinematográfica de mantener relaciones sexuales. Son concesiones aceptables.

The L word se aprovecha de lo que otras series han conseguido antes. De Sexo en Nueva York roba el lenguaje: las mujeres hablan sin tapujos. En aquélla, la moda y la ciudad estaban muchas veces por encima del sexo; en The L word, el sexo está siempre por encima de la moda y más aún de la ciudad, que es Los Ángeles.

La serie no retrata enteramente la diversidad de la comunidad lesbiana y es verdad que las protagonistas son todas muy atractivas. Pero The L word, dice Warn, "ha innovado en otros aspectos: ha introducido en televisión el concepto de la bisexualidad, que era tabú, o el del descubrimiento de una orientación sexual dormida". Para esta editora, la serie es tan realista al reflejar las inquietudes y los problemas del colectivo que "hace difícil aceptar desde ahora los personajes de lesbianas con un desarrollo narrativo tan pobre en otras producciones".

Al tiempo que se estrena en España la primera temporada (Canal + ha elaborado, además, un documental titulado El mundo L, en el que un grupo de lesbianas españolas hablan sobre su experiencia, sus amores, el sexo, las relaciones familiares…, y valoran la serie norteamericana), arranca en EE UU la tercera, el 8 de enero, con un público fiel y un lugar claro en el panorama televisivo actual. Su gran repercusión social es precisamente su falta de repercusión: es la primera serie sobre lesbianas sin que nadie -ni siquiera los siempre atentos grupos conservadores de supuesta defensa de los telespectadores- haya mostrado excesivo interés por poner el grito en el cielo.

A pesar de que el debate sobre la legalización del matrimonio homosexual divide al país, la falta de reacción ante The L word demuestra que el momento social es mucho más abierto. La creadora de la serie, Ilene Chaiken, lesbiana (igual que la directora, Rose Troche, que rodó el filme Go fish), nunca se planteó su trabajo como una plataforma de reivindicación de derechos, pero reconoce que el simple hecho de contar historias sobre lesbianas es ya un acto político. "Nuestra fuerza es que seamos visibles", ha dicho. El reto es el mismo que el de cualquier producto televisivo: retratar una forma de vida creíble, personajes atractivos con experiencias que enganchen al espectador, sea cual sea su orientación sexual. "Es una serie sobre lesbianas, pero para todo el mundo", dice Chaiken.

Para Monica Taher, directora de la Alianza de Gays y Lesbianas Contra la Difamación (la principal asociación del país), su impacto es "gigantesco dentro de la comunidad lésbica porque permite vernos reflejadas en una obra que se aproxima a nuestras vidas desde un punto de vista más humano". Según ella, la producción tiene el mérito de "ayudar a los heterosexuales a entender que somos como cualquier otra persona: pagamos impuestos, tenemos hijos, y somos la tía, prima, hija o sobrino de cualquiera de ellos".

Que la creadora y algunas guionistas de The L word sean abiertamente lesbianas, sin duda ayuda a la hora de proporcionarle credibilidad, aunque el currículo de Chaiken tiene también créditos como productora ejecutiva de Aaron Speling en series de tanta fama como Melrose Place o 90210. De ellas hereda una tendencia hacia el culebrón que resta sofisticación al producto final, pero proporciona, todo hay que decirlo, un entretenimiento consistente. Algunas de las historias están basadas en sus propias experiencias, como la lucha de Bette y Tina -la única pareja estable de la serie- por tener un hijo. Chaiken vive en Los Ángeles con su pareja de hace más de 20 años, con quien tiene dos hijas.

Uno de los primeros retos de la serie era encontrar actrices dispuestas a interpretar personajes homosexuales. Los productores pensaron que ninguna estrella estaría dispuesta a hacerlo, pero descubrieron que las mujeres son más abiertas que los hombres a la hora de interpretar a lesbianas. De hecho, la primera actriz a la que le ofrecieron el papel protagonista lo aceptó de inmediato: Jennifer Beals. A partir de ahí, todo fue más fácil.

La carrera de Beals es pintoresca en el mundo del cine y la televisión. Después de convertirse en el sex symbol del momento tras su papel en Flashdance (1983), la actriz renunció a los papeles estelares para continuar sus estudios en Yale. Desde entonces, sólo ha aceptado trabajos en películas selectas mientras guarda estricta confidencialidad sobre su vida privada. Se sabe que está casada, pero no con quién, y es conocida su pasión por la vida académica: es experta en filosofía sánscrita.

Beals es -por contrato— la única actriz que no se desnuda en la serie, aunque confiesa que representar una escena de amor con una mujer es más fácil que con un hombre. "Puedes decirle a la otra mujer: 'Mira, no me gusta esta parte de mi cuerpo, ¿puedes poner tu mano aquí para que no se vea?', y sabe perfectamente lo que quieres decir, y te lo tapa. A los hombres se les olvida. No conocen el significado de la palabra celulitis", dijo hace poco en una entrevista. Sólo una actriz de las nueve protagonistas es lesbiana en su vida real.

Beals interpreta a Bette, una mujer ambiciosa en lo profesional que mantiene una relación sólida con Tina (la actriz Laurel Holloman), que desea fervientemente tener un hijo. Como en toda relación, el equilibrio es más bien desequilibrio entre lo profesional y lo personal. El personaje de Shane (Katherine Moenning) representa el estereotipo de lesbiana andrógina, de pelo corto (perfectamente cuidado) y andares masculinos, con poco interés en la estabilidad de pareja. Se siente perfectamente a gusto con su orientación sexual y su éxito entre las mujeres es indudable.

La serie también describe personajes confundidos sobre su orientación sexual, como Jenny (Mia Kirshner), joven escritora que pese a un fugaz encuentro con una mujer sigue negando la evidencia y se dispone a seguir adelante con sus planes de matrimonio con su novio. El personaje de Dana (Erin Daniels) cae en otro tópico: jugadora profesional de tenis que no quiere salir del armario por miedo a decepcionar a sus patrocinadores deportivos y a sus padres. Sus amigas, sin embargo, conocen su secreto y le ayudan a discernir si la cocinera que le atrae es o no lesbiana.

Chaiken intentó vender la serie hace 10 años. Nadie se atrevió. Ahora su obra ofrece una mirada inédita a la vida y dificultades de un colectivo al que apenas se le había permitido asomarse en televisión. Con espíritu de premonición, ella asegura que la mera existencia de la serie refleja un cambio de actitud social: "Llegará un día en que hablaremos de la época en la que el matrimonio homosexual era imposible y pensaremos: ¡no me puedo creer que alguna vez estuviera prohibido!".

El documental 'El mundo L' se estrena el 2 de enero, a las 23.46, en Canal +. La serie 'L', el 12 de enero, a las 22.00. Más información, en: www.thelwordonline.com.

Profesionales, deportistas, liberales y glamourosas… Las mujeres de 'L' viven en Los Ángeles, no tienen problemas económicos y sí muchos sentimentales. Reivindican sus posiciones, su opción sexual, se divierten, hablan mucho de sus cosas y se apoyan mutuamente.
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