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PREMIOS NACIONALES DE HISTORIA Y DE FOTOGRAFÍA

La obra de Ouka Leele "cuestiona los límites del lenguaje de la fotografía"

"Ahora lucho por la libertad del artista y aportar un poco de belleza a este mundo", declara

La fotógrafa y pintora Ouka Leele (Madrid, 1957) consiguió ayer el Premio Nacional de Fotografía 2005 por "cuestionar los límites del lenguaje de la fotografía" a través de unas personales aportaciones cromáticas, compositivas y narrativas, según la declaración del jurado. El jurado del premio -concedido por el Ministerio de Cultura, con una dotación de 30.000 euros-, que votó por mayoría, valoró también en su obra el "testimonio decisivo de la sensibilidad y la vida artística española desde los años ochenta hasta hoy". "Mi trabajo se entiende más cuando meto fotografía y pintura", declaró.

Las dos dedicaciones de Ouka Leele se verán juntas en una exposición que prepara la Comunidad de Madrid en la sala de Alcalá, 31, por el premio concedido el año pasado (la última edición ha sido para otro compañero de generación, Alberto García-Alix). "Creo que mi obra se entiende más si meto pintura y no sólo la fotografía pura. Sigo una línea personal en la que la pintura está desde el principio, ya que las primeras fotos que publiqué eran en blanco y negro, en el año 1976 en el libro Principio, y después me puse a pintar las fotos. Era lo que yo quería hacer y en eso sigo".

El Nacional de Fotografía 2005 valora la obra de Ouka Leele por sus aportaciones personales en los aspectos del color, la composición y la narración. El jurado, que hizo cuatro votaciones, presidido por el director general de Bellas Artes, Julián Martínez, estuvo formado por Álvaro Martínez Novillo, subdirector del Instituto de Patrimonio Histórico Español; Juan Carrete, director del centro Conde Duque; Aurora Fernández, profesora de Teoría e Historia del Arte Contemporáneo; Anatxu Zabalbeascoa, historiadora y periodista; Pilar Navarrete, directora general de Cultura de la Comunidad de Madrid, y Ramón Masat, fotógrafo, galardonado en la edición 2004.

Ouka Leele dice que en los últimos 25 años ha realizado entre 300 y 400 fotos pintadas, en un proceso muy laborioso, aunque ahora quiere sacar de su archivo, pendiente de editar, un material nunca expuesto en blanco y negro. "La idea es siempre montar una escenografía, con la incorporación de elementos del teatro y del cine. El blanco y negro es un color muy expresivo, pero la pintura te cambia mucho la imagen. La fotografía pura juega con la realidad".

La realidad de Ouka Leele es "la realidad del recuerdo", según la definición del académico Francisco Rico, con la que se identifica la fotógrafa. "Creo una realidad que yo he visto; recreo una escena con varios elementos artísticos, un espacio, que también tiene algo de arquitectura y al que sólo le falta el sonido, como se hacía en la pintura antigua, el escenario para colocar Las meninas, por ejemplo. Con la pintura doy algo más expresivo, de mi intimidad, lo que yo he sentido. Es como lo dice Paco Rico, un ejercicio del recuerdo, lo que he visto, ya que la percepción es muy subjetiva. Es un lenguaje propio, una expresión que se acerca a la autobiografía. Es una forma de ver, que siempre que puedo vuelvo a utilizar, cuando una persona me atrae mucho".

Ouka Leele (en los ochenta, Lele) es Bárbara Allende, pero desde sus comienzos no se ha querido identificar con un nombre. "Quise ser como una sacerdotisa del arte", declara, y se reafirma desde que Paloma (Hijas del Sol) le dijo que ouka leele significa 'que des muy bien la vuelta al círculo de la vida".

Se identifica con la generación de la movida madrileña, con los amigos (Berlanga, García-Alix, Ceesepe, El Hortelano, Alaska, Almodóvar, Rossy de Palma) que aparecen con frecuencia en sus retratos, junto a otras obras de bodegones, objetos o con personajes de cuento. "Al principio me molestaba que me relacionaran con la movida y la quería olvidar, pero ahora estoy muy orgullosa. Era un movimiento lleno de vitalidad y de creatividad, es un privilegio ser de una generación de artistas. Con el paso del tiempo lo considero como un movimiento artístico, aunque también fue social. Era como quisiéramos cambiarlo todo, trastocar todo el sistema, renovarlo. A veces ese espíritu de la movida lo volvemos a sentir cuando coincidimos o cuando escucho un tema de Carlos Berlanga. Volvemos a jugar, a crear juntos".

Siempre consideró la fotografía como "el lenguaje de nuestra época". "He luchado mucho por meter la fotografía en el mundo del arte, y ahora por la libertad del artista, sin limitaciones, y aportar un poco de belleza a este mundo". "Me atrae mucho la foto tradicional, cuando la luz dibuja. He hecho algo digital, pero el ordenador me cansa. La fotografía digital es un sucedáneo, como entre la teta y el chupete".

El último trabajo es un mural de 300 metros cuadrados, en Ceutí (Murcia), con colores naturales sobre el hormigón para definir Mi jardín metafísico. El proceso ha provocado una película, dirigida por Rafael Gordon, con música de Eva Gancedo. Además de exposiciones y talleres, ha publicado Poesía en carne viva (Atlantis) y Floraleza (Ahora), poemas con dibujos y serigrafías.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de noviembre de 2005