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EL DEBATE TERRITORIAL

Zapatero afirma que su único compromiso ante el Estatuto catalán es la Constitución

Esperanza Aguirre se enfrenta al presidente al acusarle de ser comparsa de Chávez y Castro

La segunda jornada del debate sobre el estado de las autonomías dibujó dos planos bien distintos de la realidad política. Para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y los dirigentes socialistas, España está preparada para unas reformas que comienzan con el Estatuto catalán, acaban con el Senado y pueden dar estabilidad "para más de una generación". Para el Partido Popular, encabezado ayer por la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, la más dura contra el PSOE, no se puede "cambiar la alineación cuando se lleva mucho tiempo ganando partidos".

Aguirre: "Zapatero eligió a los 500.000 de Esquerra y no quiere oír a los 10 millones del PP"

Zapatero: "Cuánta demagogia hay que escuchar cada día. Sea rigurosa señora Aguirre"

Maragall: "Hemos visto estos dos días un magnífico fresco de lo que es la España plural"

El vicepresidente extremeño: "No se puede favorecer a una autonomía para perjudicar al resto"

Tras casi 20 horas de debate -acabó pasadas las 12 de la noche- entre 20 presidentes de Gobierno, 19 autonómicos y uno central, con la sombra de la propuesta de reforma del Estatuto catalán sobrevolando el Senado, no quedó prácticamente ni un asunto de la política española de los últimos años sin tratar. Desde la guerra de Irak hasta la españolidad de Ceuta y Melilla, todo tenía cabida en un encuentro muy alborotado, sobre todo cuando hablaba Zapatero y la bancada del PP se burlaba de él.

Zapatero recibió un ataque sin tregua de los presidentes del PP a cuenta de la propuesta catalana. Aguirre le acusó de abrir "la crisis institucional más grave desde la transición". El presidente aludió indirectamente al golpe de Estado de 1981 para reclamar "menos exageración". También le dijeron que estaba "sometido" por haber prometido que aceptaría el Estatuto que llegara de Cataluña. Muy enfadado, respondió: "Sólo estoy sometido a la Constitución. Mi único compromiso es respaldar que haya un Estatuto, eso es lo que dije, salvo que se lea con otra intención".

Último intento

El presidente quiso escenificar, al igual que Pasqual Maragall, un último intento para convencer al PP de que se sume a las reformas, incluido el Estatuto catalán. "¿Por qué se niegan a intentarlo? No les fue bien en el pasado cuando se quedaron fuera. Piensen en lo que pasará dentro de 25 o 30 años, ustedes querrán decir 'yo estuve allí, yo apoyé esas reformas que ahora disfrutamos", les espetó. A la salida, mientras los presidentes del PP se quejaban de que Zapatero no había concretado nada, los socialistas estaban desolados: "Va a ser muy difícil reformar nada con esta oposición", se quejaba el gallego Emilio Pérez Touriño tras recordar que el propio Manuel Fraga, fundador del PP, defendió siempre la reforma del Senado.

En un principio, el presidente había tratado de centrar el asunto detallando lo que proponía: más competencias para las comunidades en Justicia, inmigración, trabajo, nuevas tecnologías y aeropuertos, y una reforma del Senado para convertirlo en una auténtica cámara territorial. Pero el PP rehusó en todo momento entrar a discutir estas cuestiones autonómicas.

Los presidentes de este partido -ayer fue el turno de Baleares, Madrid y Castilla y León- preferían el nuevo Estatuto catalán y la política nacional. Aguirre habló de política exterior, culpando a Zapatero, "comparsa de Chávez y Castro", de la reducción de inversiones extranjeras en Madrid. El presidente reprendió a Aguirre: "¡Cuánta demagogia hay que escuchar cada día! Una multinacional como IBM acaba de instalarse en Madrid. Sea rigurosa". Cuantos más ataques recibía, más fuerte era su enfado. "Me parece poco serio plantear después de estos 25 años que ustedes son ciudadanos de segunda", le espetó al melillense Juan José Imbroda (PP) poco después de anunciar que en enero acudirá a las dos ciudades autónomas. Ningún presidente lo ha hecho desde Adolfo Suárez, en 1980.

Aguirre, en presencia de Mariano Rajoy, que acudió una hora al Senado para hacerse una foto con todos los presidentes de su partido, aprovechó la oportunidad para convertirse por un día en líder de la oposición. Amenazó incluso con no acudir a la Conferencia de Presidentes si no se establecen unas reglas mínimas. Y sobre el teórico asunto central del debate se limitó a decir: "El problema no es la ampliación del autogobierno, sino la desaparición del Estado en algunas comunidades autónomas". Pero sobre todo lanzó el ataque que más le dolió a Zapatero y que más veces rebatió: "Usted ha roto el pacto constitucional. Ha elegido a 500.000 ciudadanos representados por Esquerra Republicana, muy legítimos pero independentistas, y no quiere ni oír hablar de los 10 millones que representan al PP, un partido conservador, liberal y centrista", dijo Aguirre.

Zapatero entró en la lucha dialéctica del cuerpo a cuerpo. Aprovechando que la presidenta había hablado de política exterior, él reconoció algunos errores, como el de criticar a la virtual presidenta alemana, Angela Merkel, y le espetó: "Respóndame sinceramente. ¿Qué le parece lo que dijo Aznar ante 500 empresarios en México, cuando explicó que España estaba cerca de la balcanización y que íbamos a volver a las andadas? Antes de dar lecciones miren a sus filas, ése no es el mejor ejemplo de patriotismo".

Tanto Zapatero como todos los presidentes socialistas, quienes habían criticado el lunes la financiación propuesta en el nuevo Estatuto catalán, se concentraron ayer en tranquilizar a los ciudadanos que tengan algún temor sobre esta reforma. "España no se rompe", insistían uno detrás de otro.

Hasta el regionalista cántabro Miguel Ángel Revilla, en una intervención apasionada, explicó con sencillez: "Ningún gobierno puede poner en riesgo el sistema de bienestar de todos. Porque hay unos controles que no se los salta nadie, las instituciones funcionan".

Revilla, el único presidente, con el canario Adán Martín, que no pertenece a ninguno de los dos grandes partidos, resumió así el debate: "Bendita democracia que nos tiene aquí 30 horas hablando en un país que tiene 500 años de historia y se ha pasado la mayoría de ellos en silencio, amenazado con una espada. Yo le quiero decir que si a Maragall la palabra Cataluña le eriza el pelo, a mí Cantabria me pone, y España también, me pone, y no pasa nada". Sólo él relajó algo un debate tenso, y Chaves, cuando se equivocó y habló del "presidente marciano" Pedro Luis Valcárcel.

Lista de competencias

Zapatero dio por zanjado el debate sobre esa desaparición del Estado de la que le hablaban los presidentes del PP, al detallar una larga lista de competencias que nunca se cederán, y al recordar que el límite está en la Constitución.

A pesar de los ataques reiterados, el presidente salió satisfecho del encuentro, hasta el punto de que se comprometió a convocarlo de nuevo el año que viene. A Maragall también le gustó. A pesar de que los 18 presidentes, incluidos todos los socialistas, habían criticado abiertamente la bilateralidad que establece la propuesta de reforma del Estatuto catalán, no se dio por aludido: "Hemos visto estos dos días un magnífico fresco de lo que es la España plural". "Lo que es bueno para España, es bueno para Cataluña", aseguró, para concluir, después de algunas alabanzas a la política de Zapatero: "Ahora sí que podemos decir que España va bien y Cataluña a toda marcha". El presidente de la Generalitat ni siquiera entró al trapo del discurso de su compañero Juan Carlos Rodríguez Ibarra, que leyó el vicepresidente extremeño Ignacio Sánchez Amor: "No se puede favorecer a una autonomía para perjudicar al resto", había dicho.

En algunos momentos, los menos, pareció vislumbrarse la posibilidad de que el PP se abra a las reformas propuestas. El castellanoleonés Juan Vicente Herrera lo apuntó: "Si la reforma del Senado pretende fortalecer sus competencias, bien, pero si quiere cambiar el sistema de elección de los senadores, habrá dificultades". Zapatero recogió el guante para concluir que, en el fondo, todos los presidentes del PP habían reconocido los avances realizados en el año y medio de Gobierno: la creación de la Conferencia de Presidentes, la reducción de la conflictividad con las autonomías, su participación en los Consejos de Ministros europeos y los 2.500 millones destinados a paliar el déficit sanitario. Zapatero auguró que la reforma del Senado "se hará tarde o temprano, porque es necesaria", y sentenció que el desinterés actual del PP no sirve más que para "perder tiempo" en un proceso inevitable.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 9 de noviembre de 2005