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Profesores y alumnos se resisten a dejar el edificio

El claustro de profesores también denuncia que el instituto Isabel la Católica lleva abandonado por las instituciones muchos años: pintura desconchada, persianas destartaladas, laboratorios de química de principios del siglo XX con sus materiales originales y alguna que otra gotera. Pasear por el edificio histórico durante un cambio de clase es recorrer un sencillo y luminoso paraninfo donde parece que el tiempo se detuvo hace 60 años.

La directora del centro, Elena Sánchez, comenta: "No vemos ningún sentido al derribo. ¿Por qué no lo invierten en mejorar las instalaciones, en vez de tirar los pabellones para construir otro edificio en otro sitio? Es un derroche absurdo en comparación con lo que se va a ganar. Deberían invertir mejor nuestro dinero". Con este demoledor argumento, Berta Suárez, de 15 años, defiende su derecho a seguir estudiando en el Isabel la Católica donde está ubicado ahora el centro.

Los anuncios de traslado no son nuevos. Cuentan los que más años llevan en el centro que desde los años cuarenta se decía "que lo iban a quitar", recuerda Manuela Moreno Castillo, que fue alumna, profesora y directora del colegio. La profesora de Ciencias, Carmen Massip, busca subvenciones para hacer un museo de ciencias con el material que hay dentro del instituto. Muestra con orgullo microscopios de la época de Severo Ochoa, láminas de botánica pedagógicas y trasparencias de origen alemán, insólitas en la España de principios del siglo. "A ver si alguien lo lee y nos dan una subvención", concluye Massip.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 7 de noviembre de 2005