Reportaje:

Golpe a las gasolineras de La Habana

Castro pone a voluntarios a despachar para acabar con la corrupción

Las gasolineras de La Habana están desde el sábado en pie de guerra. De madrugada, una legión de adolescentes y jóvenes, integrantes del destacamento de los denominados trabajadores sociales, tomaron el control de todas las estaciones de servicio de la capital y asumieron las labores de expendio de combustible, en una operación sorpresa del Gobierno de Fidel Castro contra el robo y la corrupción. "Es una misión que nos ha encomendado el comandante, y la vamos a cumplir", contó ayer Danae, una joven de 22 años de la provincia de Holguín, que fue movilizada a toda prisa a la capital desde su ciudad natal (a 743 kilómetros) para participar en esta "tarea priorizada".

Desde hace cuatro días, vistiendo camisetas en las que se puede leer el lema "Más humanos, más cubanos", los trabajadores sociales, todos muy jóvenes, anotan cuidadosamente las matrículas de los vehículos que se surten de diésel y gasolina, así como la cantidad de combustible despachado y el monto monetario de cada operación. Según dijeron algunos de ellos, el objetivo es llevar un control riguroso durante 45 días para cotejarlo después con las cifras anteriores de las gasolineras y determinar cuánto se roba, que al parecer es bastante.

Tomarán el control durante 45 días para cotejarlo con las cifras de las gasolineras y saber cuánto se roba

Confianza en los pisteros -nombre popular de los trabajadores de las gasolineras- no parece haber mucha. La forma en que se ha llevado adelante esta singular auditoría recuerda más a un operativo comando, tipo guerrilla, que a un proceso normal de control administrativo. La movilización de los trabajadores sociales a la capital, en su mayoría procedentes del oriente de Cuba, se hizo en el más absoluto secreto. "El sábado a las dos de la madrugada llegaron aquí y nos dijeron que nos fuéramos a casa de vacaciones, que era una misión de Fidel y que nos llamarían. No nos dejaron tocar nada", contaba ayer uno de los pisteros de baja, bastante pesimista sobre su futuro. "Si me preguntas, te respondo: claro que robamos, muchos robamos en Cuba".

Trabajadores consultados en las gasolineras dijeron que, en principio, los controles durarán 45 días. Mientras, los pisteros han sido enviados a sus casas con el salario pagado, que es de alrededor de 225 pesos, unos 10 dólares al cambio oficial. Al parecer, días antes se realizó una operación similar en las gasolineras de Pinar del Río y se descubrieron faltantes elevados, aunque la empresa estatal Cuba Petróleo no ha dado cifras oficiales ni ha hecho declaraciones sobre lo que está sucediendo.

Para nadie es un secreto en Cuba que muchos pisteros de La Habana y del resto del país venden por la izquierda a sus clientes habituales diésel y gasolina (cuyo precio oficial por litro, al cambio, es de 0,69 euros y 0,88 euros, respectivamente). Con un amigo en el negocito de la gasolina se puede obtener, por ejemplo, el diésel a 4 o 5 pesos (0,20 centavos de euro).

En muchos casos la forma de los pisteros de obtener el combustible para sus cambalaches es comprárselo a aquellos conductores de los camiones cisterna que cargan de más en la refinería, donde obviamente también se roba. Una segunda fórmula es cuando los conductores de autos, camiones y ómnibus del Estado -que reciben una cuota mensual de combustible-, sólo adquieren una parte de la asignada en los bonos de racionamiento y el resto se lo venden a los pisteros, que luego lo comercializan en la bolsa negra. Un lío, pero muy lucrativo.

La ofensiva contra las "ilegalidades" y "mermas" en las gasolineras de La Habana es sólo un episodio más, aunque sin duda muy gráfico, del combate general que se libra en todo el país contra el robo y la corrupción, a petición del propio Fidel Castro, que ha declarado una "guerra sin cuartel" contra estos males que corroen la revolución. La prensa oficial ha informado estos días de que se realizan auditorías "especiales" en el 20% de las empresas estatales de la isla. El control, entre otros motivos, está destinado a "evaluar el papel de los cuadros, funcionarios y trabajadores (...) en el enfrentamiento a indisciplinas, ilegalidades y manifestaciones de corrupción administrativa".

Un trabajador social despacha gasolina en una estación en La Habana.
Un trabajador social despacha gasolina en una estación en La Habana.EFE

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