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Entrevista:Donna Leon | Escritora

"Me avergüenza ser de un país que tortura"

Barcelona
La inmigración, la corrupción, la burocracia y la degradación de Venecia son los principales argumentos de las novelas 'Pruebas falsas' y 'Piedras ensangrentadas', desde las que la escritora estadounidense afincada en la capital del Veneto Donna Leon dispara contra todo lo que no le gusta. "Me avergüenza ser ciudadana de un país del mundo civilizado que tortura a los prisioneros de guerra y no pasa nada".

La escritora estadounidense afincada en Venecia Donna Leon (Nueva Jersey, 1942) ha publicado en 2005 dos novelas en España, Piedras ensangrentadas y Pruebas falsas (Seix Barral y Edicions 62 en catalán), pero en esta ocasión no ha viajado para presentarlas. Sus libros prácticamente se venden solos. Su reciente estancia en Barcelona se debe a otros motivos: reunirse y clausurar los clubes de lectura Guido Brunetti, su famoso comisario, que se han constituido con motivo del Año del Libro y la Lectura impulsados por la Diputación.

Los encuentros, en las bibliotecas La Bòbila de L'Hospitalet y Vapor Vell de Sabadell, fueron un éxito. La Bòbila incluso ha dedicado su fanzine L'H Confidencial a Brunetti. La escritora estuvo encantada. "Me gustan más los españoles que los italianos, éstos se han vuelto un poco señorones, en cambio los españoles son cálidos, te abrazan, te besan". El próximo mes de noviembre viajará a Bilbao para hablar de ópera, su auténtica pasión. Lo primero que hizo en Barcelona fue ir al Liceo, a la representación de La Gioconda, de Amilcare Ponchielli.

"Los inmigrantes ven cómo vivimos en Europa. Nosotros lo tenemos todo y ellos no tienen nada"

"Sigo siendo ciudadana de EE UU porque cada cuatro años podemos echar a los bastardos"

"En Italia la corrupción parece más normal. Es un país católico y sabe que existe el perdón de los pecados"

"En mi país, para llegar a la presidencia no hace falta ser inteligente"

Leon, que con Pruebas falsas y Piedras ensangrentadas, ha sacado en España 14 novelas de la serie del comisario veneciano, publicará en marzo de 2006, su primer libro de no ficción. Para que no quede duda alguna se titula Sin Brunetti y es una especie de guía personal en la que habla de los temas que más le interesan, como la ópera, Venecia o la gastronomía. Para tranquilidad de sus admiradores, habrá también una nueva historia de su detective, cuyo título provisional es A través del cristal ahumado. Se desarrolla en Murano y su tema es la contaminación. La escritora, que por encima de todo se declara ecologista, explica que tiró a la papelera la primera versión, porque "era un panfleto".

Leon mantiene intacta su capacidad de indignación, que matiza con un vitriólico sentido del humor. En el céntrico hotel del paseo de Gràcia de Barcelona en el que se ha alojado, le sucedió una de esas cosas que la ponen a cien. Bajó a desayunar. Se sentó en una mesa, no la atendieron. Llegaron dos señores, con aspecto de ejecutivos, se instalaron en la mesa de al lado, y el camarero les atendió inmediatamente. Pasaron casi 20 minutos. Reclamó. "Oh, disculpe", dijo el camarero. "No la había visto. Ya sabe, las mujeres de su edad, con el pelo blanco y que están solas son invisibles". Aún tuvo que esperar.

Pregunta. Quizá debería teñirse el pelo.

Respuesta. ¿De pelirroja? . Sé que no es intencionado, es algo que se produce de manera inconsciente. No entro en polémicas feministas, simplemente constato lo que pasa. Soy, somos, invisibles.

P. No es la única. Según explica en Piedras ensangrentadas, los senegaleses que venden bolsos en Venecia también son invisibles.

R. Son los vu comprà, como les llaman en Venecia, muy bellos, negros, altísimos. Están siempre ahí con sus sábanas llenas de bolsos, pero nadie los ve, sólo los turistas. Según me contó un policía amigo mío, todos son ilegales. De vez en cuando, se hace una redada, les confiscan los bolsos y les dan 48 horas para abandonar Italia.

P. ¿Y lo hacen?

R. No, al día siguiente vuelven a estar allí. Es un tema muy complicado. Toda nuestra compasión es para los senegaleses, pero los comerciantes venecianos también tienen problemas. Hace dos o tres meses, los propietarios de las tiendas de una de las calles que dan a San Marcos, sacaron sábanas a la calle y se pusieron a vender sus bolsos allí. La policía los obligó a retirarse. Los venecianos no pueden hacer de vu comprà y los senegaleses sí, y, además, no tienen que pagar impuestos.

P. ¿Quién controla el negocio de los vu comprà?

R. Creo que la mafia, porque está en todo. Claro, que ahora nos estamos dando cuenta de que los de la mafia italiana son como boy scouts comparados con las mafias rusas o chinas.

P. En Pruebas falsas, también aborda el tema de la inmigración.

R. Como ya he dicho es un asunto muy complicado y terrible. Es inevitable. Ellos ven cómo vivimos en Europa. Buenos vestidos, tiendas, coches, negocios, cine, escuelas, seguridad. Nosotros lo tenemos todo y ellos no tienen nada.

P. En las dos novelas, como en casi todas las suyas, trata de la corrupción en Italia.

R. Es algo que también parece inevitable, pero si escarbamos en otros países europeos, como Holanda o Francia, encontraremos lo mismo. Sólo que en Italia es como más normal. Al fin y al cabo es un país católico y sabe que la carne es débil y que, además, existe el perdón de los pecados. Dicen que Berlusconi hace las leyes para sus amigos y las impone a sus enemigos.

P. Usted siempre a favor del Cavallieri.

R. Mis amigos dicen que le odian, pero a veces, en voz baja, afirman que es tan pícaro que resulta genial. Dijo que no quería volver a presentarse a las elecciones presidenciales y una semana después rectificó: estaba dispuesto a sacrificarse de nuevo por su país. Un tipo que es capaz de decir eso les inspira cierta ternura. Es como estar en el teatro. Lo cierto es que ahora hay más pobreza en Italia que cuando él llegó a la presidencia.

P. En Pruebas falsas, habla de un cierto rechazo hacia la homosexualidad.

R. En general, los italianos son tolerantes, más los jóvenes que los mayores. Al fin y al cabo, tienen el Vaticano en casa y todos saben muy bien que es la homosexualidad. Por cierto, felicidades al Gobierno español por la ley de los matrimonios homosexuales.

P. También retiró las tropas de Irak.

R. En cambio, los soldados estadounidenses siguen muriendo, perdiendo brazos y piernas, por no hablar de los muertos iraquíes. Los norteamericanos están por la voluntad del Gobierno de Estados Unidos y los iraquíes están haciendo la cola del pan. Es terrible. Me avergüenza ser ciudadana de un país del mundo civilizado que tortura a los prisioneros de guerra y no pasa nada. ¡Y ésa es la civilización que Bush quiere llevar a Irak! Para eso, ya tenían un régimen que les torturaba.

P. Usted siempre ha sido muy crítica con el Gobierno de Estados Unidos.

R. Para empezar, no creo en los políticos. En mi país, para llegar a la presidencia no hace falta ser inteligente. ¡Cómo si la inteligencia no fuera importante! En Estados Unidos no hay nadie que no sepa que Bush no es inteligente, ni siquiera sus amigos. Dicen que los que le rodean, su equipo, sus asesores, sí son inteligentes, pero no lo creo. Por esto pasa lo que pasa.

P. Lleva más de 20 años en Venecia, pero sigue siendo ciudadana estadounidense.

R. Por dos cosas. Según un dicho de mi país, cada cuatro años podemos echar a los bastardos, por eso sigo siendo ciudadana norteamericana, porque cada cuatro años podemos echarlos. Y sobre todo, por la lengua y la literatura inglesa, que es un regalo inmenso.

P. ¿Se niega aún a publicar los libros de Brunetti en Italia?

R. Sí.

P. ¿Tiene miedo de que la critiquen?

R. No. Conozco a italianos que los han leído en inglés y les gustan. No publico en Italia porque prefiero ser anónima. Se vive mucho mejor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de octubre de 2005