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Victoria Cirlot revisa los grandes mitos de la Europa medieval

'Figuras del destino' se centra en la literatura de los siglos XII y XIII

El solo nombre de estos héroes -Lancelot, Tristán, Perceval, Arturo...- nos transporta a otro mundo plagado de héroes, magia y grandes pasiones. Son los protagonistas del libro Figuras del destino. Mitos y símbolos de la Europa medieval (Siruela), en el que Victoria Cirlot (Barcelona, 1955) propone una nueva mirada a la novela artúrica que, a su juicio, "todavía tiene mucho que decirnos, porque es una auténtica filosofía de la vida". Entre sus enseñanzas figuran la de considerar la vida como aventura y también como una búsqueda constante. Algo que quedó marcado con fuego en el alma de la cultura europea.

"Hablo de Lancelot, Tristán y Percerval, pero en el fondo es siempre la misma historia"

"Estos libros nos enseñan que la vida es aventura y una búsqueda constante"

Explica Victoria Cirlot, profesora de Literatura Medieval y Comparada en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, que este libro surgió tras 25 años de explicar literaturas romances medievales en la universidad, traducir al castellano algunas de estas grandes obras (como Perlesvaus o El alto libro del Graal) y, también, tras alejarse de esta literatura durante un tiempo al sumergirse en la mística medieval, lo que le ha permitido recuperar una mirada fresca sobre el ciclo artúrico. Su objetivo con Figuras del destino es acercar al lector actual estos símbolos y esta literatura que permanece sepultada por los miles de refritos novelados actuales porque, asegura, "en lugar de leer el Código da Vinci es mejor leer a Chrétien de Troyes; es mejor literatura y enseña mucho más".

Y lo que fundamentalmente enseñan estas historias, que ella desmenuza y analiza de manera amena y detallada en su libro, es "la apertura del individuo a través de su contacto con el mundo exterior, a través de la aventura, es decir, la vida es aventura". Una aventura que es búsqueda constante y que refleja una concepción de la vida "como una cadena de transformaciones que se van desarrollando y en la que la muerte es uno de sus grandes eslabones. Todo esto lo vemos a través de estos caballeros que son los protagonistas de las obras más significativas y que afrontan la vida como realización de un destino, aunque no es un destino predeterminado como el griego sino que el individuo mantiene su capacidad de elección".

Es, a su juicio, la base de la actual cultura europea. "Europa nace en la Edad Media y todo el mundo grecorromano es asumido desde esta cultura. La gran novedad de Europa es que hace suya la tradición del mundo celta y germánico, una mitología pagana que se había transmitido por la vía oral y que en algunos momentos entra en conflicto con el cristianismo, aunque éste demostró en sus inicios un gran respeto por aquellos mitos. No hay que olvidar, por ejemplo, que fueron los monjes los que copiaron en el gaélico original las epopeyas irlandesas permitiendo así su pervivencia a través de los siglos. La elaboración de estos mitos que posteriormente hacen los escritores de los siglos XII y XIII, que son en los que yo centro mi libro, se enmarca en su propia cultura, que ya era cristiana y cortés". En todo caso, afirma, "la intención del libro es eliminar los aspectos que obstaculizan la empatía directa con estos textos para encontrar una esencia que a todos nos es conocida y familiar porque forma parte de nuestra tradición". En su opinión, no hay un solo personaje arquetípico. "Yo hablo de tres rostros, Lancelot, Tristán y Perceval, pero en el fondo creo que siempre es la misma historia, lo que pasa es que el acento se marca más en un lugar o en el otro. Al final, es la historia de la vida y el enfrentamiento con la transformación". Un proceso este último en el que, afirma, juega un papel importante el amor, sea el adúltero de Lancelot por la reina Ginebra, el que provoca de forma irremediable el elixir que comparten Tristán e Isolda o el platónico de Perceval por Blancaflor. "El amor es la gran novedad que aportan los escritores franceses y alemanes a las viejas historias de origen céltico. Lo que pasa es que ese amor tiene distintos modos. Está el amor que implica la autonegación del yo, el sacrificio, que sería Lancelot; la inmersión total en este amor tormentoso que implica gozo y dolor, cielo e infierno, que sería Tristán; y también está el amor como un medio para alcanzar un fin superior en el caso de Perceval y su búsqueda del Grial. Son tres posibilidades de una misma historia".

En pleno año del Quijote, la aparición de este ensayo parece redimir en parte las diatribas de Cervantes contra las novelas de caballerías. "Parece que Cervantes está en contra de esta tradición, pero hay que tener en cuenta que lo que crítica el Quijote no es esta novela del siglo XII o XII sino las copias burdas que se habían hecho en los siglos posteriores, especialmente la prosa horrorosa de los libros de caballería castellanos del siglo XVI. No creo que el Quijote sea contrario a estos mitos de la Europa medieval que, planteo en el libro, mantienen una continuidad, no lineal, desde que surgen en el siglo XII hasta nuestros días".

La belleza de los versos de Chrétien, que reproduce ampliamente en versión original y traducida en el libro, se corresponden en cierta manera, asegura, con la trasposición de los mismos símbolos que realizó Richard Wagner -el que a su juicio mejor entendió estos mitos aunque salva algunos momentos de Excalibur, de John Boorman- o, en otro código muy diferente, Wim Wenders. "Siempre he visto el cine de Wenders como si fuera una novela artúrica en la que los personajes están siempre errantes en un viaje incesante en el que todo puede suceder".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 7 de julio de 2005