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64ª FERIA DEL LIBRO DE MADRID

"No se puede entender el fin del nazismo sin conocer el principio", afirma Richard J. Evans

El historiador británico, que publica 'La llegada del III Reich', dice que Hitler era evitable

Cuando todo el mundo parece mirar hacia el final del nazismo, Richard J. Evans explica el principio. La llegada del III Reich (Península) es el título de la primera entrega de la monumental historia de los nazis en la que está inmerso desde hace años el historiador británico y que constará de tres volúmenes (el último, previsto para 2008). La obra publicada arranca de manera inusual en el siglo XIX, con Bismarck como un "personaje clave" en la posterior aparición del III Reich, y acaba con el ascenso de los nazis al poder en 1933. "Es cierto que poca gente piensa ahora en el inicio y en por qué los nazis triunfaron", admite Evans, que ha visitado Barcelona, al mencionársele el filme El hundimiento. "Pero no se puede entender el final sin conocer el principio", zanja con una breve sonrisa.

"Entender cómo llegaron los nazis al poder es más importante aún hoy si cabe al estar desapareciendo los testigos y desvaneciéndose el recuerdo", recalca. "Es aleccionador comprender por qué no se les pudo parar".

¿Estaba todo en el inicio, la supresión de las libertades, la guerra de agresión, el genocidio, o fue una evolución del sistema nazi? Evans (Londres, 1947), un hombre contenido hasta la antipatía y que subraya que no es misión del historiador emitir juicios morales pero cuyo libro refleja una mirada emotiva sobre la gran tragedia europea, piensa unos segundos antes de responder. "La importancia de la violencia física como argumento estaba desde el principio, y fue esencial para los nazis en la toma del poder. Esto no se ha enfatizado suficientemente. Hitler fue muy claro desde sus primeros discursos también en la violencia contra los judíos. El potencial estaba allí. Pero no fue sino hasta la II Guerra Mundial cuando las cosas se precipitaron. El antisemitismo se llevó hasta sus últimas consecuencias sólo con la contienda, cuando la conquista de Europa puso a los judíos de todo el continente bajo el poder nazi".

Sobre la cuestión de si Hitler dirigió personalmente el Holocausto o delegó en otros líderes del partido, el historiador -que contribuyó con su testimonio a desprestigiar definitivamente al revisionista David Irving- señala: "Nada se hacía sin sus órdenes, nada se llevaba a cabo sin su aprobación explícita. Tenemos la prueba en que cuando le interesó por razones políticas, Hitler fue perfectamente capaz de ralentizar o detener la campaña contra los judíos".

La llegada del III Reich, que recurre a testimonios directos como los diarios de Victor Klemperer o los recuerdos de Rudolph Höss, el comandante de Auschwitz -un aplicado nazi de la primera generación-, se plantea como un ensayo para un público amplio, y uno de sus valores es que Evans desmonta algunas de las creencias generalizadas en torno al nazismo. "Uno de los mitos es el de que los alemanes han sido siempre antisemitas y antidemocráticos, y que el III Reich y Hitler eran históricamente inevitables. Eso no es cierto. Hizo falta una serie de acontecimientos muy fortuitos para que los nazis llegaran al poder. Pudo ser diferente".

Otro mito, apunta, es el de que Hitler fue elegido democráticamente por los alemanes como dictador. "Pese a sus éxitos electorales, Hitler nunca fue elegido legalmente canciller del Reich ni los alemanes le votaron para que creara un Estado de partido único. La toma del poder por los nazis en 1933 fue de naturaleza ilegal, quebrantando las leyes de la Constitución de Weimar, y llevando a cabo en realidad, de enero a julio de 1933, un derrocamiento revolucionario del sistema político existente". Un tercer mito, indica el historiador, es el de que Hitler era "una especie de genio demoniaco" y que todo se debió a él. "El partido era anterior a Hitler y, por otro lado, Hitler ya estaba como líder cuando en 1928 consiguieron sólo el 3% de los votos. Es incorrecto ver a Hitler como un fenómeno determinista y como una figura imparable".

Buen amigo de Ian Kershaw, Evans está de acuerdo con el autor de la gran biografía de Hitler en que éste, en algunas áreas de su política, "reaccionaba más que actuaba" y explotaba las situaciones que se le presentaban. Para Evans la gran habilidad de Hitler era su retórica, su capacidad de hablar, y en eso se apoyó su liderazgo del partido.

Sorprende la afirmación de Evans de que Bismarck fue un personaje clave en la aparición del III Reich. "Sólo hay 50 años entre la fundación en 1871 del imperio alemán por Bismarck y el ascenso de los nazis al poder. Bismarck hizo gala de una gran brutalidad y violencia y mostró su desprecio por la democracia. El canciller de hierro fue también un jugador temerario que arriesgó mucho en sus maniobras internacionales. La imagen del caudillo dictatorial en Alemania tenía mucho del recuerdo de Bismarck".

El partido nazi, dice, usó la esperanza de muchos alemanes de que el III Reich sería una restauración imperial bismarckiana en una forma purificada. "En parte, el nazismo fue una mixtura de aspectos nuevos y viejos, de sueños imperiales y revolución, pero el partido era esencialmente revolucionario y hacia ahí se decantó. No desde un punto de vista económico o social, sino cultural".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de junio de 2005