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Reportaje:

Oncólogos con cáncer

Dos especialistas afectados por un tumor maligno se relevan al frente de la principal sociedad científica de oncología

Cuando Sandra J. Horning y David H. Johnson supieron que padecían un cáncer, una de sus preocupaciones inmediatas fue si la enfermedad acabaría con su carrera de oncólogos. Ya curados, los dos médicos han llegado a la cumbre de la oncología. Durante el congreso de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica (ASCO), del 13 al 17 de mayo, Horning sucedió a Johnson como presidenta de esta sociedad. Son los primeros supervivientes a un cáncer que dirigen la ASCO, el mayor grupo de especialistas en el tratamiento del cáncer. Los dos médicos afirman que no fueron elegidos para el cargo por ser supervivientes de un cáncer, aunque su selección se produjo en un momento de atención creciente hacia las cuestiones relacionadas con el modo en que los pacientes y sus familias se adaptan a la vida tras la detección y el tratamiento de un cáncer.

Horning y Johnson han comentado en entrevistas que la presencia del cáncer en familiares próximos influyó en la elección de su especialidad. La enfermedad les volvió más comprensivos con sus pacientes y más comprometidos a la hora de ayudar a otros enfermos de cáncer y a sus familias, dicen. Horning, que ejerce en Stanford, quería ser médica desde que tenía 14 años. Su padre murió de cáncer cuando era una estudiante de medicina de 21 años. Su madre ha superado dos tipos de cáncer. Esa experiencia familiar la ayudó en cierto modo a comprender y quizá a estar más preparada para lidiar con ciertas cuestiones emocionales vinculadas al diagnóstico del cáncer, su tratamiento y la supervivencia, explica Horning. El diagnóstico de una enfermedad mortal en potencia como el cáncer nunca llega en un momento oportuno. Hace cinco años, pocas horas después de que le comunicaran que padecía cáncer de mama, Horning tuvo que presentar una propuesta para una beca federal de investigación a un importante comité. "Cuando te diagnostican un cáncer, piensas en tu mortalidad", dice. "Eso es lo primero". Horning afirma que le parecía que tenía que sobrevivir para ocuparse de sus dos hijos, que entonces tenían 12 y 14 años.

Su predecesor, Johnson, es subdirector del Centro Oncológico Vanderbilt-Ingram de Nashville. Afirma que optó por ser oncólogo por las experiencias que vivió como estudiante de medicina y por el cáncer que le diagnosticaron a su madre. En 1989, a Johnson se le inflamaron los nodos linfáticos. Padecía un linfoma. En aquel momento, dice, había discrepancias sobre el mejor modo de tratar este tipo de linfoma, y se sometió a un tratamiento "increíblemente tóxico". A pesar de ello, Johnson iba cada día a trabajar. En lugar de ocuparse de pacientes, escribía artículos científicos sobre su investigación y solicitaba becas. Ese trabajo le evadió de su propio caso, cuenta, pero cometió el error de no hablar lo suficiente sobre la enfermedad con su esposa y su hija. Johnson dice que ahora pretende escribir un libro: Una vez que has sufrido un cáncer, nunca vuelves a tener dolor de cabeza.

© The New York Times

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 31 de mayo de 2005