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OPINIÓN DEL LECTOR

Un caso concreto de conducta depurable

El 5 de abril pasado, nuestra madre ingresó de urgencia en el Hospital de La Princesa, donde fue diagnosticada de leucemia aguda. Se nos informó de que su expectativa de vida era corta (entre tres y seis meses..., "aunque hay pacientes que superaban estos períodos"...). El día 7 fue ingresada en planta a cargo del médico responsable de periféricos de Hematología. Tenía fuertes dolores en todo el cuerpo, que fueron tratados con medicamentos que no tuvieron efecto, pese a que mi madre, que se jubiló de auxiliar de clínica en ese hospital, había pedido la sedación.

Durante siete días fue visitada por distintos hematólogos de guardia sin que eso disminuyera sus dolores. Se nos informó entonces que lo superaría, que se podría ir de alta en unos días. El día 11 fue visitada por primera vez por el médico responsable y la recomendó que se levantara para ir al servicio y mayor actividad. No podía hacerlo. El día 12, por la mañana, el mismo médico, en su despacho, repitió lo dicho el día anterior afirmando que lo que tenía era una depresión, que en pocos días mejoraría y sería dada de alta.

Ante la posibilidad de testamento vital para que no se alargara su agonía, amenazó con suspender las pastillas que se le estaban dando y despreció de hecho el asunto, ratificándose en todas sus afirmaciones anteriores. Mi madre moría dos horas y media después (14.40) con fuertes dolores. Ella era consciente desde hacía meses de su estado y de su desenlace. Había asumido y aceptado esa realidad y se había preparado para ella.

Quería hacer testamento vital. Tenía la esperanza de que la ayudaran a morir lo más dignamente mitigando sus dolores. No sólo eso, nos dieron expectativas falsas de recuperación, cuando en realidad lo que ha sucedido es que se ha errado en el pronóstico, despreciado su voluntad y no se le ha ofrecido una atención adecuada.

Creemos que la mayoría de los médicos no hacen eso, que cumplen con su visita diaria, que tienen en cuenta la voluntad libre y madura de sus pacientes, que no les abandonan aunque se estén muriendo y que dan información fundada y fidedigna. Pero creemos que lo sucedido es inmoral y que esas conductas deben ser depuradas de raíz en la prestación sanitaria.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 23 de abril de 2005