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Japón abre la Expo del desarrollo en armonía

Aichi inaugura el viernes una Exposición Universal bajo el lema 'La sabiduría de la naturaleza'

Con un gran alarde de tecnología punta, la prefectura japonesa de Aichi presenta en la Exposición Universal una propuesta de sociedad del futuro en la que la preservación del medio ambiente, el crecimiento económico y el desarrollo industrial conviven en armonía bajo el lema La sabiduría de la naturaleza. El país tecnológicamente más avanzado del mundo no ha dejado pasar por alto la ocasión para recordárselo a todo el planeta con esta Expo que abre sus puertas al público el fin de semana y podrá visitarse hasta el 25 de septiembre. Participan 121 países, cuatro organizaciones internacionales y varias organizaciones no gubernamentales que crearán un espacio de encuentro en busca de una sociedad más respetuosa con la naturaleza.

Lo que dejará más perplejos a los visitantes son los diferentes robots del recinto

El Gobierno japonés piensa aprovechar la oportunidad para intentar reunir apoyos a su intención de lograr un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas durante las visitas que realizarán los políticos extranjeros a la Expo, financiándolas en parte, como las de los países africanos, con un alto número de votos en la ONU, y los de Centroamérica, que no han decidido aún a qué país respaldarán, según reveló un responsable del Ministerio de Exteriores al diario Yomiuri.

La inauguración oficial de la Expo es el día 25, aunque el jueves día 24 se celebra una ceremonia en la que destaca el concierto de una superorquesta formada especialmente para la ocasión con músicos de diferentes formaciones del mundo que, dirigidas por Sado Yutaka, interpretarán obras de Holst, Chopin y Stranvinsky. También esta semana comenzarán los espectáculos diseñados para la Expo de artistas japoneses o internacionales como Bob Wilson -que ha ideado un espectáculo teatral experimental en un bello estanque del recinto que plantea la relación entre la naturaleza y los seres humanos- o Laurie Anderson, que presenta una instalación audiovisual que se mostrará en una gran pantalla situada en la macroplaza de la Expo y diversas instalaciones dispersas por el jardín japonés.

Toda la Expo se ha convertido en un lugar de experimentación en el que se usa tecnología avanzada y energía renovable, y en el que hasta los desechos y residuos producidos por los visitantes se transforman en combustible. En cuanto al transporte, a la Expo se puede llegar con el primer tren comercial japonés con motor lineal de levitación magnética, el Linimo. Novedades también son los autobuses de pila de hidrógeno a alta presión y con baterías híbridas de níquel-metal y los ciclo-taxis, bicicletas de asistencia eléctrica con coche de pasajeros. Sin embargo, los grandes protagonistas son el medio centenar de robots que cumplen multitud de tareas, desde entretener a los más jóvenes visitantes y de ayudar a cualquiera a encontrar un lugar en el recinto, hasta los que recorren la exposición limpiando el suelo o los que pueden ahuyentar con sirenas y luces a personas sospechosas, detectar fuegos y alertar a los agentes de seguridad.

Los que más perplejos dejan a los visitantes son los humanoides que a la entrada al pabellón de Toyota bailan rap a modo de saludo, al igual que el concierto del humanoide trompetista y sus colegas músicos de tuba, trombón, cuerno y tambor. Los Actroid, creados por las japonesas Kokoro y Advance Media, son humanoides con apariencia de mujeres jóvenes que dan la bienvenida en inglés, japonés, chino o coreano, gesticulando de forma adecuada a las 2.000 preguntas que contestan. Hay también robots que suponen una vuelta al pasado, como un tiranosaurio rex y un parasaurolophus que vivieron hace 70 millones de años.

Otra gran atracción de la muestra universal que recuerda que es una realidad el calentamiento de la tierra es el esqueleto del mamut del pueblo ruso de Yukagir, un macho adulto de 40 a 45 años que se cree que pudo haber vivido hace 18.000 años y que fue recientemente extraído del suelo helado en proceso de derretirse en Rusia.

Si de algo puede presumir Aichi 2005 es de hitos tecnológicos, que no de arquitectónicos, a excepción del pabellón de España y del de Japón en Nagakute. Este último tiene la apariencia del capullo de un gusano, pero hecho con 30.000 bambúes, cuyo concepto emana de la antigua sabiduría japonesa que consiste en tejer bambúes para formar un enrejado que proporcione sombra.

Esa cobertura impide que la luz y el calor lleguen directamente al edificio, creando un entorno parecido al de un bosque en el que sopla la brisa, lo que lleva a una caída de la temperatura interior y a economizar la electricidad para la climatización. A ello se suma la circulación de agua sobre las placas de acero fotocatalítico del techo por el que el calor de la evaporación permanente logra menor temperatura interior, lo que combina el descubrimiento nipón de fenómenos superhidrófilos que causan los fotocatalizadores con la costumbre japonesa, y también española, que consiste en buscar frescor regando agua en la calle y en la zona que rodea la casa.

El pabellón español, propuesta de fusión entre tradición e innovación elogiada por revistas de arquitectura niponas como la más vanguardista y original junto a la construcción japonesa con bambúes, oculta su estructura cúbica con 15.000 celosías hexagonales en cerámica de colores, obra de Alejandro Zaera-Polo, del estudio Foreign Office Arquitects (FOA), que sintetiza las culturas islámicas y judeocristiana en la Expo, en la que España ha programado 400 actividades bajo el lema Compartir el arte de la vida.

Los pabellones de entretenimiento de las grandes firmas niponas, como Mitsubishi, Toyota y Toshiba, destacan por sus formas singulares y por algunas de las atracciones que ofrecen, desde una noria gigante que incluye un viaje a la historia del transporte hasta la proyección de la primera película en 3D CG que introduce al espectador en el filme, ya que antes de la proyección se digitalizan sus rasgos faciales para convertirlo en actor virtual. La Expo consta de una sede situada en un bosque en la ciudad de Seto que estará conectada a la sede principal, situada en un entorno natural de la ciudad de Nagakute, en el emplazamiento de un antiguo parque boscoso que volverá a serlo tras la Expo, aunque ésta ha provocado ya el sacrificio de árboles.

Esta exposición es la primera del siglo XXI, la primera en la que participan organizaciones no gubernamentales (ONG) y la primera en Asia en que lo hace España, tras haber estado ausente de la celebrada en Osaka (Japón), de 1970, que recibió 64 millones de visitantes. En Aichi los cálculos son más modestos y las previsiones son de 15 millones.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 24 de marzo de 2005