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CARTAS AL DIRECTOR

Jóvenes y brillantes científicos

"Científicos españoles identifican una proteína que permite la extensión del cáncer". Dejando de lado la importancia que tiene esta noticia en el ámbito de la salud, los medios de comunicación destacan, sorprendidos, el hecho de que la edad media de los investigadores involucrados sea de 30 años.

Es evidente que no tienen ni idea de cómo funciona el mundo de la investigación, con todos mis respetos hacia los investigadores de cierta edad, que son sin lugar a dudas los más sabios.

Poco tiempo después de empezar su doctorado, cualquier futuro científico español se da cuenta de cómo funciona este business, de cuál es el objetivo principal de toda esta carrera: conseguir una plaza permanente en una universidad o en un centro de investigación (preferiblemente en España, lo cual es prácticamente una misión imposible, pero esa es otra historia).

La edad a la que un investigador comienza a buscar desesperadamente esa plaza permanente es en cuanto termina la tesis, unos 26-28 años, es decir, en su etapa de post-doc, ya sea en el extranjero o en su regreso a España. Y es tan importante este objetivo que se esfuerza al máximo por mejorar su currículum, no le importa pasarse la vida en su despacho o en su laboratorio, porque es un todo o nada: o consigues una plaza para siempre o te pasas la vida de acá para allá, sin saber en qué país estarás el próximo año y si conseguirás otro post-doc; y a nadie le apetece tirar por la borda una carrera que ha durado tanto tiempo.

Una vez conseguida la deseada plaza, la mayoría de la gente se relaja, lo cual es lógico después de luchar tan dura batalla. Así pues, no me sorprende nada que la mayoría de las investigaciones importantes las lleven a cabo equipos tan jóvenes. Tal y como están las cosas, es lo más lógico; además de la motivación puramente científica, se están jugando la estabilidad de su vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 12 de marzo de 2005