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CiU se suma a la presión del PP y pide un debate extraordinario sobre la crisis del 3%

Los socialistas acusan a la oposición de querer 'zaplanizar' la política catalana

El líder de CiU, Artur Mas, intenta arrebatar a Josep Piqué el liderazgo en la oposición al Gobierno de Pasqual Maragall que el dirigente del PP está consolidando. Para no perder pie en una carrera en la que los dos grupos de la oposición están divididos mientras el Gobierno tripartito hace gala de su unión, Mas solicitó ayer un debate extraordinario en el Parlamento para dar a Maragall "la última oportunidad" de rectificar sus acusaciones de corrupción. Lo más probable es que la moción de censura, que hoy será presentada en el registro del Parlamento catalán, se debata la próxima semana, jueves y viernes. Esta será la propuesta del Ejecutivo cuando la Junta de Portavoces del Parlamento decida la fecha.

Piqué ha ganado a Mas la carrera por el protagonismo en un asunto en el que los dos grupos de la oposición tienen "aproximaciones muy distintas", tal como destacó ayer mismo el portavoz del PP, Francesc Vendrell. El debate extraordinario solicitado por Convergència i Unió puede demorarse semanas, porque el reglamento de la Cámara no le fija plazo, al contrario de lo que sucede con la moción de censura, que ha de debatirse en cinco días como máximo.

El propio Piqué explicó que presenta la moción de censura como "único instrumento" a su alcance para forzar un debate inmediato en el Parlamento sobre las acusaciones de corrupción formuladas por Maragall.

Habrá, pues, un debate parlamentario entre Piqué y Maragall sobre este asunto, en el que Mas, líder del partido al que se formuló la acusación, CiU, tendrá paradójicamente un papel secundario.

Piqué destacó que desde que Maragall lanzó su insinuación sobre el cobro del 3% de comisiones en las obras públicas por los anteriores gobiernos de la Generalitat, hace una semana, CiU "ha amenazado con medidas que no ha materializado" y "va a remolque" de las iniciativas del PP.

La sucesión de propuestas lanzadas por Piqué estos días indican una notable agilidad a la hora de maniobrar. Pero han provocado la critica frontal de los partidos del Gobierno catalán, PSC, ERC, e Iniciativa Verds. Le acusan de haberse lanzado a la "magnificación" de un "incidente parlamentario" en búsqueda, precisamente de ese protagonismo frente a Artur Mas. CiU y PP "han entrado en una subasta por ver quién dice la barbaridad más grande", declaró ayer la diputada socialista Manuela de Madre. "Estamos en contra de la zaplanización de la política catalana", agregó.

"Protegido de Aznar"

El PP pidió primero la dimisión de Maragall, que no se produjo; después, un debate extraordinario en el Parlamento, que el Gobierno no estaba dispuesto a conceder; y después, acudió a la moción de censura. Que sí se va a debatir, pero que en modo alguno puede ganar y en el que ya ayer Artur Mas aseguró que "nunca" va a apoyar " a un protegido de José María Aznar".

Por su parte, CiU escogió, primero, la vía de amenazar con la presentación de una querella contra el presidente de la Generalitat por injurias y calumnias si éste no se retractaba en sede parlamentaria. Y ayer, 24 horas después de que Piqué anunciara su moción de censura, CiU solicitó formalmente un debate extraordinario como el ya propuesto días atrás por el PP. Y, al mismo tiempo, anunció para hoy la presentación de la querella.

La diferencia entre CiU y PP en esta batalla radica en que Piqué culpa a Maragall de haber generado un crisis política con acusaciones que no demuestra pero culpa también a Mas de haber recurrido al "chantaje" de bloquear la reforma del Estatuto de Autonomía si Maragall no retiraba su acusación. Y, en cambio, Mas sólo persigue la recuperación de la "honorabilidad" de CiU. Sin embargo, ayer, el portavoz de los nacionalistas, Felip Puig, subió el listón de sus críticas hacia el presidente catalán y aseguró que Cataluña camina irremediablemente a la convocatoria, este año, de unas elecciones anticipadas.

Jordi Pujol, en su calidad de presidente de Convergència, insistió ayer desde Bruselas en la crítica frontal contra el Ejecutivo de Maragall porque "más allá de los incidentes de los últimos días" lo que a su juicio es más importante es que "la acción del gobierno está dominada por la contradicción, la parálisis (...) y no se ve claramente hacia dónde va el país". Pujol señaló también que, contra lo predicado cuando él presidía la Generalitat, el hecho de que los socialistas gobiernen en Cataluña y en España no ha evitado que el Gobierno de la Generalitat esté hoy "en una total contradicción en la relación con el Gobierno central".

A esta cuestión se refirió también el secretario de organización del PSOE, José Blanco. El dirigente socialista aseguró que no hay "involución" alguna en la política autonómica de los socialistas y ha aseguró que las palabras de Maragall sobre los "riesgos" de un "golpe de freno" autonomista en el PSOE buscan "desviar la atención" del debate político catalán.

El portavoz del PSC, Miquel Iceta, declaró ayer su "desacuerdo" con esta apreciación de Blanco. Hacer frente a la crisis no es incompatible con "seguir prestando atención a otras cosas", señaló.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 4 de marzo de 2005