Kirchner certifica el fin de la suspensión de pagos declarada en 2001 con un canje del 80%

El presidente argentino dice que "por primera vez no se pagará con el hambre del pueblo"

El presidente argentino, Néstor Kirchner, anunció ayer en el Congreso que debe considerarse "íntegramente reestructurada la deuda argentina", declarada en suspensión de pagos a fines de diciembre de 2001 por 81.800 millones de dólares (63.000 millones de euros). "Por primera vez podrá decirse que no se pagará deuda sobre el hambre y la sed del pueblo argentino", dijo Kirchner. El jefe del Ejecutivo advirtió, por otra parte, de una dura renegociación de la revisión de los contratos con las empresas privadas concesionarias de servicios públicos, la mayor parte en manos extranjeras.

Kirchner anunció ayer ante el pleno del Congreso que después de un proceso de negociación valorado como "único y excepcional", Argentina "ha podido concretar exitosamente el más gigantesco canje de deuda en cesación de pagos de la historia mundial, y lo ha hecho en el marco de la concreción de la quita más grande de la historia".

El Ministerio de Economía del Gobierno argentino, Roberto Lavagna, informará oficialmente el jueves del resultado final de la operación de canje de bonos de los acreedores por nuevos títulos que, en promedio, suponen una quita del 70% sobre los 81.800 millones de dólares de deuda reestructurada. Un portavoz dijo ayer a este periódico que el porcentaje de aceptación será aún mayor al previsto y que, "probablemente, rondará el 80%" reclamado por los directivos del Fondo Monetario Internacional para convalidar el acuerdo.

La rutina anual de apertura de las sesiones ordinarias del Congreso y el informe sobre el estado de la nación tuvieron un alto contenido simbólico. El jefe del Ejecutivo leyó su discurso sentado en el mismo sillón de la Cámara de los Diputados desde el que 38 meses antes, en la última semana de diciembre de 2001, otro presidente peronista, Adolfo Rodríguez Saa -que no llegó a mantenerse siete días en el cargo-, declaraba la suspensión de pagos de la deuda pública y su anuncio era recibido con una ovación por varios de los parlamentarios que ayer aplaudieron a Kirchner.

El jefe del Estado se ocupó de resaltar las diferencias con los Gobiernos peronistas que le antecedieron, los de Carlos Menem y Rodríguez Saa, hoy aliados en la oposición, y el del radical Fernando de la Rúa, que encabezó la alianza de radicales y peronistas y acabó renunciando a finales de 2001. "No somos el Gobierno de la convertibilidad, ni el del endeudamiento externo, ni el del default [suspensión de pagos]".

Kirchner dedicó gran parte de su discurso a trazar los límites de la "dura negociación" que el Ejecutivo inicia en la "última etapa" de revisión de los contratos con las empresas privadas concesionarias de servicios públicos y a la que considera "la más importante discusión de intereses pendiente".

Disputa desigual

Para Kirchner, "se trata de una disputa desigual por los formidables intereses, concretos y puntuales que están en juego". Y puso un ejemplo concreto a modo de "rápida aproximación al problema", que las multinacionales de servicios se gastaron 12 veces más en publicidad en los medios de comunicación que el Gobierno argentino. "Esto explica muchas cosas. Sólo se trata de saber leer", dijo.

El jefe del Estado argentino dijo que no le "va a temblar el pulso" a la hora de tomar decisiones y que defenderá "con uñas y dientes" los derechos del pueblo argentino. Y advirtió: "Esta renegociación tiene plazos otorgados por la ley y debe realizarse en nuestro país conforme a sus normas sin que deba inmiscuirse tribunal ni árbitro alguno, por amañada que resulte la interpretación que de los tratados se haga para activar supuestas competencias.

Ningún tratado firmado por Argentina puede haber delegado en árbitros el manejo de la política económica ante una situación de emergencia. Las leyes argentinas garantizan hoy las inversiones extranjeras sin riesgo".

Kirchner añadió que no obligarán a ninguna empresa a quedarse en la República Argentina "haciendo beneficencia" ni pretenden obligar a nadie a perder lo que es suyo. "Quien quiera compartir el trabajo con nosotros, será bienvenido. Sobre bases serias es necesario culminar un proceso de reestructuración de los contratos atendiendo los derechos de los consumidores, sobre todo los de bajos ingresos, el proceso e inversiones y la rentabilidad empresarial", añadió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 01 de marzo de 2005.

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