"¿Y Zapatero qué hace?", preguntó el Papa a obispos españoles

Ciudad del Vaticano - 26 feb 2005 - 23:00 UTC

"¿Y Zapatero que hace?". La pregunta hecha por el Papa, de forma seca y sin rodeos, el pasado 22 de febrero -dos días antes de la nueva hospitalización en el Policlínico Gemelli- coge desprevenidos a los destinatarios, un grupo de obispos españoles de visita en el Vaticano. La audiencia es importante porque los prelados españoles saben que tendrán que contar al jefe de la Iglesia el estado de salud de sus diócesis.

Pero también es una audiencia delicada porque es la primera después de la concedida el pasado 27 de enero a otro grupo de obispos españoles a los que el Papa había manifestado su máxima preocupación por las políticas en materia de familia, educación y moral puestas en marcha por el Gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero. Una preocupación culminada con un llamamiento papal que pedía la libertad de la Iglesia española, llamamiento al que el Gobierno español había respondido con la convocatoria del nuncio apostólico para entregarle una nota de queja formal.

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En España -se comunicó al embajador pontificio- "la Iglesia es libre y no corre peligros". Nunca antes entre la Santa Sede y la catolicísima España las relaciones diplomáticas habían llegado a semejante nivel de choque.

Moral católica

Pero el papa Wojtyla -que nunca ha sido diplomático- tras 25 días y a la primera ocasión -la audiencia de otro grupo de obispos españoles- reabre y por sorpresa el capítulo de España, pidiendo directamente informaciones sobre el presidente Zapatero, el jefe del Gobierno socialista que ha puesto en marcha una serie de reformas -uniones entre homosexuales, uniones de hecho, enseñanza de la religión, políticas escolásticas- que no están en sintonía con la moral católica. De allí la pregunta a los cuatro prelados catalanes sobre Zapatero, formulada después de haber escuchado las relaciones sobre las respectivas Iglesias locales.

El Papa -relatarán al final de la audiencia quienes le vieron- ya mostraba señales del agravamiento de su estado de salud. Habla con dificultad, está tenso, muestra evidentes signos de debilitamiento. "Verle así", comentará uno de los prelados españoles saliendo del Palacio apostólico, "es un calvario". Pero él, Juan Pablo II, aprieta los dientes y escucha todas las relaciones. Al final, haciendo acopio de todas sus fuerzas, dirá, más o menos, estas palabras: "Bien, me habéis hablado de las actividades de vuestras parroquias, de vuestros seminarios; me habéis informado de las vocaciones en curso en vuestras diócesis y del estado de salud de vuestras Iglesias particulares. Estoy contento. Pero ahora decidme: ¿Zapatero que hace? ¿Como está la situación política? ¿Como es el momento actual de toda la Iglesia de nuestra amadísima España? ¿Zapatero qué dice?".

© La Repubblica / EL PAIS

* Este artículo apareció en la edición impresa del 0026, 26 de febrero de 2005.

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