Entrevista:FRANK RIJKAARD

El entrenador feliz

Estrella en el campo antes que en el banquillo. Rijkaard fue uno de los grandes jugadores del fútbol europeo con el Milan. Ahora va camino de ser un entrenador de referencia. En dos años ha convertido al FC Barcelona en un equipo de lujo. Éstas son las reflexiones de un hombre feliz.

En el documental Fútbol Club Barcelona. Confidencial que rodaron Canal + y TV3 aparece una imagen de este hombre, Franklyn Edmundo Rijkaard, holandés, de 42 años, regresando de una de las derrotas que marcaron el inicio de su trabajo en el Barça. Fue en Sevilla, ante el Betis, en el otoño de 2003, unos meses después de que él llegara al equipo acaso más fracasado de la historia azulgrana. Con él regresaban dos directivos, uno de ellos el presidente, Joan Laporta. Mientras Laporta hablaba con su compañero, en la madrugada de aquel nuevo fracaso, Rijkaard, que iba en el asiento del copiloto, pensaba, miraba fijamente a algún punto desconocido del camino y no decía nada. Luego pasó el invierno, y de inmediato el Barça empezó a ganar, igual que hace, aún con más brillantez, un año más tarde.

Vista ahora aquella imagen, cuando el entrenador ha pasado, como dice de él un retrato publicado por el diario británico The Independent, "from zero to hero" ("de cero a héroe"), se puede pensar que han cambiado las circunstancias, ha fructificado el trabajo del entrenador. Pero él no ha variado un ápice: sigue siendo un tipo reflexivo y relajado; mira aún muy fijamente a un punto indeterminado del camino; no se deja impresionar ni por la euforia del triunfo, ni por la melancolía que dejan en los entrenadores los malos resultados, y es reacio al halago, como si le resbalara tanto como aquel griterío que no logró hacerle arrojar la toalla azulgrana. Está equipado para sufrir en silencio, pero no se lo imagina uno, viéndole de cerca, con otras alegrías que las muy medidas que muestra en el banquillo ahora triunfal del equipo que ha salvado al menos de las ruinas del malhumor que le dejó su antecesor principal, el también holandés Louis van Gaal.

Rijkaard es un hombre sobrio, pero no sombrío, y mucho más grande de lo que ustedes pueden observar cuando le ven deambular en el banquillo o en las salas de prensa. Se diría que las cámaras lo han disminuido, pero no exactamente porque ahí él parezca más chico de lo que es en realidad, y es muy grande, sino porque es muy difícil que las cámaras traduzcan fielmente la autoridad que inspira cuando le contemplas de cerca. En aquella imagen del documental citado aparece Rijkaard como en el cenit inverso de la imagen que tuvo: un hombre acosado por la derrota y también por la prensa, que en algún caso colocó su cara al lado de un cartelón que ahora sabemos que a él le resultó indiferente: "¡Culpable!". Ya sabemos que aquélla no era la expresión de un hombre disminuido por el fracaso, sino que ése es realmente Rijkaard, como el personaje del poema If, de Rudyard Kipling, igual en la victoria que en la derrota, indiferente, apoyado acaso por una vida interior que él cuida igual que mima su vida privada, opacándola.

Para llegar a él tuvimos que pasar, naturalmente, por los servicios de prensa, por los sucesivos filtros que rodean a los héroes (y también a los villanos, aunque no es el caso), hasta que llegamos en el Nou Camp a la zona mixta del estadio, que es una abigarrada sala en la que jugadores, aficionados y personal de servicio del Nou Camp engrasan esta inmensa maquinaria de imagen y vanidades que es el fútbol antes y después de los partidos; por allí marcaban su territorio de autógrafos y declaraciones Eto'o y Xavi, acaso los dos personajes más simpáticos del equipo, con Ronaldinho, que se ocupaba entonces de unas cuestiones benéficas. Como si estuviéramos en medio de una factoría que tenía como objetivo acariciar la materia prima del éxito del Barça actual, escuchábamos leyendas que se detenían cuando llegaban a Rijkaard: ahora él es el líder, también para los empleados del club. Y cuando ya lo ves de cerca, equipado con una camiseta azul, en chándal, altísimo, ingresar desde su propio despacho a una sala abigarrada de voces, y de duchas, y de toallas, y de gente, te explicas que el Rijkaard que se ve en aquella imagen, y en el estadio, es uno que tiene poco que ver con este que está delante, porque ya aquí le ves de frente la mirada: te la clava en tus ojos, la mantiene en silencio y desprende de esa mirada la autoridad que todos le atribuyen.

Con esos ojos, imaginas, puede mantener en silencio un vestuario de estrellas, hacerlo callar cuando él quiera explicar una táctica, o decir, en voz baja (ésa es su voz), una bronca. Acaso en esa mirada reside el éxito de su trabajo: se la mantuvo al fracaso, cómo no se le va a sostener a cualquiera de los ídolos sobre los que manda. Cuando nos sentamos a hablar encendió un cigarrillo, marca Barclay, y luego otro, y otro, y otro. Esa adicción no explica ningún nerviosismo; es un hombre tranquilo, y se sabe que es feliz: porque lo afirma (feliz es la palabra que más dice) y porque tiene motivos. Le va bien, pero él no echa las campanas al vuelo. No es su estilo.

¿Cómo era usted de niño?

De niño era feliz; fui muy feliz jugando en la calle, haciendo fútbol, teniendo amigos. Cuando uno mira atrás descubre algunos defectos de esa infancia, y éstos te ayudan a descubrir por qué eres como eres.

Es muy grande esa palabra, feliz.

Creo que, si las cosas van bien, los niños tienen que ser felices. Cuando veo a mis amigos, veo cómo viven, qué casas tienen, cómo aman a sus hijos, imagino que deben ser felices. Los niños tienen que serlo. Y yo por lo general lo fui, aunque luego descubres cosas que no fueron felices…

¿Qué cosas fueron ésas?

Cosas que forman parte de mi carácter. Hay cosas de mi pasado que me han afectado, y el resultado es como soy ahora. Pero yo no soy quién para explicarlo… Es tu camino en la vida; el camino se va haciendo, uno siempre se está buscando, y mientras tanto no puede explicar qué está buscando…

¿Qué marcó su carácter? ¿Qué ambicionaba de niño?

¿Qué marcó mi carácter? No sé, una vida feliz rodeado de mucha gente, muchos amigos, y al tiempo yo era un solitario. Es algo contradictorio; disfrutaba de la gente, pero a veces sentía el impulso de quedarme solo, absolutamente solo, y así también era feliz: observaba a los amigos, a la gente, y me ensimismaba; estaba con ellos y al tiempo me sentía siempre muy solo…

Le vimos en el documental 'Fútbol Club Barcelona. Confidencial' cuando regresa a Barcelona después de una derrota; esa imagen suya de hombre silencioso y ensimismado, al lado del presidente… Acaso su vida interior le permitía estar ajeno a todo…

Puede ser. Sinceramente, me puedo aislar bastante del entorno, porque mi motivación me viene siempre de dentro. Y es algo que se produce en momentos buenos y malos: cuando tengo la convicción de que estoy trabajando bien y no nos acompañan los resultados he de vivir ese instante como es, no voy a desfallecer; el trabajo es seguir haciendo el trabajo porque el proyecto no se hace con un partido ni en un día, ni depende de una victoria o de una derrota; el camino es muy largo, acaso eso es lo que quiere decir esa imagen.

El fútbol desata tormentas que parecen sensacionales y al día siguiente se difuminan…

En fútbol hay que tener en cuenta el momento actual, no te puedes dejar llevar por la euforia o la tristeza, tienes que guardar el equilibrio. Creo que cada deportista o entrenador es bueno o fuerte según como le haya ido con su último partido, pero ha de ser consciente de que dentro de dos o tres días tiene otro, y ahí las cosas se le pueden torcer o mejorar. O sea, no creo que haya momento para relajarse. Claro que después de un triunfo lo tienes que celebrar, pero con los pies en el suelo…

Acaso ese realismo que usted muestra hablando es el que le permite convivir con los divos de manera natural…

No sé, creo que esa actitud es natural en mí; además, creo que dispongo de mucha capacidad autocrítica, y no sólo en el fútbol, sino en todas las facetas de mi vida; siempre me pregunto si estoy haciendo bien o mal aquello que es de mi responsabilidad, y siempre quiero ser auténtico, yo mismo, no dejar una imagen, lo mío no es la imagen: quiero ser una persona que sea consciente de quien es. Por eso me sorprende cuando la gente habla de mi presencia, de mi apariencia; yo quiero ser por dentro, como soy.

Usted es natural, como es…

Tampoco me gustan los dogmas; los dogmas son una trampa, una protección. Yo no digo como estoy o soy. Hay gente por ahí que valora eso.

¿Cómo siente que le han valorado? ¿Cómo le afectan las críticas?

Hago mi trabajo y no hago mucho caso. Mi trabajo es un trabajo, y así lo tomo; los demás pueden decir lo que quieran. Yo estoy muy orgulloso de estar en un gran club como el Barça, con una directiva que ha confiado en mí, y mi trabajo aquí es muy importante. Pero no estoy pendiente de si la gente me acepta o no. Lo que más me dicen es que ven que los jugadores se sienten felices, eso es lo que vale. La afición está contenta, llena el campo; ves a los socios, a los empleados contentos, al menos una sonrisa es una buena respuesta. Esto me hace feliz, pero no es lo único en lo que debo fijarme. Viéndoles felices me siento satisfecho, pero no lo veo como la confirmación de que me han aceptado o no, no pienso de mí en esos términos…

Eso es lo que usted percibía de niño, la gente alrededor feliz.

Sí, pero hay contradicciones. Cuando vas al Nou Camp quieres ver a la gente feliz, pero también piensas qué pasaría si la gente lo estuviera y tú no, ¿cómo vas a reaccionar? Siempre hay que pararse y reflexionar, en medio de los grandes éxitos y de los grandes fracasos es mejor pensar que reaccionar.

¿Cómo vivió ese tiempo de fracaso, al principio de la temporada 2003-2004?

Había que coger el ritmo. Cuando acepté el trabajo tenía en mente tres opciones sobre el porvenir: perfecto, regular y mal. Yo me preparo para todo. Y luego actúo. Y no me sorprenden las críticas, la gente tiene derecho a criticar. Pero había que analizar equipo, jugadores, el pasado, romper la idea de que no éramos ya un buen equipo. Y en esa primera vuelta tuvimos dos o tres ocasiones que pudimos romper la racha, ganando y empatando fuera, obteniendo buenos resultados. Y luego volvías a casa y dabas un paso adelante y dos atrás, porque si pierdes aquí hay que empezar otra vez. Creo que gracias a la mentalidad de los jugadores el año pasado, dándolo todo, hemos ganado al fin fuera de casa y aquí, y ahí empezó la buena racha. Como jugador se sabe: no es sólo táctica, es actitud; había que cambiar el ambiente, crear una nueva energía, y eso no es tan fácil cuando llevas años sin ganar nada. Y qué va a decir la gente, la prensa, si no se gana. Así que todo cambia cuando ganas y diviertes.

Y en ese ejercicio de realismo que hizo usted entonces se incluye la tristeza. A veces parecía usted muy triste…

¿Por qué no?, es un sentimiento humano. En cada momento feliz, si lo analizas bien, hay tristeza. Porque cuando lo estás viviendo sabes que se está acabando, que ya es pasado. Por eso importa buscar el equilibrio; los instantes felices hay que guardarlos en el corazón, porque una hora de felicidad no significa toda una vida feliz. Hay ratos en que tienes que superarte a ti mismo, demostrar fuerza o aceptar lo que pasa, o luchar contra… La vida es complicada en ese aspecto, pero también es atractiva porque te obliga a investigar qué quieres ser en cada situación, cómo debes actuar. Y para llegar a ese conocimiento hay que trabajar cada día. Hasta que haya momentos en que puedas decir: hoy estoy un poco contento de mí mismo.

Ahora mismo, ¿cómo está?

Trabajando…

El filósofo Emilio Lledó dice que dentro de cada sí hay un pequeño no y dentro de cada no hay un pequeño sí…

Eso forma parte de la personalidad, la duda. Buscas preguntas de la vida y buscas preguntas para ti mismo. Hay que buscar respuestas para las grandes preguntas, aunque a veces tienes que pedir ayuda para hallarlas…

¿Cuáles son esas grandes preguntas?

Por qué.

Por qué. Es una pregunta enorme…

Hay que buscar respuesta en todo lo que haces, y no hablo sólo como profesional.

Nunca se acaba de responder del todo a esa pregunta…

Por eso vivimos. No lo sabes todo desde niño. Tu vida es tu camino en la vida. Los años, la experiencia… Es su atractivo, las diferentes opiniones y respuestas que uno va hallando…

Usted lo ha ganado todo como futbolista, en el Ajax de Amsterdam (1980-1987, 1993-1995), en el Milan (1988-1993)… Ha sido un hombre de éxito. ¿Cómo viven los deportistas la tentación de creerse la adulación, el entorno?

Es una cuestión que no se debe generalizar a todos los deportistas. Cada uno tiene su motivación o su forma de vivir. No todos tienen la misma mentalidad y reaccionan igual ante el mundo que les rodea… Ser famoso no significa para todos lo mismo.

¿Cómo descubrió usted el fútbol?

Creo que fue determinado genéticamente. Mi padre jugó al fútbol, y yo desde pequeño sabía que quería jugar con mis amigos; no pensaba en lo profesional, pero la pelota siempre ha ejercido una gran atracción sobre mí.

Decía un gran aficionado, el escritor argentino Roberto Fontanarrosa, que en el fútbol puedes averiguar cómo es cada persona: ahí descubres al generoso, al egoísta, al malvado. ¿Usted cómo se definiría como futbolista?

Creo que tuve un poco de todo, pero siempre fui más que nada un jugador de equipo, apoyando, aunque a veces buscara mis propios momentos…

¿Y qué aprendió para entrenar?

Hay muchos cursos que te enseñan y mucha gente estudiando cómo hay que entrenar, y cuando ya has aprendido parece que lo que sabes pierde fuerza ante la realidad. Siempre hay que seguir aprendiendo, a veces para borrar lo que ya sabes. En mi vida he visto muchos entrenadores, y cada uno tenía su manera de ser. He funcionado con este método y con este otro, bastaba que fuera auténtico en cada sitio y ocasión, que fuera yo mismo, que no copiara, porque entonces eso sería como actuar en un cabaret y el jugador lo notaría inmediatamente. He conocido entrenadores que sólo con mirar a los ojos de los jugadores ya les hacen entender. Y hay otros que usan muchas palabras y también funcionan. Hay muchas maneras de ser.

A veces me fijo en las señas que hace usted en el campo: se cruza las manos, las dobla, les silba… Parece que juega al mus con sus futbolistas.

Ésas son las cosas básicas en un equipo, el entendimiento que uno ha aprendido a tener desde el entrenamiento. El compañerismo hace que todo el mundo entienda las mismas señas. Todo en el fútbol empieza por las reglas básicas del juego que cada uno se impone, ésa es tu manera de ser. Y es muy importante tener en cuenta la parte defensiva, porque a veces tienes la pelota y atacas, y a veces no la tienes y has de defender. El conjunto de esas circunstancias te da la táctica que trabajamos aquí con Eusebio, con Juan Carlos Unzúe, con Ten Cate [sus ayudantes en el banquillo]. Y somos un equipo, lo comentamos con los jugadores para que lo entiendan y mejoren.

Y luego está el partido. Supongo que ahí juega también el estado de ánimo; ahí, además, no pueden ustedes variar un resultado cambiando sólo de táctica en el segundo tiempo…

El fútbol es también emoción, claro que sí. Cuando quieres explicar una cosa, lo más importante es que el mensaje llegue. Si te responden enseguida que sí lo han entendido, yo me extraño porque no es tan sólo que llegue el mensaje, también tiene que llegar la emoción, el sentimiento…

¿Usted se enfada mucho?

Sí, pero trato de analizar las razones del enfado para corregir mejor la causa. Si nosotros pedimos respeto a los oponentes, tenemos que ser también respetuosos, graduar adecuadamente tus enfados, predicar con el ejemplo…

Usted se enfada con los jugadores que protestan las decisiones arbitrales…

Sí, porque eso no ayuda, te despreocupa del juego. No puede ser que la pelota esté ahí y vayas al árbitro, eso te desorganiza. A veces digo que vamos al campo a ayudar al árbitro. Se necesita ayudarle porque el árbitro tiene su personalidad y actúa en función de sus impulsos, se puede equivocar como cualquiera; tú debes ser listo y profesional, no interrumpirle ni darle argumentos para que él te interrumpa…

Ahí tiene un cómplice en Ronaldinho…

Sí, porque transmite deportividad, es contrario al juego duro y desprende felicidad jugando.

Usted vino al Barça en una situación complicada, cuando ya el 'dream team' de Johan Cruyff parecía una sombra que no regresaría jamás… ¿Ha sido Cruyff una sombra para usted?

No, hombre. Cuando vine a formar parte del Barcelona, lo primero que sentí es que todos querían recuperar el orgullo de volver a ganar. Aquello no fue sombra, sino estímulo. Y no vamos a comparar los dos equipos. No es posible. Fueron dos momentos muy diferentes. No caigamos en esa trampa: no es una sombra, es una motivación adicional; ellos han entrado en la historia y nosotros queremos entrar también. Creo que cada deportista quiere el máximo para su tiempo. Tenemos que ser nosotros mismos, es contraproducente buscar sombras en las que mirarse.

¿Qué opina de aquel Barça del 'dream team'?

Dejó una gran impresión en Europa y en el mundo, fue el juego más bonito de su época.

¿Y se siente usted orgulloso de este Barça, cuál es su sentimiento?

Que estamos en el camino, trabajando…

Usted es como un editor, tiene muchas estrellas en su catálogo; la más celebrada es Ronaldinho. ¿Cómo se las arregla para que en el grupo no sientan celos, cómo logra la armonía?

A diario hablamos Eusebio, Juan Carlos, Cate y yo mismo con todos, tensionamos, pero siempre los tratamos a todos y cada uno con mucho respeto. Ésta es la base para que un jugador se sienta seguro y valorado. Puede haber momentos en que ellos perciban que no lo son, porque son convocados y no salen al campo; entonces les tienes que convencer de que hay que seguir trabajando porque llega un momento en que pueden entrar y tener su momento de gloria en el equipo…

¿Y cómo evolucionará este deporte hoy tan competitivo, tan dominado por el dinero y el éxito?

Depende de los clubes. Es verdad que hay mucho dinero alrededor, hay clubes que compran a los mejores jugadores, y eso cuesta. El fútbol básicamente son los resultados, y cada equipo busca los mejores; un candidato al título tiene que buscar cómo lograrlo, y uno más modesto ha de defenderse para no caer en el descenso, y los del medio saben cómo deben moverse para mantenerse ahí sin deterioro. Depende. A mí me gusta que cada club tenga su propio peso en la liga con cuatro o cinco jugadores de referencia, crecidos en la propia plantilla, aunque compre jugadores que puedan significar la diferencia. Detrás de cada equipo tiene que haber una filosofía.

¿Cómo ve el fútbol que se hace en España?

Está considerado como el mejor del mundo y creo que es verdad; me parece que el equipo que se distrae un poco tiene problemas con cualquiera, y eso supone que el nivel es muy alto, las ligas están muy abiertas…

Durante la conversación ha usado dos palabras con frecuencia: feliz y amigos. ¿Ambas se pueden conjugar bien en el mundo del fútbol?

Un futbolista tiene que buscar la felicidad en su propio rendimiento y dentro de su equipo. Y se halla cuando hay amistad entre los jugadores. Pero no siempre es así: lo fundamental es el trabajo. No es necesario que sean amigos todos los de tu alrededor para que tú lleves adelante tu responsabilidad laboral o profesional…

¿Y su relación con los jugadores es ésa, la profesional?

Sí, ésa es la base. Te puede encantar el carácter de uno, pero ésa no es tu base para elegirlo.

¿Tiene muchos amigos en Barcelona?

Bueno, no llevo mucho tiempo, y el trabajo es en este momento lo más importante; no tengo tiempo para salir a conocer gente. Estamos trabajando para el resultado, eso es lo más importante.

Usted ha dicho que está en contra de las protestas de los jugadores… Y contra la violencia, claro.

Sin duda.

¿Encuentra el fútbol demasiado violento?

Hay que poner límites, sí.

Tuvo un enfrentamiento violento con el alemán Rudi Voeller. ¿Cómo recicló ese episodio?

Es pasado, luego nos hemos visto y lo hemos olvidado, él en el Roma y yo en el Milan. Me arrepentí, claro; no di la imagen correcta. Hay que aprender de los errores que uno comete.

Usted ha llegado en un momento en que surgen, entre la afición española, fenómenos de racismo. ¿Lo ve como anécdota o como preocupación?

Creo que dentro de los equipos hay gran compañerismo y gran respeto, porque todos son una mezcla. El deporte une más a la gente. Es lo bueno del deporte, y hay que transmitírselo al público. Pero en el fútbol hay declaraciones y hay prensa, y la prensa está ahí para hacer noticia de todo. Por eso hay que reaccionar, y si algo se calienta hay que enfriarlo porque el público se puede manipular muy fácilmente. En el mundo del fútbol hay que buscar cómplices para mejorar las relaciones, para que la gente piense antes de reaccionar. Se lo dije: pensar es mejor que reaccionar…

Es que el fútbol puede ser muy pedagógico…

Sí, el fútbol afecta a mucha gente en el mundo, ésta no es ninguna sorpresa. Pero no se puede pedir que cada futbolista, que cada deportista, sea un ejemplo, porque no lo es. Hay políticas y hay reglas, ésas son las que funcionan para que se acentúe el civismo de la gente. El futbolista tiene que jugar, y claro que es bueno que se comporte dando ejemplo, pero lo mejor es que todo el mundo se comporte y dé ejemplo.

Ahora está en Barcelona; antes estuvo en su tierra, en Italia, pasó tres meses en Zaragoza, tiene un hijo y una hija. ¿Es duro psicológicamente imaginar que éste tampoco es su último destino?

Ya estoy acostumbrado, te adaptas. También he vivido en Portugal, en Francia. Cuantas más experiencias tienes en el extranjero, más te adaptas a los países y disfrutas de cada ocasión que te dan para encontrar a otra gente, otra cultura. Cuando estás acostumbrado lo tomas como una parte más, indispensable, de esta profesión…

Se dice que en un partido ante el Sevilla, que fue suspendido por la lluvia, le buscaban para saber su criterio sobre la suspensión y le hallaron en el vestuario solo, leyendo un libro…

No, el árbitro nos pidió media hora de tiempo y yo esperaba en el vestuario, leía mis apuntes. Y soy lector, sí, pero cuando tengo tiempo libre. Ahora mi vida está en el fútbol; dedico mucho tiempo al fútbol, a la prensa. Y cuando estoy en casa, estoy con mis hijos, con mi familia, tranquilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del domingo, 19 de diciembre de 2004.

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