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Crítica:LIBROS PARA NIÑOS Y JÓVENES

Sin efectos especiales

Cuentos populares rusos tratados con delicadeza y fidelidad. Es la recopilación que hiciera Alexander Nikoláievich Afanásiev de las historias y leyendas orales y populares de su país. Un clásico que conserva su lugar en la literatura clásica, con relatos maravillosos que ayudan a ordenar el mundo del niño.

La colección de cuentos populares rusos recopilados por Afanásiev es una de las joyas imperecederas de la literatura popular. Hombre culto, erudito, filólogo como los Grimm, su aportación al cuento folclórico es igual o superior a la de los dos famosos hermanos. A diferencia de éstos, Afanásiev no metió mano a los cuentos (ni los literaturizó libremente como hizo Perrault), sino que se ocupó de recopilarlos del conjunto de transcripciones existentes (es decir: no hizo trabajo de campo, eso se lo dieron hecho) y su aportación extraordinaria es la compilación y ordenación de los mismos, además del rigor científico con que los reunió y editó. Es impensable hoy día el estudio de la tradición folclórica sin el concurso de Afanásiev.

EL ANILLO MÁGICO

Alexander Nikoláievich Afanásiev

Traducción de Eugenia Bulatova y Elisa de Beaumont

Páginas de Espuma

Madrid, 2004

280 páginas. 21,12 euros

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Esta selección que hoy aparece, centrada sobre todo en los cuentos denominados "maravillosos", es más que una buena y equilibrada selección: es una propuesta de lectura actual de unos textos clásicos. Parece que el mundo de lo maravilloso está hoy más cerca de los efectos especiales que de la imaginación. Los cuentos populares apelan a esta última y cabe la posibilidad de que el lector los encuentre desmesurados o infantiles. No son ni una cosa ni otra. Para el público infantil y, sobre todo, juvenil, sumergirse en estos relatos se tarda lo que en dejar volar la imaginación. Son cuentos duros, crueles incluso, varios de los cuales, si se leen con los ojos del adulto realista, dejan en pañales a Quentin Tarantino. El ojo infantil -no todo cuento popular es infantil, recuerdo- mira, en cambio, de manera simbólica y, como dejó claro Bruno Bettelheim, convierte en estructuras y símbolos los aparentes horrores para ayudar a los niños a ordenar el mundo sin daño.

Los editores (un excelente

prólogo explicará mucho a los legos en la materia) han seleccionado, además, cuentos que tienen versiones o semejanzas suficientes con cuentos populares españoles, lo que hace aún más atractivo el libro (El dragón y la camisa milagrosa, un tema clásico; La pluma del hermoso halcón, con el tema del pajarillo herido por las hermanas envidiosas, o La tsariévna rana, que es una versión cabal de nuestro La princesa rana). Por el volumen circulan los encargos inverosímiles que ponen a prueba al héroe, la astucia de las esposas para librar a sus maridos de apuros o para meterlos en ellos, los objetos mágicos, los malos castigados, despedazados, fusilados o decapitados, los humanos transformados en animales, el dominio del héroe o de sus ayudantes sobre los animales salvajes... pero, sobre todo, pues se trata de relatos que tienden a ser siempre ejemplares, a contener enseñanza, están presentes valores tradicionales como la esperanza, la paciencia, el sufrimiento o el esfuerzo, sólo que manifestándose a través de imágenes literarias y no de doctrina verbal; por ejemplo, los zapatos de hierro que ha de calzar y desgastar la heroína para reencontrar a su amado son la representación de la paciencia y la voluntad por alcanzar algo; porque aquí, además, todo lo que merece la pena se alcanza con esfuerzo y ya se sabe que quien no se esfuerza en vivir o en pensar no ha de encontrar o pensar nada interesante. Por otra parte, tampoco hay tanto nuevo bajo el sol que no lo ilumine la imaginación: en el relato que da título a esta selección, El anillo mágico, el lector de hoy no dejará de reconocer a unas figuras estrictamente contemporáneas: los clones, doce en total, en este caso.

Quien quiera contar un cuen

to que fascine a un niño o el adolescente que quiera dejar volar su fantasía sin necesidad de recurrir a efectos especiales -o para mejorarlos, que ésa es otra- ha de leer este libro. Incluso aunque se entre en ellos con reticencia, son cuentos que, a poco de empezar, te sumergen en un mundo lleno de fuerza expresiva, de ingenio y de memoria de nosotros mismos. Y conviene añadir que una incursión de esta clase en lo fantástico, créalo el lector, mejora la autoestima.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 18 de diciembre de 2004

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