Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA i

La duda de Júnior

Júnior, que se llama Pascual Martín Martínez, y tiene 12 años, y ha adelgazado un poco aunque sigue siendo el niño más gordo de su clase, pero el más alto ya no, porque este mundo es un asco de puro injusto, y el chulito de Fernando, encima de que es rubio, y delgado y juega al baloncesto, ha pegado un estirón descomunal, está perplejo. No es la primera vez que le pasa, qué va. Júnior, que antes pensaba mucho porque, en este asco de mundo, a los niños gordos que se llaman Pascual no les queda más remedio que pensar mucho, ahora sigue pensando por su cuenta, porque lo necesita, porque se ha aficionado, porque su cabeza se ha convertido en una máquina potente y bien engrasada que no precisa de su voluntad para funcionar. Por eso, la duda es un estado habitual en su vida, pero lo de hoy es distinto. Lo de hoy no puede resolverlo él solo.

-Oye, papá… -su padre, que está secando vasos al otro lado de la barra, sigue discutiendo con sus amigos sobre la cantera más apropiada para poner a picar piedra a los galácticos del Madrid, y ni siquiera le mira-. ¡Papá!

-¿Qué?

-Es que tengo una duda… Verás. Estoy haciendo un trabajo sobre los totalitarismos, ¿no?, y resulta que he copiado las deficiones de "fascismo" que vienen en un diccionario que he mirado en la biblioteca, y no entiendo bien…

-¡Ay, hijo mío! -Pascual sénior le mira con cara de mucha pena y una punta de impaciencia, porque Braulio pretende seguir diciendo que la culpa de todo la tiene Raúl, y eso sí que no, hasta ahí podíamos llegar-. Si yo no entiendo nada de eso, ya lo sabes. Mira, ahí tienes a Modesto. Pregúntaselo a él.

-Pero, papá…

-Nada de eso, Braulio, nada de nada, ¿me oyes? Y si quieres, hablamos de Florentino, ¿quiéres que hablemos de Florentino?

Cautivo y desarmado, Júnior se aleja despacio de la barra y se queda mirando a Modesto, el suegro de Saturnino el taxista, que está jubilado pero se empeña en pagar entera la cuota del sindicato. Ya sabía que antes o después tendría que recurrir a él, pero le hubiera gustado evitarlo, porque le cae bien, porque le admira mucho, y porque cada vez que sale el tema, se coge unos berrinches que para qué. Todavía se acuerda del verano pasado, cuando vieron juntos, en la tele del bar, un episodio repetido de Cuéntame, en el que Tony Leblanc, que hacía de quiosquero, le daba la mano a López Vázquez, que hacía de republicano represaliado -y del POUM, encima del POUM, por si no tuviéramos bastante, chillaba Modesto-, y le decía: "Yo luché por la Monarquía". Júnior todavía se acuerda de aquellos gritos, de aquella rabia. Para contar mentiras, que no cuenten nada, dijo al final. Aquella noche, Júnior tenía tiempo. Por eso, escuchó a Modesto con atención, y le entendió cuando dijo aquéllo, mientras en España haya un solo niño que aprenda que en este país lucharon unos que se llamaban nacionales, y otros que ya siempre le dará igual cómo se llamen, Franco seguirá ganando la guerra todos los días. Le entendió, pero lo pasó tan mal mientras le escuchaba, y él lo pasó tan mal mientras hablaba, que pretendía ahorrarle otro disgusto. Claro, que la señorita Pura ya le tenía bastante manía como para aparecer el jueves con el trabajo a medio hacer.

-Oye, Modesto… -dice por fin, sentándose a su lado-. Tengo un problema, a ver si me puedes ayudar. He mirado en un diccionario… -y consulta su cuaderno-, Diccionario del español actual se llama, y en "fascismo" vienen dos definiciones muy distintas. La primera dice que es un movimiento político de carácter nacionalista y totalitario. Pero, justo debajo, pone que "fascismo" es una tendencia política de derecha o moderada, desde el punto de vista de la extrema izquierda. Eso no puede ser, ¿verdad? Quiero decir, que si la segunda es verdad, pues la primera no puede serlo. Porque si todos son fascistas, ninguno es fascista en realidad, ¿o no? Y además, he mirado en "estalinismo", y hasta en "comunismo", y no viene nada por el estilo.

-¿Eso pone? -Modesto levanta las cejas, abre la boca, mira a Júnior con una expresión de asombro purísimo y suelta dos juramentos seguidos, de los gordos, antes de seguir-. Lo de este país es increíble, ya, lo de este país, es que no hay quien lo aguante… Ahora, que te digo una cosa. El que haya escrito eso, un poco de razón sí que tiene, seguramente a su pesar, pero… Porque yo de extrema izquierda no soy. Yo soy de izquierdas a secas, y últimamente, de la Conferencia Episcopal para abajo, todos me parecen fascistas, mira lo que te digo…

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 14 de noviembre de 2004