Editorial:Editorial
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Demasiado énfasis

El exceso de celo que ha puesto el ministro de Defensa, José Bono, en cargar de significado el desfile del día de la Fiesta Nacional ha provocado que lo pensado como expresión de concordia haya resultado fuente de agrias polémicas; no el acto en sí, que transcurrió con normalidad, sino todo lo que le ha rodeado.

En 2001, un mes después de los atentados del 11-S, se invitó a participar a una representación de las Fuerzas Armadas norteamericanas, a modo de homenaje solidario. El gesto se ha repetido en los dos años siguientes. Convertirlo en tradición permanente no tiene mucho sentido, pero justamente este año era el menos oportuno para interrumpirla. Precisamente por el mal momento de las relaciones diplomáticas a cuenta de la retirada española de Irak la ocasión era oportuna para hacer ver que, pese a esa divergencia, España considera a Estados Unidos un país amigo y aliado. No sólo no se ha hecho así, sino que la decisión se ha acompañado de un énfasis retórico ("aquí no nos arrodillamos"), absurdo y ofensivo.

La escenificación de la reconciliación mediante la presencia de veteranos de la División Azul y de la División Leclerc (que combatieron en campos enfrentados en la Segunda Guerra Mundial) también ha resultado fallida por exceso de énfasis. La reconciliación ya se ha ido produciendo silenciosamente en la sociedad a lo largo de los 60 años transcurridos. Pretender proclamarla de una manera tan ostentosa en un desfile tiene el riesgo de reabrir heridas. Bono no podía ignorar que su gesto sería interpretado por muchos como un intento de equidistancia entre actitudes que no admiten equiparación.

Hay un complemento de inoportunidad en relación a Cataluña. El día 15 está previsto un homenaje a Lluís Companys, presidente de la Generalitat fusilado por Franco en 1940. Lo fue tras ser detenido por la Gestapo en París en una redada realizada a instancias del ministro franquista Ramón Serrano Suñer: el impulsor de la iniciativa de crear la División Azul. Maragall rompió el abstencionismo de su antecesor, Pujol, respecto a la Fiesta Nacional española, lo que le ha sido reprochado por sus socios del tripartito, sobre todo por quienes plantean que el presidente Zapatero pida perdón por el fusilamiento de Companys, en un planteamiento que establece una continuidad entre el franquismo y el Gobierno socialista. La iniciativa de Bono viene así a confundir y alimentar todo tipo de demagogias, entre otras, la de quienes siguen considerando que la guerra fue un enfrentamiento entre España y Cataluña, y no una guerra civil también entre catalanes.

Caídos por España, asesinados por el terrorismo, víctimas del Yak-42, cambio en política exterior: demasiadas cosas para un desfile. El estilo barroco de Bono ha resultado en esta ocasión poco eficaz para el fin propuesto. La concordia no hace ruido, y ayer se escenificó en las tribunas, donde confraternizaron representantes de diferentes partidos, e incluso guardaron las formas políticos de sectores rabiosamente enfrentados de un mismo partido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 12 de octubre de 2004.

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