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Crítica:

Muertas vivientes

Con la publicación de este volumen, la profesora y escritora Pilar Pedraza completa una trilogía (La bella, enigma y pesadilla y Máquinas de amar son los títulos precedentes) en la que ha investigado la presencia de seres que vuelven de la tumba. La autora nos advierte desde el principio que el libro contiene "un corpus selectivo de cadáveres femeninos" pues "los muertos nunca mueren del todo, especialmente Ella". Contrariamente a lo que puede suponerse, cuando vuelve a la vida aquella persona que era tan amada la reacción no es de alegría porque "la muerta, al volver a la vida, se convierte en un agente de la muerte, tal vez en la Muerte misma".

Comentando un filme co-

ESPECTRA

Pilar Pedraza

Valdemar. Madrid, 2004 374 páginas. 17,90 euros

mo Ordet, una vez se llega a ese final tan puro en que la fe consigue el milagro de la resurrección de Inger, cabe preguntarse por lo que pasará después, aquello que ya no está en la película. ¿Aceptará la familia a la resucitada? ¿Cómo la mirará la gente? ¿Recuperará su vida cotidiana o deberá regresar al mundo de la muerte como sucede en un cuento de Pardo Bazán? Tratándose de mujeres que regresan, de revenants que toman la forma de vampiras, fantasmas, retratos, estatuas, muñecas o sueños, nada mejor que reunir en un capítulo de expresivo título, 'Los consuelos del viudo', las muchas versiones de esa historia en que el viudo afirma la existencia de la amada. Desde el tema clásico de Alcestis, cuya estatua inerte acompaña a su marido Admeto durante el resto de su vida, hasta Solaris, novela de Lem y versiones cinematográficas de Tarkovsky y Soderbergh, donde la evanescente revenant es casi un espíritu puro. Pedraza sabe mucho y el lector la acompaña con gusto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 25 de septiembre de 2004

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