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Reportaje:UNA DIADA DISTINTA

El Fórum recuerda el 11-S chileno

Pasqual Maragall evoca a Salvador Allende, junto a su hija Isabel, en el 31º aniversario del golpe militar que lo derrocó

"La dignidad de un pueblo se demuestra cuando es capaz de reafirmarse, asumir sus tragedias y hacer suyas las de los otros. Es nuestro caso hoy". Así cerró ayer el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, un emotivo recuerdo al presidente chileno Salvador Allende en el 31º aniversario de su muerte. Fue mucho más que eso. El acto que se celebró en el Fórum constituyó una reivindicación de la figura de Allende como un referente de la política contemporánea. Las palabras de Maragall eran a su vez un homenaje al 11 de septiembre catalán, a las víctimas de los ataques terroristas de hace tres años contra EE UU y a las de los atentados de Madrid, sucedidos hace seis meses.

Maragall recordó que ayer se cumplía un año desde que visitara Santiago de Chile para participar en el tributo que por primera vez Chile rendía a Allende. "Era un acto en el que se debía estar". La figura del presidente se recordó ayer con un resumen de 30 minutos del documental de Patricio Guzmán sobre la figura de Allende. La hija del presidente, Isabel, quiso recuperar la imagen del líder socialista a través de un recuerdo de sus años de estudiante, cuando adquirió su sensibilidad social, o bien cuando ingresó como diputado en 1937. "Fue un hombre de profundas convicciones democráticas, que nunca aceptó otra vía para gobernar que no fuera la democrática. Y eso que en ese momento, cuando América Latina vivía profundas desigualdades de reparto de riqueza, se producían numerosas revoluciones", recordó Isabel Allende.

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El alcalde de Barcelona, Joan Clos, quiso recordar las vinculaciones del presidente Allende con la capital catalana. Él fue quien recibió en Valparaíso, explicó, a los barceloneses a bordo del barco Winnipeg, que en 1939 tuvieron que exiliarse de España.

Maragall cerró el acto recordando que Cataluña celebró ayer la Diada de una forma festiva. "Somos un país libre, casi libertario", aseguró, "donde todas las manifestaciones son posibles; pero este acto era necesario, debíamos abrir los brazos a los amigos que han sufrido las tragedias de los 11 de septiembre". Tras el acto, Allende dio una charla abierta en una plaza repleta de gente. Cerró los festejos la soprano norteamericana Barbara Hendricks con un bello recital.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 12 de septiembre de 2004