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Reportaje:UN PAÍS DE CINE 2

'Vacas', el primer largometraje de Julio Medem

EL PAÍS ofrece mañana, sábado, por 1,95 euros, una sorprendente historia rural

En 1992 se presentaba fuera de concurso en el Festival de Berlín el primer largometraje de un joven realizador vasco, Vacas. Una historia rural compleja de tres generaciones de dos familias, con una estructura narrativa atípica y un descubrimiento reconocido por la mayoría de la crítica y el público: el talento visual de su director, Julio Medem, un hombre nacido para el cine.

El joven Julio Medem había realizado ya algunos cortometrajes cuando escribió el guión de Vacas, su primer largo, que a los productores tradicionales pareció un empeño demasiado ambicioso para un director primerizo. Tras obtener la ayuda de un millón y medio de pesetas del Ministerio de Cultura para el guión, la productora Sogetel se hizo cargo del arriesgado proyecto, cubriendo, junto con el Gobierno vasco, los 160 millones restantes. Proyecto arriesgado, porque "Vacas, película rabiosamente personal, carece de una historia narrada. No hay narración en el sentido convencional. Salimos de la proyección con la sensación de haber vivido una historia que no nos ha sido contada. Todo son imágenes. Todo es mirada. Cine de la mirada, como en las obras de grandes maestros", opinión de Samuel R. César en Dirigido por..., que Ángel Fernández-Santos corroboró en este periódico: "Julio Medem se escapa con solvencia y soltura de las normas del consumo habitual de películas y, más que contar de manera convenida una historia igualmente convenida, compone con sonidos e imágenes de choque -que ponen de manifiesto una mirada con poderosa singularidad- un insólito poema sonoro y visual, una dura tragedia rural misteriosa y delicadamente ritualizada".

"Mi película es un cuento mágico, atmosférico y surreal", explica su director

La dificultad de sintetizar la "historia" que Vacas narra fue resuelta por Augusto M. Torres en su libro El cine español en 119 películas: "A lo largo de más de sesenta años, entre dos guerras civiles, Vacas desarrolla la vida de tres generaciones de dos familias vascas enfrentadas como aizkolaris en las competiciones de corte de troncos de árboles y unidas por unas complejas relaciones de amor y odio, dentro de una situación política que les envuelve, pero que no pueden controlar y que ni siquiera intentan explicarse". En Diari de Barcelona, Josep Lluis Fecé aseguraba: "Medem dibuja un universo claustrofóbico en el que el más mínimo incidente puede hacer estallar la violencia. No me atrevería a afirmar que la principal intención del realizador sea la de utilizar esta historia como metáfora de la realidad vasca, pero viendo Vacas, el espectador no podrá evitar establecer tal relación", lo que al futuro director de La pelota vasca no le pareció exacto: "El filme toca una serie de temas muy peculiares, y si en Euskadi hay gente que me exija tratarlos con rigor costumbrista, se van a defraudar. Mi película es un cuento mágico, atmosférico y surreal", el mismo mundo surreal que Medem prolongaría en sus siguientes películas, Tierra, Los amantes del Círculo Polar o Lucía y el sexo, entre otras. Los adjetivos empleados por el autor le parecieron acertados a José Luis Guarner, porque "Vacas no es una interpretación de la historia de Euskadi".

La película fue acogida con entusiasmo en el festival de Berlín de 1992, donde fue presentada fuera de concurso, iniciando allí un recorrido por diversos festivales internacionales en los que mereció numerosos premios: Tokio, Londres, Alejandría, Montreal, Turín... Mientras que en España, entre otros galardones, se alzó con el Goya al mejor director novel. "Este asombroso debú es claramente el trabajo de un director de cine nato con un talento para traducir la memoria en imágenes tan sensuales y agudas que usted puede casi tocarlas y olerlas", se aseguró en The New York T imes: "Vacas podría parecer pretenciosa si no fuera porque es un filme tan rebosante de lo que podría llamarse energía vital que sus disgresiones le añaden profundidad y patetismo". A Fernández-Santos, dichas disgresiones le parecieron vaivenes "que, como ocurre en todo ceremonial de tipo trágico, son repetitivos, obsesivos y de carácter cíclico. (...) Sin embargo, de manera paradójica, todo es luminoso en el interior de este oscuro poema, comenzando por esa su oscuridad". El crítico consideró, no obstante, que el desenlace de "esta arriesgada y originalísima película no está a la gran altura alcanzada por lo que la precede. En él se produce un cambio de mirada o un desfallecimiento del ritmo, o un agotamiento del poder de síntesis". En cualquier caso, "los magníficos intérpretes y la extraordinaria música de Alberto Iglesias le echan sus manos".

Julio Medem declaró en Fotogramas que había contado desde el principio del proyecto con Emma Suárez para el papel protagonista: "Me la imaginaba con trenzas rubias y era como la chica del bote de la leche condensada. Carmelo Gómez, en cambio, es como un fogón, tiene muchísima potencia. Pensé que con él tendría garantizado fuego, fuerza...". El resto del reparto lo componen Ana Torrent, Manuel Blasco, Klara Badiola, Cándido Uranga, Karra Elejalde... No sin humor, en un reportaje de Sara Torres, el director hizo alusión a las vacas que aparecen en la película, a través de cuyos ojos vemos suceder la historia: "La primera de ellas es una pirenaica que ha ganado concursos; es de pura raza, con cuernos muy exagerados. Es una vaca que sabe actuar muy bien y a veces se adelanta con acierto a los deseos del director. Sin embargo, la que actúa en la tercera generación es mucho más irregular, porque tiene días estupendos y días en que es imposible rodar con ella. Logra transmitir con su sola presencia algo premonitorio de muerte, de final. Es toda blanca, con las orejas y el morro negros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 11 de junio de 2004