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Reportaje:

Utopías para el problema energético

La conferencia mundial sobre las energías renovables advierte en Bonn de que no hay otro camino para resolver los retos del futuro

España, 2050: las urbanizaciones de los extrarradios surtirán su demanda de energía con paneles solares instalados en los techos de las casas. En las zonas rurales, el abastecimiento correrá por cuenta de pequeñas centrales de biomasa, basadas en la incineración de purines y otros residuos orgánicos. La demanda de la industria y de los centros urbanos, al menos en parte, será satisfecha por grandes parques eólicos instalados más allá de la línea costera. Habrá también centrales que aprovechen el oleaje, las mareas o el calor de la tierra. Los combustibles fósiles seguirán utilizándose, pero bastante menos y con tecnologías más eficientes. Buena parte de los coches transitará con motores de hidrógeno. La última central nuclear se habrá cerrado hace años: aunque no emitiera dióxido de carbono, resultó ser una tecnología insostenible por sus riesgos medioambientales.

¿Una utopía? "De ninguna manera", coincidieron esta semana cerca de 3.000 políticos, técnicos, empresarios, banqueros y activistas reunidos en Bonn en una conferencia mundial sobre las energías renovables. "Junto al ahorro energético, es éste el único camino para solucionar los problemas del futuro", dijo Thomas Loster, directivo no de una ONG, sino de Múnich Re, la mayor reaseguradora del mundo. La perspectiva de Loster es la del cambio climático, en buena parte inducido por el uso de combustibles fósiles, como el carbón, el gas y el petróleo, y el consiguiente aumento del dióxido de carbono y de los gases de invernadero.

Pero las energías renovables son también esperanzadoras desde otro punto de vista: al basarse en recursos disponibles en todo el planeta, y permitir un sinfín de soluciones a pequeña escala, prometen solucionar el problema energético de cientos de millones de personas que en el Tercer Mundo todavía no tienen acceso a la electricidad y a la energía comercial. También esto suena a utopía, pero una multitud de proyectos ya puestos en marcha en África, América Latina y Asia están dando los primeros resultados. Y los países en desarrollo se muestran cada vez más interesados, como demostró su activa participación en una conferencia que contó con la asistencia de más de 150 Estados.

En caso de que realmente despegue esta demanda por parte del Tercer Mundo -para ello se requieren mayores ayudas financieras de los organismos multilaterales y de los países industrializados, según se recordó en la declaración final del encuentro-, se contribuiría a solucionar el mayor problema de las energías renovables, que siguen siendo mucho más caras que aquellas basadas en los combustibles fósiles. Sólo dejarán de serlo si se logra una rápida expansión del mercado. "Es lo mismo que sucede con la producción de televisores: siempre resultará más barato fabricar y vender miles de aparatos que tan sólo dos o tres unidades", explicó Jürgen Maier, experto de la ONG alemana Medio Ambiente y Desarrollo. Es por ello que causó tanta expectativa en Bonn el anuncio de que China -insaciable devorador de energía y tierra prometida para tantos sectores económicos- pretende cubrir, hasta 2010, un 10% de su demanda energética con modernas tecnologías renovables.

"Pero el mercado, por sí solo, no solucionará el problema. Se necesita mando y control estatal", aseguró el brasileño José Goldemberg, uno de los más reputados expertos en la materia. En las políticas de I+D, por ejemplo: las energías renovables son más caras que sus competidoras porque los países de la OCDE, entre 1972 y 2002, sólo destinaron a su desarrollo un 8,1% del total de recursos invertidos en mejoras energéticas. La fisión y la fusión nuclear, en cambio, atrajeron un 57,8% de este dinero. Se requieren, además, marcos legales estables, también para acabar de convencer al capital privado de invertir en el sector: allí donde las energías renovables ya han comenzado a despegar -en Alemania, Japón, Dinamarca, España o algunas regiones de EE UU- ha sido gracias a ambiciosos planes de fomento e ingeniosos sistemas de precio. Y hacen falta campañas de concienciación: "El mayor reto es lograr que tanto los ciudadanos como los empresarios confíen en estas tecnologías", destacó un banquero escocés, Andrew Dlugolecki.

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