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El ministro de Justicia israelí compara el derribo de casas con el nazismo

Las declaraciones de Lapid desatan una tormenta política en el Parlamento

No hay nada más grave en Israel que comparar, aunque sea de refilón, a alguien con el nazismo, y es lo que hizo ayer un miembro del Gobierno para criticar la demolición de casas en el campo de refugiados de Rafah, al sur de Gaza. El ministro de Justicia, Tomy Lapid, líder del partido centrista Shinui, abrió la caja de los truenos cuando aseguró que las imágenes de las ancianas palestinas buscando sus pertenencias entre los escombros de sus casas le recordaban a su abuela. Es de sobra conocido en Israel que Lapid es un superviviente del Holocausto y que su abuela murió en Auschwitz.

Pero Lapid no se detuvo ahí y si para no mencionar explícitamente el Holocausto hizo filigranas dialécticas, fue mucho más directo a continuación. "La demolición de casas en Rafah debe parar. No es humano, no es judío y nos causa un grave daño en todo el mundo".

El líder del tercer partido más importante en el Parlamento israelí expresó en voz alta lo que una importante parte de la sociedad siente desde que el pasado lunes el Ejército penetró en el campo de refugiados de Rafah, matando a medio centenar de palestinos y dinamitando al menos 49 edificios, casi todos ellos viviendas levantadas con el esfuerzo de años de trabajo y privaciones. "Nos van a echar a patadas de Naciones Unidas, van a llevar a los responsables ante el Tribunal Internacional de La Haya y nadie va a querer dirigirnos la palabra", advirtió Lapid.

La convulsión política fue inmediata, comenzando por los propios miembros del Gabinete, totalmente divididos en cuanto al plan del primer ministro Ariel Sharon de abandonar Gaza, territorio ocupado desde 1967 y donde viven unos 5.000 colonos judíos entre 1.200.000 palestinos. El propio Sharon y dos de los halcones de su Gobierno, el ministro de Exteriores, Silvan Shalom, y el de Economía, Benjamin Netanyahu, exigieron a Lapid que se retractase. Pero Lapid, lejos de hacerlo, respondió con cinismo. "No me han entendido. Quise decir que cuando alguien ve a una anciana, se acuerda de su abuela", aseguró.

Lapid juega con ventaja. En las últimas horas aumentan los rumores en Jerusalén de que Sharon maneja la posibilidad de disolver -o dejar plantado- al derechista Likud, partido que le ha dado la espalda en el referéndum que perdió hace dos semanas sobre la retirada de Gaza, y piensa fundar un nuevo partido, más centrista, para lo cual sería imprescindible la participación del Shinui de Lapid. Una encuesta asegura que el nuevo partido, al que se sumarían sectores de la izquierda, obtendría 60 escaños en el Parlamento, es decir, a sólo uno de la mayoría absoluta. Un verdadero sueño en Israel donde la estabilidad de los Gobiernos está en manos de pequeños partidos muchas veces de carácter ultrarreligioso y ultraconservador.

Esta posibilidad cada vez va tomando más forma, habida cuenta de que el Partido Laborista ya ha rechazado públicamente echar una mano a Sharon y se niega a formar parte de un Gobierno que cada vez más hace agua.

Objeciones militares

Sharon se reunió ayer con los responsables de Defensa israelíes para estudiar su nuevo plan de retirada de Gaza. Al parecer, los militares pusieron objeciones a una retirada en fases y expresaron su preferencia por una retirada total.

Mientras esto sucedía, tres palestinos morían al estallar por una fuerte explosión el coche en el que viajaban en la ciudad cisjordana de Nablús. El Ejército israelí confirmó que tenía helicópteros sobrevolando la zona, pero aseguró que el coche estalló porque los palestinos llevaban una bomba. Eso sí, dos de los muertos son dos altos responsables de la organización radical Hamás.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 24 de mayo de 2004