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Tribuna:

Una nueva visión para el FMI

La recuperación mundial se ha consolidado aún más, Estados Unidos lidera el camino y se está dando un buen crecimiento en muchos mercados nuevos. Pero el crecimiento mundial sigue basándose excesivamente en el papel de EE UU como motor de la economía mundial. Con la recuperación cíclica firmemente encaminada, las principales economías industriales, en particular, deben ahora centrar la atención en aumentar el potencial económico. Los países del G-7, por ejemplo, están intentando establecer una Agenda para el Crecimiento, una iniciativa crucial destinada a animar a los principales países a centrarse en reformas de política estructural para aumentar la flexibilidad, la productividad y el empleo, y conseguir un crecimiento más fuerte y sostenido.

"El Fondo debe asegurar que el préstamo a los países pobres, incluido el 'blando', no excede la capacidad del país para devolverlo"

Estados Unidos pide que se avance en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio y espera un ambicioso resultado, centrado en la agricultura, las mercancías industriales y de consumo, y los servicios; y acoge con agrado el respaldo dado por el FMI a estos esfuerzos, incluida su reciente aprobación del Mecanismo de Integración Comercial. Los nuevos mercados siguen beneficiándose de unas buenas condiciones externas de financiación, y yo animo a los países a consolidar la reforma y mejorar la dinámica de la deuda mientras las condiciones son favorables.

Proceso incompleto

En los últimos años hemos visto un progreso real a la hora de mejorar la eficacia del FMI. El Fondo ha replanteado sus principales áreas de experiencia. Pero este proceso no se ha completado. El trabajo del FMI en cuestiones no relacionadas con las reformas fiscales, monetarias, del tipo cambiario y del sector financiero debería justificarse claramente, mediante la supervisión y el diseño de programas. La justificación explícita permitirá al Consejo controlar más eficazmente la normalización de los objetivos del FMI. También hace falta esforzarse más para perfeccionar los métodos de supervisión y garantizar que ésta sea suficientemente independiente y objetiva.

Necesitamos un sistema de supervisión mejorado, que haga recaer la responsabilidad directamente sobre los países miembros, para garantizar que sus políticas son coherentes con el objetivo de fomentar el crecimiento y la estabilidad. Es necesario que los análisis nacionales, regionales, mundiales, de los mercados financieros y reguladores llevados a cabo por el FMI se integren mejor, para proporcionar una evaluación unificada de las políticas de un país y de las repercusiones que estas medidas tienen para el sistema internacional.

Estoy abierto a métodos de reformas institucionales renovadores, que garanticen que se presta mayor atención a la supervisión de un país, por ejemplo, garantizando que el análisis sobre la sostenibilidad de la deuda de un país lo llevan a cabo equipos de trabajo separados. También doy la bienvenida al trabajo del FMI en el sector financiero, incluidos los Indicadores de Solidez Financiera y el Programa de Evaluación del Sector Financiero, y animo a que se institucionalice el sistema de balance de ejercicio y se preste atención a las cuestiones de desfase de la moneda. Aplaudo la reciente decisión de convertir las evaluaciones de todo el sistema contra el blanqueo de dinero y la financiación terrorista en una parte permanente y amplia del trabajo del FMI.

Proteger la integridad del sistema financiero internacional es un deber esencial del FMI. Esperamos que pronto se ponga en marcha este programa. Además, el trabajo del Fondo sobre los marcos reguladores de los sistemas informales de transferencia de fondos es importante para reducir las trabas a servicios financieros interfronterizos rentables, incluidos los envíos de remesas. Me alegra que hayan aumentado los porcentajes de publicación de los documentos de supervisión y préstamo del FMI, y reitero mi esperanza de que todos los países se presten a publicar sus documentos relacionados con el FMI. Las ventajas de la transparencia, para el FMI y para cada país miembro, son persuasivas.

En lo referente al préstamo, el éxito del FMI no debería medirse en función de cuántos programas lleva a cabo. Tanto para los países como para el FMI, la meta debería ser el establecer políticas sólidas que fomenten el crecimiento, y evitar los desequilibrios que exigen financiación sustancial del FMI. Cuando los países acuden finalmente al FMI en busca de apoyo financiero, somos partidarios de imponer un conjunto definido de condiciones para el programa, centradas en los principales problemas macroeconómicos, y de aplicar de forma más rigurosa los compromisos del programa. No hace falta decir que todos los programas deben cumplir unos criterios elevados y proporcionar resultados sólidos. Necesitamos subir el listón. Mi opinión respecto a los programas está basada en la creencia de que el principal punto fuerte del FMI es el de promover eficazmente políticas sensatas en todos nuestros países miembros. El FMI hace esto proporcionando asistencia técnica, supervisión y programas de préstamo cuando hace falta financiación. Para reforzar su papel político, somos partidarios de desarrollar una nueva forma de participación para aquellos países que no necesitan financiación.

De acuerdo con esta propuesta, el FMI podría evaluar un programa económico preparado por el propio país y ofrecer su opinión a los donantes, a los bancos de desarrollo multilateral y a los mercados. Dicho vehículo de estrecho compromiso no basado en el préstamo debería beneficiar tanto a los países pobres como a los mercados nuevos, ya que demostrará que un país tiene una clara propiedad de sus políticas y es lo suficientemente fuerte como para mantenerse por sí solo. El fortalecimiento del marco para solucionar crisis sigue siendo una prioridad. Es vital mantener unos límites claros en la financiación del sector oficial, y dejar que el FMI se mantenga como la fuente principal de recursos oficiales para países enfrentados a crisis agudas. Me agradó ver que el Consejo endureció recientemente los criterios para acceder al préstamo del FMI a gran escala. Además, recomiendo que el FMI anime activamente a los países a incluir cláusulas de acción colectiva en los bonos soberanos externos. Nuestros esfuerzos por convertir las CAC en el estándar comercial bajo las leyes de Nueva York están teniendo éxito.

El consejo macroeconómico y la asistencia técnica proporcionados por el FMI constituyen un activo único y muy necesario para los países de rentas bajas. El control del FMI ha ayudado a muchos países en vías de desarrollo a alcanzar la estabilidad macroeconómica, beneficiando a todos, mejorando la eficacia de la afluencia de donantes, y ayudando a sentar las bases para el crecimiento del sector privado. Ha llegado el momento de establecer una visión nueva y positiva respecto al papel del FMI en los países de bajos ingresos. Durante demasiado tiempo, la implicación del FMI en los países de bajos ingresos ha dado lugar a una serie de programas que no ofrecían más salida que los préstamos del FMI. Ahora que la reducción de la deuda de los países pobres fuertemente endeudados proporciona un alivio duradero, pensado para ayudar a los países a conseguir la sostenibilidad de la deuda, ya no necesitamos reciclar el fondo para la reducción de la pobreza y el crecimiento.

El FMI tiene que estar preparado para proporcionar ayuda económica a los miembros pobres que presenten problemas en la balanza de pagos. Pero cuando se requiere asistencia para necesidades de desarrollo corrientes, ésta debería proceder de los bancos de desarrollo y de donantes bilaterales, no del FMI. El Fondo debería reunir subvenciones para apoyar a aquellos que obtienen buenos resultados y ayudar a los que se enfrentan a reveses macroeconómicos. Por otra parte, los países con bajos ingresos y unos firmes cimientos deberían ir más allá del PRGF

[Fondo de Reducción de la Pobreza y Crecimiento] y buscar, por el contrario, una participación sin préstamos.

Más en general, es necesario que el FMI desempeñe un papel más importante a la hora de garantizar que el préstamo a los países pobres, incluido el préstamo blando, no excede la capacidad del país para devolverlo. La institución debería tener claro cuándo son necesarias subvenciones adicionales o un préstamo con intereses más bajos. Antes de terminar, permítanme hablar del asunto de la voz en el FMI. Estados Unidos es partidario de que los países en vías de desarrollo y los países con mercados nuevos tengan un papel mayor en el sistema financiero internacional. Creemos también que el FMI es una institución de accionistas, y que las cuotas deberían reflejar el peso económico y la capacidad de cada uno para contribuir a su financiación. EE UU está decidido a hacer que el FMI sea eficaz en nuestro mundo actual. Esperamos seguir trabajando con otros miembros y que la institución siga avanzando.

John Snow es secretario del Tesoro de Estados Unidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 16 de mayo de 2004