Crítica:ESTRENOSCrítica
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La pasión invisible

Las coproducciones siempre conllevan problemas de reparto y El año del diluvio es un ejemplo. Se ha otorgado el papel protagonista (una monja española de la posguerra) a la francesa Fanny Ardant, con unas características faciales radicalmente alejadas de lo que se espera del personaje. Además, como Ardant no habla español, ha sido doblada y se ha encargado el trabajo a una voz tan reconocible como la de Mercedes Sampietro. ¿Puede alguien centrarse en la historia de una monja observando un rostro retocado por la cirugía y escuchando una voz tan identificable pero en boca de otra persona?

Con independencia de esta objeción, El año del diluvio aglutina una corrección formal muy de agradecer (habitual en Chávarri) y una frialdad narrativa mucho más discutible. El guión, escrito por el director y Eduardo Mendoza, autor del libro en el que se basa la película, cojea por múltiples flancos. Las escenas en las que se intenta demostrar que la monja es una especie de pájaro enjaulado son demasiado ingenuas, caso de la canción que tararea durante la siesta del señorito o, sobre todo, del momento en el que juega con la raqueta de tenis. Por otro lado, el romance entre la religiosa y el cacique se produce más porque no hay más remedio que porque sus acciones les hayan llevado a ello. Nunca se advierte el irrefrenable deseo de dar rienda suelta a su sexualidad. En un ejercicio de imaginación, incluso se puede llegar a entender esta aventura, pero lo que es incomprensible es la secuencia entre Ardant y Ginés García Millán en la cabaña de los maquis. Una ausencia de credibilidad que termina adueñándose de toda la película.

EL AÑO DEL DILUVIO

Dirección: Jaime Chávarri. Intérpretes: Fanny Ardant, Darío Grandinetti, Francesc Orella, Eloy Azorín. Género: drama. España-Francia-Italia, 2004. Duración: 90 minutos.

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* Este artículo apareció en la edición impresa del jueves, 29 de abril de 2004.

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