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Reportaje:LA EUROPA DE LOS 25 | LAS NUEVAS FRONTERAS / KALININGRADO

Kaliningrado, atrapado entre Rusia y Europa

El millón de habitantes del enclave ruso quedará completamente rodeado por países de la UE

Kaliningrado
El ingreso de Polonia y Lituania en la UE dejará a este territorio ruso completamente envuelto por dos países de la Unión. Moscú y Bruselas negocian una fórmula para mejorar la economía de la región y evitar que se convierta en un foco marginal de delincuencia, contrabando y contaminación.

Rusia afronta un reto en Kaliningrado, el territorio de la antigua Prusia Oriental que quedará envuelto por la Unión Europea tras el ingreso de Polonia y Lituania en esta organización. O bien el Kremlin asegura a su región más occidental un nivel de vida equiparable al de su entorno o tendrá que vérselas con el separatismo. "Este separatismo no es étnico, sino que va dirigido contra la burocracia y el centralismo, y está ya latente en la juventud local", opina Solomón Ginzburg, diputado del Parlamento regional.

Del enclave desapareció el dramatismo que el presidente Vladímir Putin aventó en su campaña por el libre desplazamiento de sus compatriotas por la UE. Kaliningrado no es la isla cercada que algunos pronosticaban en 2003 cuando Lituania, en progresiva adaptación a la normativa Shengen, obligó a los rusos a procurarse un visado de tránsito para viajar entre el enclave y el resto del país (unos 357.000 rusos viajaron en tren con ese documento desde julio pasado). Tampoco es el polígono experimental que los partidarios de una mayor integración de Rusia en Europa querrían ver en este territorio, incorporado a la URSS a resultas de la Segunda Guerra Mundial.

Un millón de personas residen en Kaliningrado, cuya capital del mismo nombre (la antigua Königsberg) está al doble de distancia de Moscú (1.200 kilómetros) que de Berlín. La abundancia de autobuses y trenes a precios económicos que unen el enclave con localidades polacas o alemanas indica que los kalingradenses se desplazan fácilmente. A los consulados de Polonia, Lituania y Suecia se ha unido esta primavera el cónsul de Alemania. La crisis entre Rusia y la UE ha sido positiva: ahora hay cuatro vuelos diarios a Moscú, con descuentos para residentes.

Moscú no ha decidido aún su estrategia para la región. "En lo que a desarrollo económico se refiere, estamos estancados entre Rusia y Europa", dice Serguéi Kozlov, vicepresidente del Parlamento regional. Bajo la dirección del asesor de Putin, Ígor Shuválov, se ha redactado un plan para la región que mantiene las ventajas aduaneras vigentes desde 1996 y prevé nuevos incentivos fiscales para quienes inviertan más de diez millones de euros en tres años. Comparado con Polonia o Lituania, el capital extranjero llega a Kaliningrado con timidez, pero algunos sectores aprovechan las ventajas arancelarias que la región brinda a quienes producen aquí para el mercado ruso. Con componentes importados, la empresa rusa Avtotor ensambla vehículos BMW y utilitarios coreanos KIA. Este año proyecta fabricar 20.000 vehículos, incluido un todoterreno de la General Motors.

El capital moscovita ha comenzado a llegar en parte por las ventajas arancelarias y en parte porque en el interior de la UE se siente legalmente más defendido, según Kozlov. La élite regional es partidaria de un acuerdo entre la UE y Rusia sobre Kaliningrado para que Bruselas asuma también responsabilidades por el enclave, porque, de quedar marginado, puede convertirse en un foco de delincuencia, contrabando y contaminación.

En la producción industrial o la construcción, Kaliningrado está por encima de la media rusa, pero va a la zaga de otras provincias más dinámicas del noroeste del país. Sobre el terreno, el dinero circula en los supermercados atiborrados de productos europeos, en los numerosos casinos y en el mercado inmobiliario, donde los precios se han disparado. Por lo que pueda ser, los bancos de Moscú se instalan aquí y los moscovitas compran cotizadas villas alemanas.

El entorno imprime carácter y los nietos de los eslavos que poblaron estas regiones tras la deportación de los alemanes miran hoy hacia Occidente. "Mi hijo había estado en Roma y en Barcelona, y no conocía aún San Petersburgo", dice el empresario Serguéi Púzik.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 24 de abril de 2004