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Entrevista:ALBERTO ZEDDA | Director de orquesta

"Ahora entendemos mejor a Rossini porque es como un pintor abstracto"

Han tenido que pasar las vanguardias como tanques y también congelarse un poco los idealismos para entender en todas sus dimensiones a Gioachino Rossini (1792- 1868). "Él es como un pintor abstracto, con muy pocas palabras y recursos musicales logra lo trascendente", dice Alberto Zedda, director de orquesta, referente rossiniano del presente -es el responsable del Festival Rossini de Pesaro- que marca el paso de este mes de abril en el Teatro Real con dos obras del compositor en cartel: una delicia como Il viaggio a Reims -estrenada ayer con cuatro sesiones a mitad de precio y con entradas disponibles- y Semiramide, un título que capta toda la filosofía profunda del músico italiano.

"Para ser un divo rossiniano no hay que quedarse en los fuegos artificiales"

Pero no es sólo la referencia al arte abstracto lo que nos explica a este compositor exuberante, endiablado y genial que fue Rossini. "En este siglo hemos encontrado la llave", dice Zedda, que recibe en su apartamento de Madrid, cómodo y sin protocolos, muy contento, quizá atiborrado de lo que él llama la "energía positiva" que le insufla en dosis diarias el compositor a quien Zedda ha contribuido a engrandecer y dar nuevas lecturas. "Perdona mi entusiasmo", dice a veces, jugueteando con las manos, sonriendo, asombrándose de sus propias reflexiones entre citas a Trotski y a Balzac o comparaciones entre Mel Gibson y Pasolini, cuando se da cuenta de que cualquier detalle, cualquier comentario le lleva a Rossini: "Los románticos no le entendieron, algunos escritores sí, como Stendhal y Balzac, pero fueron excepciones. En su época se quedaron en lo que yo creo que es su primera capa: la belleza", cuenta Zedda.

Él ha pelado en Rossini todas las que ha podido, como una naranja, para sacarle jugo fresco y vitamina C, que la tiene a toneladas. "Con las vanguardias lo hemos podido entender mejor, pero también con Internet, cuando nos cuenta auténticos romances de personajes que no se han visto y con un encuentro se enamoran, ¿no pasa hoy lo mismo con esas parejas que se conocen así?", afirma.

Es una especie de sublimación del absurdo. "Esa manera de contar, la del teatro del absurdo, también nos sirve para entenderlo. Sus textos contienen eso muchas veces y las palabras sueltas, los libretos son a menudo ridículos, es la música la que los convierte en algo único, como pasa con la poesía, con los buenos poetas, desde luego, que transforman el lenguaje más simple en algo muy profundo", añade. Y luego están los signos de los tiempos: "La ambigüedad... Ah, sí, querido, ésa es otra clave para llegar a él. Te lo cuenta todo con ligereza, gracia, elegancia, pero te lo cuenta. Critica los valores de su época sin miedo, dedica una ópera como Il viaggio a Reims a un monarca como Carlos X de Francia para conmemorar su reinado y lo llena de personajes de su corte a los que retrata con sarcasmo. Es muy valiente".

También la variedad, el eclecticismo lo hacen moderno. Abordó todos los géneros y a los 39 años, convencido de que había marcado huella histórica, se retiró. Semiramide una obra tan distinta a Il viaggio a Reims dan prueba lisa y llana de lo que fue un maestro de la comedia y del drama, de la gracia y la profundidad: "Semiramide es el máximo para nosotros los rossinianos, está la esencia de un mundo filosófico con toda su concepción musical", confiesa Zedda.

Hay otro factor fundamental para entrar en su laberinto: los cantantes. "En Rossini, el cantante es fundamental, todo su mecanismo se apoya en él. Si falla el cantante, falla la obra, no es como con otros compositores. Ahora están apareciendo buenos cantantes rossinianos y no por la especialización, algo de lo que estoy en contra, es por la comprensión nueva que tenemos de él. Para ser un divo rossiniano no hay que quedarse en los fuegos artificiales hay que viajar con delicadeza hacia lo que hay detrás del envoltorio y debe ser de forma sutil", asegura. Lo mismo sirve para los maestros y las orquestas: "Si caemos en el manierismo rossiniano quiere decir que hemos fracasado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de abril de 2004