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Reportaje:25 AÑOS DE AYUNTAMIENTOS DEMOCRÁTICOS

Dos puntas de lanza en la preautonomía

En un momento en que el Consell preautonómico era un símbolo más solemne que práctico, la Diputación y el Ayuntamiento de Valencia, con los socialistas Manuel Girona Rubio y Ricard Pérez Casado al frente, se convirtieron en las dos principales instituciones del PSOE en el territorio valenciano. "La Diputación era una gran desconocida para nosotros; habíamos hecho campaña por los ayuntamientos, pero nadie pensaba en la Diputación", recuerda Girona, que con 39 años y el acta de concejal por Sagunt fue elegido presidente tras conocer tan sólo media hora antes que era el candidato de su partido. Se daba la circunstancia de que la ejecutiva de Madrid postulaba a Joaquín Ruiz Mendoza, mientras que Valencia estaba por él. De los 13 diputados socialistas, Girona obtuvo ocho apoyos y Ruiz Mendoza cinco, lo que despejó su camino a la presidencia de la Diputación, que entonces ocupaba por completo el edificio del Palau de la Generalitat. Los 14 votos de UCD, frente los 13 socialistas y tres del PCE

, no pudieron evitarlo ni imponer a su candidato: José Luis Manglano.

Una vez en la institución, los socialistas se dieron cuenta de que se trataba de un instrumento de gran capacidad financiera, con endeudamiento cero y un escenario local con grandes necesidades de actuación y de ayuda. La Diputación creó además unas Asesorías Comarcales, trazó planes para ayudar a la autonomía naciente y puso sus fondos a la disposición de actuaciones que empezarían a cambiar los pueblos: asfaltados, casas de cultura, bibliotecas municipales, auditorios,... "Realizó un cometido muy importante", evalúa Girona, quien considera la experiencia "difícil de repetir". "La Diputación y el Ayuntamiento tenían que hacer frente al empuje del Estado, personificado entonces por el gobernador civil. Además, cuando el PSOE abandonó el Consell preautonómico y éste estuvo presidido por Enrique Monsonís [de UCD], el papel de ambas instituciones aún cobró mayor relevancia", relata Girona, quien al terminar la legislatura fue apartado de la política por su partido para satisfacer intereses orgánicos y regresó a su empresa familiar. En la actualidad es adjunto al Síndic de Comptes.El socialista Fernando Martínez Castellanos fue el primer alcalde democrático de Valencia después del franquismo, aunque por poco tiempo. El 19 de abril, día en el tomó posesión, los futuros concejales socialistas se reunieron en el bar del Ateneo y de allí salieron hacia el Ayuntamiento, donde no los esperaba nadie para hacer el traspaso de poderes, excepto un funcionario. Sin embargo a las puertas del Consistorio había una numerosa concentración de militantes y simpatizantes celebrando el acontecimiento. Desde octubre de 1979, tras la expulsión de Fernando Martínez Castellanos del partido (una presunta malversación de fondos, que se unía a su actitud crítica contra Felipe González en el XXVII congreso y su oposición a la fusión entre el PSOE y el PSPV), Pérez Casado asumió la alcaldía de Valencia. La primera acción, rememora el ex alcalde, fue "limpiar la casa" por parte de la Concejalía de Hacienda, y acto seguido, la elaboración de un plan estratégico para sanear la finanzas, constituir la EMT, extender la limpieza a 700 calles que no contaban con ella, poner contenedores, atender la accesibilidad y la movilidad en los barrios y proyectar la ciudad hacia fuera.

"La gran propuesta", explica Pérez Casado, "era convertir una ciudad subalterna y provinciana en una ciudad conocida fuera y en la que se reconocieran sus ciudadanos". Bajo ese enunciado el Ayuntamiento impulsó el Encontre d'Escriptors, la Trobada de Música y también la Mostra de Cinema del Mediterrani, "que montaron el francés Lucien Castela y el italiano Otello Lottini, quienes convencieron a los realizadores para que participaran en lo que después Le Monde tituló La charme de l'improvisation".

Asimismo, se trazan las grandes líneas de la ciudad. La primera decisión que toma Pérez Casado fue paralizar la urbanización de El Saler, descalificar la autopista que se iba a hacer por el cauce del Turia, reclamar a Costas el último tramo del río y el dominio costanero de la ciudad. Eran los primeros pasos para desbloquear la ciudad. En ese sentido, se firmó el convenio con el Ministerio de Transportes, en manos de UCD, para la línea 1 del metro y el soterramiento de las vías de tren de la línea de Barcelona. "Cuando firmé ese convenio dije: ahora Valencia tendrá metro, porque si hacemos uno acabaremos teniéndolos todos", rememora Pérez Casado. Con el soterramiento, El Grau y Valencia quedaban unidos. "Eso significaba abrir Valencia al mar, que es lo que queríamos", explica. El Ayuntamiento cerró el vertedero de residuos que era el río Turia en ese momento, y lo convirtió no sólo en un espacio verde y lúdico para los vecinos sino en el eje de la futura ciudad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 4 de abril de 2004