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Teodoro Falcón desvela en un estudio el origen medieval de las casas-palacio sevillanas del XVI

El catedrático analiza el palacio de las Dueñas y otros seis edificios renacentistas

La Sevilla medieval y mudéjar que ocultaba la belleza de sus palacios tras murallas, pasillos y recodos, cambió su fisonomía en la primera mitad del siglo XVI para adaptarla al gusto del Renacimiento. La construcción del Ayuntamiento en 1527 -edificio que sigue prestando el mismo uso- marcó el inicio de una importante transformación de la ciudad que, sin embargo, no fue todo lo drástica que se pensaba hasta ahora. Teodoro Falcón, catedrático de Historia del Arte, acaba de publicar un libro en el que asegura que las casas-palacio renacentistas de Sevilla no son de nueva planta, sino que se trata de los antiguos edificios medievales y mudéjares "revestidos de ropajes renacentistas".

"En la segunda mitad del siglo XVI no se levantaron casas-palacio de nueva planta, sino que las familias nobles de la ciudad remodelaron sus mansiones construyendo fachadas palaciegas con mármoles traídos de Carrara y labrados en talleres genoveses, colocando fuentes de mármol en los patios y sustituyendo los pilares medievales por columnas con capiteles de castañuelas. Además de embelleciendo todo el conjunto con yeserías y pinturas renacentistas", explica el catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla Teodoro Falcón.

El historiador ha publicado El palacio de las Dueñas y las casas-palacio sevillanas del siglo XVI (Fundación Aparejadores), un libro en el que estudia el profundo cambio urbanístico que se produce en la Sevilla del XVI a través del palacio de las Dueñas, propiedad de la Casa de Alba y uno de los primeros conjuntos que recibió en España la declaración de Monumento Histórico Artístico, en 1931. El edificio, ubicado en la calle Dueñas, 5, no está abierto al público. Ocupa un solar de 9.000 metros cuadrados, con una superficie construida de 6.000 metros cuadrados. Además, analiza la historia y transformación de otros seis inmuebles: Real Alcázar, casa de los Pinelo, palacio de Altamira (actual sede central de la Consejería de Cultura), palacio de los marqueses de La Algaba, casas Arzobispales y casa de los Mañara (una de las sedes de Cultura).

"Mi interés por las Dueñas comenzó en 1976, cuando la revista de Patrimonio Nacional Reales Sitios me pidió una colaboración sobre el palacio. Entonces comprobé que el palacio era un gran desconocido; apenas hay documentación sobre él. Diego Ortiz de Zúñiga lo cita en sus Anales de Sevilla (1677), pero con información que después se ha comprobado que es errónea", dice Falcón, quien además de catedrático de Historia del Arte es comisario de exposiciones como la Magna Hispalensis que pudo verse en la Catedral de Sevilla durante la Exposición Universal de 1992.

"La casa medieval se caracteriza por su introspección, mira hacia adentro como las construcciones árabes, y tenían muchos elementos mudéjares como los arcos de herradura apuntados o los pilares de ladrillos. Por tanto, las reformas para adaptarse al gusto del Renacimiento no afectaron a la planta de la casa, sino a su fachada y al revestimiento de los patios. Las primeras casas en las que se realizaron estas reformas fueron Pilatos y la de Hernando Colón, ya desaparecida", explica Falcón, quien se ha documentado en los archivos de la Casa Ducal Medinacelli, el Archivo Histórico Provincial y el Archivo Municipal.

"En realidad, el Renacimiento llegó a Sevilla a través de las artes suntuarias y decorativas con ejemplos como los azulejos del oratorio de los Reyes Católicos en el Alcázar, que son obra de Niculoso Pisano (1504), o la tumba del cardenal Hurtado de Mendoza que está en la Catedral y que realizó Doménico Fancelli (1910)", puntualiza el historiador.

Para Teodoro Falcón, el palacio de las Dueñas es un "ilustre desconocido" para la ciudad, ya que nunca ha estado abierto al público y se ha publicado poco sobre el conjunto. "El origen es una casa mudéjar que compró Catalina de Ribera en 1496 y fue la viuda de su hijo quien lo transformó en palacio renacentista en 1522. El inmueble pasó a la Casa de Alba en 1612 a través de herencias por matrimonios y en el siglo XIX sus dueños lo abandonaron y se compartimentó para convertirlo en casa de vecinos", comenta Falcón. El palacio, en el que nació el poeta Antonio Machado, recuperó su esplendor a partir de 1910 cuando Jacobo Fitz James, padre de la actual duquesa de Alba, decidió convertirlo en un jardín arqueológico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 29 de marzo de 2004