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"Los médicos me dicen que ésto es psicoterrorismo"

Manu y Txema son los nombres ficticios de dos ertzainas que se conocen bien la comisaría de Gernika. Dicen haber bajado al infierno de lo que conlleva una baja por motivos psicológicos. Han tocado fondo y piensan llevar a los tribunales su situación por acoso laboral, un delito muy complicado de probar ante un juez. Prefieren ocultar su identidad por temor a una actuación de "la disciplinaria", la División de Inspección General que casi todo lo ve o escucha. Pero se han decidido dar el paso tras atesorar en varias carpetas documentación que ya analizan sus abogados. "Los hacemos sin ánimo de venganza, pero no nos merecemos ésto", dice Txema.

"Un buen día", relata Manu, "llegas a casa y tu hijo te pregunta: 'Pero aita, ¡qué te pasa! siempre estás como un cascarrabias'. No quieres hablar con nadie. Te metes en la cama y te das cuenta de que la obsesión por la presión en el trabajo es tal que adviertes que tienes los pies cruzados uno encima de otro, que tus extremidades se han tensado al máximo, que estás más rígido que un palo y que no paras de pensar si esa actuación estará bien hecha, si coinciden todos los minutos y segundos. Si has alimentado bien al ordenador. Intentas poner la mente en blanco, pero de nuevo te asalta esa actuación, ese atestado". Dormir es un sueño.

"No trabajamos con un bolígrafo como herramienta, sino con una pistola"

Han visto pasar a varios nagusis y ya sólo esperan que el último curso de comisarios desemboque en un nuevo despliegue para que "trasladen a los que nos hacen el trabajo imposible". Cuando se les pide que expliquen ese acoso, les cuesta arrancar. Ambos dicen al unísono que son "pequeñas cosas". "A veces casi nimiedades, pero una sobre otra. Una orden sin sentido, una pregunta de por qué has llegado 20 minutos tarde de una actuación, si has informado y pedido permiso para que tu hijo te traiga del exterior un táper con la comida, enfrentarte con tus compañeros por los turnos de vacaciones... pero que te van haciendo sentir como un crío. Su dinámica parece que es la de generar problemas. Te rebajan la autoestima de tal manera, que hasta dudas de tí mismo", comenta Manu.

Creen que la ayuda dispensada por los profesionales (psicólogos, psiquiatras que les tratan gracias al convenio firmado por Interior con la sociedad guipuzcoana Aita Menni para hacer frente a los cuadros de ansiedad y depresión) es "magnífica". "Ellos mismos van desgranando la situación y llegan a la conclusión, al escuchar nuestras historias y la tremenda presión con que nos obligan a trabajar, de que el perfil del superior es el del psicoterrorista. Suena fuerte, pero es la jerga del profesional".

- "¿Y detrás de todo no estará realmente el miedo a otro atentado como el de Murueta?"

-"Que no, que no" remarca Manu. "Nos hemos reunido más de 20 de baja en Gernika y el problema no es ETA. Está en casa. Nada más llegar la nueva jefatura cambiaron prácticamente a todos los jefe de operaciones, de patrulla y a los instructores jefe sin tener en cuenta ninguna situación personal y, lo que es más grave, sin escuchar a los que llevamos aquí un montón de años. Y, claro, si te enfrentas, pasas a la lista negra".

-"¿No serán unos bajistas profesionales?"

-"Eso lo usan para enfrentarnos con los demás. Que somos unos jetas. Y no se dan cuenta de lo que arrastramos. Y, al final, se te pasan por la cabeza muchas cosas y no trabajamos con un bolígrafo como herramienta, sino con una pistola".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 28 de marzo de 2004